10 años de Prensa Comunitaria: historia del periodismo comunitario desde los sujetos políticos y la gente común

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Tiempo de lectura: 5 minutos

Por Prensa Comunitaria

Históricamente los medios de comunicación de carácter corporativo han defendido los intereses de los poderosos, representando de forma distorsionada a los sujetos políticos que han defendido sus derechos. Pero desde principios de este siglo ha tomado fuerza un nuevo tipo de periodismo que rompe estos esquemas desde la crítica feminista e indígena a las ideas de la modernidad y el pensamiento positivo. Esta propuesta surge desde abajo y desde los márgenes, desde los propios sujetos en lucha en todo el continente, desde las mujeres, las comunidades y pueblos indígenas, la “gente de a pie”.

Desde estos nuevos medios, la información funciona en redes. Como describe el periodista Raúl Zibechi, antes había “medios sol”, astros centralizadores que quemaban e imponían sus ideas sobre nuestra piel. Pero hoy en día quienes éramos simples receptores de la información podemos intervenir directamente en la comunicación, podemos construir nuestros canales, relatos, podemos habitar la comunicación y constituirnos en un medio.  Con los aportes que ha traído la revolución de la tecnología de la información, como la nombra Manuel Castells, se ha transformado la forma tradicional del ejercicio de la comunicación y se ha dado acceso a la posibilidad del ejercicio del periodismo a nuevos actores.

Ahora, las y los ninguneados de siempre, “los nadies” a los que cantaba Galeano, construimos nuestros relatos y ya no nos dejamos representar por los medios de comunicación y el periodismo hegemónico.

En Prensa Comunitaria escribimos desde los márgenes del relato hegemónico, donde se forjan las historias contadas por la gente común, de abajo. Los que sólo somos estadísticas y cifras en los relatos oficiales y en los discursos politiqueros, y objetos de estudio y de mercado: las mujeres, las y los indígenas, las y los negros, las juventudes, niñas y niños de todas las edades y diversidades sexuales posibles, que siempre hemos sido situados en el escalón simbólico más bajo del imaginario político y social.

A lo largo de nuestros diez años de existencia, hemos buscado impulsar una agenda periodística distinta a los modelos tradicionales, invocando desde la experiencia de las agencias alternativas de prensa que surgieron durante la guerra hasta los planteamientos de la Contra Cumbre de Seattle de 1999. Creemos en el uso del testimonio como expresión literaria y de denuncia, y, sobre todo, en la experiencia comunitaria de hacer comunicación. Fijamos una posición respecto a las temáticas e intereses, sobre todo cuando el Estado y las empresas emprenden procesos de ataque y criminalización en contra de comunidades organizadas en defensa de sus derechos.

Nos interesan, nos preocupan y nos mueven las comunidades, los problemas comunitarios, la vida comunitaria, tanto porque de ahí venimos, como porque sostenemos vínculos de afecto y trabajo comunitario. Frente a la acción de los medios de información corporativos en el país, que criminalizan a las personas y las comunidades que luchan por cuidar lo último que les queda -la tierra, la vida y el agua-, entendimos que debíamos generar y difundir información que le permitiera a la sociedad analizar, comprender, reflexionar y accionar de manera crítica frente a la realidad que vivimos; contada y vista desde quienes sufren esas agresiones.

Estar con la gente, en sus hogares y en los lugares en donde están escribiendo la historia en presente nos ha dado inmensas alegrías y satisfacciones, pero también hemos estado en riesgo.

Hemos trabajado desde una metodología híbrida, tomando herramientas del periodismo alternativo impulsado por el movimiento social en América Latina, las ciencias sociales, el feminismo y la mirada propia de los pueblos indígenas, reforzados por los tratados internacionales de los derechos.

Hemos sido ninguneados por políticos, periodistas, algunos sectores de la academia, que siempre encuentran razones para no considerarnos sujetos, sino apenas seguidores, aplaudidores, personas pasivas que sólo entran en la historia a través del discurso de dirigentes, en general hombres, bien hablantes y, por tanto, referentes ideales para que otros opinen sobre nosotros.

Y ahí, en esa posibilidad de romper con el ninguneo, es donde Prensa Comunitaria ha ido consolidándose como un espacio para comunicación comunitaria, alternativa e independiente. Con nuestros aciertos y errores hacemos el esfuerzo por brindar un abanico de información diversa y plural en una sociedad gobernada y manipulada mediáticamente desde la impunidad, la mentira y el engaño. Los periodistas comunitarios queremos romper el cerco mediático y cuestionar los privilegios de quienes deciden quiénes tenemos o no derecho de comunicar y escribir la historia. Por eso, desde una mirada dominante, ciertos actores sociales, periodísticos y políticos, han demeritado nuestro trabajo de la misma manera que invisibilizan las demandas de las comunidades.

Siempre hemos buscado que la gestión periodística se dé desde y con la comunidad, a partir de lazos de solidaridad. Asumimos que la comunicación que hacemos no es sólo el ejercicio de una profesión, sino el ejercicio de la denuncia de los múltiples atropellos que vivimos. De ahí que el periodismo comunitario, es también un periodismo de derechos humanos. Y también por eso, el posicionamiento con las y los sujetos políticos ha sido fundamental: que las comunidades nos vean como iguales y no como extraños que las usan como “fuentes” para posteriormente criminalizarlas, que es como ha ocurrido en el esquema tradicional y racista que conocemos.

Por eso, a lo largo de estos diez años, Prensa Comunitaria ha estado con las comunidades, desde el estado de sitio de Santa Cruz Barillas, Huehuetenango en mayo de 2012 hasta el estado de sitio de El Estor, Izabal en octubre y noviembre del 2021, hemos visto cómo desde las estructuras del Estado, las autoridades usan su poder para reprimir a las comunidades en resistencia. Hemos estado en los procesos penales que criminalizaban a presas y presos políticos de Santa Cruz Barillas, San Mateo Ixtatán, San Juan Sacatepéquez, San Pablo, San Marcos; y El Estor y otras comunidades en resistencia.

También hemos visto y documentado la construcción de una ideología criminal desde la seguridad pública con asesinatos por las fuerzas de seguridad, desde como la masacre en la Cumbre Alaska en octubre de 2012 a las multitudinarias manifestaciones reprimidas en noviembre de 2020. Hemos documentado la brutalidad empresarial de los desalojos que dejan en la intemperie a las familias con quemas de sus viviendas, como ocurrió en el Valle del Polochic en 2011, en Samococh en 2013 y Chinebal durante el estado de sitio en El Estor este año.

También buscamos cubrir la construcción de la memoria colectiva e histórica, desde el juicio por genocidio contra el dictador, José Efraín Ríos Montt en marzo y mayo de 2012, y el juicio Molina Theissen en abril y mayo de 2018. Estamos listos para darle cobertura al juicio del Diario Militar.

Ahora celebramos que han pasado diez años desde que nos propusimos hacer una comunicación que no respondiera a los intereses de sectores de poder, sino a las demandas de las comunidades y eso seguiremos haciendo a la par de ellas, reforzándonos mutuamente.

En Prensa Comunitaria seguiremos trabajando con el convencimiento de que lo que hacemos está del lado de la justicia; continuaremos apostando al protagonismo de los nadies, los sujetos para construir y relatar su propia historia, a poner nuestro medio para contrarrestar la narrativa hegemónica hecha desde el poder. Tenemos muchos retos y desafíos para hacer mejor nuestro trabajo y llegar a más gente, pero no para engañar o tergiversar, sino para que se conozca y se comprenda esa parte de la realidad que es negada por los otros medios.

Autoría y edición

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