Washington da un espaldarazo a Xiomara Castro en Honduras

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Créditos: Embajada de EEUU en Honduras
Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Durante una audiencia en el senado federal, el subsecretario para el Hemisferio Occidental, Brian Nichols, dijo que la administración Biden espera trabajar con la presidenta electa para “ver los cambios que estamos esperando en Honduras”

Por Héctor Silva Ávalos

Si el entorno de Xiomara Castro, la presidenta electa de Honduras, escuchó a los funcionarios estadounidenses que hablaron el martes en una audiencia sobre América Latina que ocurrió en el senado federal en Washington, seguro se sintieron reconfortados. Tanto el subsecretario de Estado Brian Nichols como el senador demócrata Jeff Merkley ofrecieron apoyo a la nueva mandataria.

Cuando el comité de exteriores entró en sesión, a las 10 de la mañana del miércoles, Castro llevaba una ventaja de 20 puntos sobre Nasry “Tito” Asfura, el candidato del oficialismo. A pesar de la ventaja, el senador Merkley, del estado de Oregón, mostró su preocupación por que el fraude de 2017 se pueda repetir.

El conteo ha estado suspendido por 10 horas”, dijo el demócrata en la audiencia del comité, en la que 22 legisladores de la Cámara Alta hicieron preguntas sobre América Latina a Todd Robinson subsecretario antinarcóticos y de aplicación de la ley del Departamento de Estado, y al subsecretario Nichols, dos de los funcionarios de Biden más relevantes en temas latinoamericanos.

El fantasma del fraude de 2017, que la administración Trump apoyó y que permitió la reelección ilegal de Juan Orlando Hernández, ronda aún el resultado final de la elección en la que Xiomara Castro se perfila como ganadora, y ronda también en los pasillos del poder en Washington. Pero, a diferencia de hace cuatro años, esta vez los demócratas fueron claros en pedir respeto a los resultados.

Tenemos que mandar un mensaje claro de que habrá consecuencias concretas… de que no se tolerará un golpe de Estado”, exigió Merkley, quien también lanzó una advertencia a la Casa Blanca: “No se debe de subestimar el poder de la corrupción cunado llega desde arriba hasta abajo”.

Merkley, senador por el estado de Oregón, pidió a la Casa Blanca que garantice la transparencia de la elección y una transferencia pacífica de poder, y que entregue un mensaje claro a quienes puedan ceder a la tentación de propiciar un golpe de Estado, como ya ocurrió en 2009.

Aquel año, el ejército hondureño, de la mano del liderazgo del Partido Nacional y aupado por el Departamento de Estado de Barack Obama, destituyó a la fuerza a Manuel Zelaya, el esposo de Xiomara Castro. En los años que siguieron, Washington toleró y a veces incluso animó el autoritarismo y la corrupción de Hernández, a pesar de que el Departamento de Justicia logró condenar a su hermano Tony Hernández por narcotráfico, y de que tiene abierta una investigación al presidente por los mismos delitos.

El apoyo a Xiomara Castro es un cambio radical, al menos en discurso, en las posiciones de Washington respecto a Honduras y a la izquierda de ese país, a la que Castro representa y con cuyas banderas ganó la presidencia al candidato del oficialismo del Partido Nacional, aliado tradicional de Estados Unidos en temas como la asistencia militar o el rechazo a los bloques izquierdistas del continente.

Castro no ha sido tímida al reivindicar reformas a favor del aborto en circunstancias extraordinarias, en oponerse a zonas de exclusión económica a las que han visto bien capitales estadounidenses, e incluso su amistad con el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, quien ayer la felicitó por su victoria en un tuit que la presidenta electa contestó de inmediato.

A pesar de todo, los demócratas en Washington calificaron su triunfo de una rara oportunidad para la región del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, formada además por Guatemala y El Salvador. “Es una oportunidad prometedora”, dijo el senador Merkley.

El subsecretario Nichols aseguró a Merkley, en la audiencia del martes en el senado, que todos los actores con los que habló en Tegucigalpa, a donde viajó el fin de semana previo a la jornada electoral del 28 de noviembre, se habían comprometido a respetar los resultados. Merkley no se dio por satisfecho: “La gente siempre ofrece garantías, hasta que hay un golpe de estado”, dijo el senador.

Foto embajada de EEUU en Honduras

 

Las élites no son amigas de las reformas”

Guatemala también estuvo en las bocas de los senadores en Washington y no en buenos términos. Quizá el más bondadoso fue el secretario Nichols, quien dijo que seguían haciendo esfuerzos para apoyar el estado de derecho en el país, pero aun él fue pesimista: Guatemala, dijo, parecía el socio más potable antes de la jornada electoral en Honduras, pero esa visión quedó golpeada luego de la destitución de Juan Francisco Sandoval como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI), una de las instituciones a las que Estados Unidos más apoyó.

Todas estas élites no son amigas de las reformas”, aseguró Nichols al repasar la situación política del Triángulo Norte.

Los hechos parecen dar razón a las reticencias de los estadounidenses. Ayer, justo cuando la audiencia ocurría en el senado, el Ministerio Público de Consuela Porras, señalada por Estados Unidos como funcionaria corrupta, anunciaba que ha girado una orden de captura contra Sandoval, quien vive exiliado en Washington.

Timothy Kaine, senador demócrata por Virginia, se lamentó por el deterioro de las democracias centroamericanas, en las que, dijo, Estados Unidos “ha invertido millones de dólares”.

Y Robert Menéndez, presidente del comité de exteriores, no dudó en calificar a Nayib Bukele, el popular presidente salvadoreño, de seguir las líneas de otros autócratas de la región como Daniel Ortega para, entre otras cosas, desmantelar “quirúrgicamente” el sistema de justicia de El Salvador.

En ese escenario, Xiomara Castro, la presidenta de izquierda, ha surgido como una potencial aliada del Washington de Joe Biden. Mucha agua parece haber corrido desde 2009.

Autoría y edición

Periodista salvadoreño. Fue editor en español e investigador senior de la Fundación InSight Crime. Estudió periodismo en la Universidad Centroamericana de San Salvador y en la Universidad de Barcelona. Trabajó como reportero y editor en La Prensa Gráfica de El Salvador durante 15 años. Fue diplomático en Washington y fellow en el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University. En 2014 escribió Infiltrados: Crónica de la corrupción en la PNC de El Salvador (1993-2013) y fundó Revista Factum. Ha colaborado con varios medios centroamericanos, con El País de España y The New York Times entre otros

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