Mixco: entre la permanencia de la identidad Poqomam y las rogativas por la lluvia

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Créditos: Jairo Lemus.
Tiempo de lectura: 7 minutos

La religiosidad popular, presente en las prácticas de la población mixqueña, -el tercer municipio más grande de Guatemala- nos habla sobre los procesos de resistencia cultural de las abuelas y abuelos poqomames, frente al empuje aculturizante de la urbanidad citadina.

Por Jairo Lemus

Cada 15 de mayo, en el centro de Mixco, es común ver a las señoras con una particular indumentaria de cofradía, llevando un estandarte que dice “Cofradía de San Isidro Labrador, Mixco”. Una imagen muy reconocida por la comunidad mixqueña, con un arraigo que se remonta hasta el origen Poqomam del pueblo. Es la culminación de una práctica en la que las capitanas han rezado durante ocho días a San Isidro Labrador, conocido en el santoral como “el patrón de los agricultores”.

Las personas de Mixco identifican las fiestas de San Isidro rápidamente; se trata de una de las cofradías “de costumbre” de la comunidad Poqomam mixqueña. San Isidro es un santo español, que nació y creció a finales del siglo XI en España, siendo agricultor.  Este día, es muy importante para varios territorios agrícolas, pues coincide con el comienzo de la estación lluviosa y el inicio del ciclo de siembra del que Mixco, en algún momento, tampoco quedaba exento.

Capitana de la cofradía sostiene la imagen del patrón San Isidro Labrador mientras se dirige a la iglesia del municipio. Foto: Jairo Lemus.

Mixco es el tercer municipio más grande del departamento de Guatemala, solamente superado por la ciudad de Guatemala y Villa Nueva, pero con una característica peculiar: tiene un territorio con presencia de la población maya Poqomam muy antigua, con una historia ligada a la agricultura. Reivindicar, a través de las prácticas religiosas los ciclos agrícolas y las estaciones seca y lluviosa, siempre fue relevante para sus pobladores.

No se tiene registro sobre qué tan antigua es la devoción a San Isidro Labrador dentro del imaginario en el municipio, que en realidad está marcado por las fiestas de cofradía durante todo el año. Según Osberto Gómez “la imagen de San Isidro que está dentro de la Parroquia data de alrededor del siglo XIX”; sin embargo, muy entrado el siglo XX, se instituyó la cofradía de San Isidro como una de las “de costumbre” en el pueblo de Mixco.

Cuando se habla “de costumbre” se hace referencia a su origen Poqomam: El uso de la indumentaria ceremonial de Cofradía de Mixco por parte de sus capitanas o cofrades durante los festejos, la elaboración de “piligües”, un plato tradicional del municipio, y la celebración como tal, que en este caso ocurre el 15 de mayo. Actualmente la procesión se realiza el domingo posterior al 15 de mayo.

Se trata también de una exaltación a la identidad Poqomam que resiste en el municipio de Mixco. Las capitanas son las encargadas de realizar su fiesta, para lo cual, se trabaja todo el año (elaborando piligües para la venta, chuchitos, tostadas, llevando las réplicas de casa en casa) o bien, poniendo una cuota de cada integrante de la cofradía.

Existe una “jerarquía” entre las capitanas de la cofradía, siendo la primera capitana la anfitriona, que recibe la imagen en su casa y que junto a las demás capitanas que pueden ser 3 o más, hacen uso de la indumentaria Poqomam tradicional de Mixco (una práctica que actualmente se encuentra en desuso). Es decir, “revestirse como manda la costumbre,” como ellas lo expresan; el uso de la indumentaria, evidencia su necesidad reivindicatoria.

Los festejos también involucran otras prácticas. Como el baile del son, la repartición de la reliquia (licor) y los acatamientos (saludos de los presentes a las imágenes). Mientras han rezado 8 días antes y esta es la culminación, se reparte la comida y se quema la pólvora (tan característica del municipio).

Cofrades se revisten con el tecoyal, parte de la indumentaria poqomam durante las celebraciones. Foto: Jairo Lemus.

Una práctica muy antigua ligada a la tierra:

Los registros indican que antiguamente los agricultores de las regiones cercanas acudían a dar gracias a la imagen de San Isidro o “TATA SHIRA”, así lo narra el Historiador Osberto Gómez. Muchas personas de Mixco, que tuvieron entonces tierras ejidales, en las que durante estas fechas comenzaba la siembra de la milpa principalmente.  También se dice que llegaban personas de poblaciones cercanas como Santiago Sacatepéquez, una población kaqchikel también ligada a la agricultura.

Una “cofradía” es una institución religiosa caracterizada por hacer cumplir cultos a un Santo específico; los grupos de personas trabajan y sostienen la festividad en fechas determinadas. Cuando el sistema de cofradías llegó estos territorios, muchos habitantes de origen  maya se apropiaron de este sistema de agrupación, para constituirse finalmente en un foco de organización popular y comunitaria.

Esta práctica está muy arraigada en varios territorios y es tan fuerte, que, a pesar de que Mixco se encuentra en un proceso de pérdida del idioma Poqomam y su indumentaria, las prácticas de la religiosidad popular reflejadas en las cofradías, hermandades y grupos organizados, se convierten en pequeños baluartes, en los que la memoria comunitaria es estimulada y preservada.

Las celebraciones también son un festejo en el que se bailan sones y se reparte “la reliquia”. Foto: Jairo Lemus.

La religiosidad popular, nos permite comprender los procesos sociales que han permeado la historia de la comunidad mixqueña a través del tiempo, pues aunque son santos católicos y la cofradía se identifica como tal, hay elementos de la identidad Poqomam que resisten a desaparecer.

La cofradía de San Isidro se niega a dejar de cumplir su promesa con la tierra, aun cuando en este momento histórico el municipio se ha desvinculado como tal de los procesos agrícolas, al ser un territorio más urbano y comercial  y ver cada vez más cerca el crecimiento de la zona metropolitana de la Ciudad de Guatemala. El reto que enfrentan estas prácticas es muy fuerte, a decir de algunas cofrades “se ha sustituido la siembra de milpa o distintos productos agrícolas, por la construcción de casas, zonas residenciales, colonias. Etc.”.

Pero además, el culto a San Isidro se ha transformado en una rogativa no solo por las lluvias, sino por el trabajo, la abundancia y los ingresos económicos de sus pobladores.

Fiesta de la ascensión en Lo de Bran

Por otro lado, en la Aldea “Lo de Bran”, en la zona 6 de Mixco, 40 días después del Domingo de Resurrección se celebra “La Ascensión del señor”. Esta es una festividad que también reivindica elementos culturales poqomames y kaqchikeles y es muy antigua, ya en el siglo XVIII documentos administrativos mencionan a “Lo de Bran” como un territorio “de los indígenas de Mixco”. A donde llegó, durante el siglo XIX una migración de personas provenientes de San Juan Sacatepéquez. Desde entonces se menciona “una alcaldía o una cofradía”, que refleja el proceso de organización comunitaria-religiosa que mantiene hasta hoy.

Durante la fiesta del “Señor de la Ascensión” los vecinos se reúnen al pie de una antigua ceiba que se encuentra en la plaza, para ver cómo se realiza la “danza de los 6 toritos” que en el atrio de la parroquia. Muchas personas, especialmente mayores que habitan la aldea Lo De Bran, se dedicaban al cultivo de la milpa. Es acá donde se evidencia nuevamente cómo los procesos de siembra y de rogativa por lluvia se transforman en una celebración conmemorativa, pues, luego de la fiesta patronal de Mixco, que ocurre en agosto, esta es una de las fiestas más importantes y significativas.

“La Cofradía del Torito” está compuesta por sus bailadores, a quienes se les convoca desde meses antes para su participación en las actividades de la fiesta patronal. Solamente se compone de hombres, actualmente de distintas edades, incluyendo generaciones jóvenes. Muchos de estos bailadores ven con mucha importancia, ofrecer la danza “para el patrón”, pero también a las generaciones pasadas, quienes han enseñado a las generaciones futuras la importancia de la preservación de la memoria familiar y colectiva a través de su participación.

Integrante del Baile de los seisToritos, descansa durante las celebraciones en Aldea Lo de Bran, zona 6 de Mixco. Foto: Jairo Lemus.

En la fiesta patronal de Lo de Bran es de relevancia para la interacción comercial de personas de otros lugares que llegan a vender sus productos (Q’eqchi’ de Alta Verapaz, Poqomames de Chinautla y Palín, Kaqchikeles de San Juan y San Pedro Sacatepéquez, Patzún, Patzicía y Comalapa), y del área cercana, convocando a personas de la cabecera municipal de Mixco, las aldeas cercanas como Sacoj Chiquito, Sacoj Grande y Sacojito en Chinautla; la fiesta patronal, representa desde hace ya muchas décadas atrás un significativo encuentro comercial entre Mixco y otros territorios.

Lo de Bran, (hoy zona 6 de Mixco) también formó en algún momento parte de las tierras ejidales de la gente Poqomam de Mixco y gente Kaqchikel de San Juan Sacatepéquez, zonas dedicadas al cultivo que con el tiempo, sin ninguna planificación urbana, fueron cedidas a la lotificación y venta, llegando personas de otros lugares, creando zonas residenciales y de vivienda, transformando el ecosistema del lugar.

Durante la fiesta de la Ascensión en Aldea Lo de Bran, se acostumbra beber chicha, una bebida muy característica del municipio de Mixco. Foto: Jairo Lemus.

La gente en Lo de Bran ha sabido resistir por todos los medios al proceso urbanizador que atraviesa el municipio de Mixco. Sus prácticas culturales son prueba de ello, pero también estas se ven acompañadas por otras, como la elaboración de la “chicha” durante los festejos, una bebida fermentada de frutas, especias y maíz que desde hace siglos es conocida en el municipio, incluso el cronista colonial Thomas Gage la menciona como “una bebida embriagante más que el vino, que los mixqueños elaboran para sus fiestas de cofradía”. De tal manera que, muchas personas que visitan la aldea, con el afán de ver la danza, venerar la imagen y recordar generaciones anteriores, llegan también con el objetivo de probar o degustar de la chicha, una bebida que también se presenta como un baluarte de la identidad mixqueña, que se resiste a abandonar la memoria que guarda su territorio.

El ciclo de siembra, que formó parte importante de la dinámica comunitaria de subsistencia, evidencia cómo hoy, gracias a la preservación de la memoria oral, colectiva y que se convierte en resistencia ante un proceso de ladinización, globalización e influencia cultural de otros contextos y la preservación de la memoria, es posible preservar, documentar y mantener registro. A la memoria de la comunidad Poqomam mixqueña y su vínculo con este territorio y sus expresiones a través del tiempo.

 

 

 

 

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