México: el Lugar que Habitamos. Un tejido de radio y cine comunitario

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Créditos: De Jassani Martínez en Ikoots
Tiempo de lectura: 5 minutos

Por María Álvarez Malvido

Del 11 al 19 de noviembre se presentó en la ciudad de Oaxaca y Teotitlán del Valle el Festival de Radio y Cine comunitario «El Lugar que Habitamos”. Como un tejido de 14 obras radiofónicas y 68 títulos cinematográficos comunitarios, indígenas y afrodescendientes del Abya Yala, el festival llega ahora a la virtualidad como una invitación a mirar y escuchar historias de diversos territorios.

Luis Alonso, integrante del equipo de Ojo de Agua Comunicación y uno de los organizadores del festival, lo describe como un pretexto de encuentro. Explica que “el componente comunitario es lo que lo hace más rico y más cálido, porque todos los que venimos tenemos un proceso de alguna manera comunitario en los diferentes tipos de comunidades que pueden existir. Cuando nos encontramos nos vemos reflejados, ese es el festival”.

Para Paola Morales, también organizadora, «El lugar que habitamos» es un espacio que busca reivindicar las obras que se hacen a nivel comunitario. Para ella «no existen suficientes espacios para poder proyectarlas, hablarlas, generar encuentros y reflexiones, para poder celebrar el hecho de hacer cine comunitario donde un grupo de personas no están pensando en sí mismas sino que están pensando en una forma en la que la colectividad sobresale. También en la radio como un espacio de fortalecimiento y cuidado de la comunidad”.

El comité selector de las obras fue un encuentro en sí mismo. Se integró por personas de diferentes territorios y trayectorias: especialistas en cine, curadoras, programadoras, maestras rurales y personas con participación importante dentro de sus comunidades. Las organizadoras nombran a este comité como una oportunidad de abrir un diálogo entre ellas y generar una selección que no solamente se realizó desde la estética o belleza de las obras, sino también desde el contenido y el mensaje político que resultara importante para las comunidades.

Ordenadas en categorías como irreverencias, fuerza mujer, seguimos buscando y los colores de la tierra, los contenidos son tan diversos como las realidades desde las cuales se imaginan, se viven y se narran. Como explica Paola, “el Festival no es un espacio en el que queramos idealizar la comunidad ni los pueblos indígenas o afrodescendientes, o lo que se pueda vivir en un barrio. Es mostrar lo que está pasando y hacernos preguntas. Es conectar las historias que nos están pasando en nuestros territorios y nuestras comunidades con lo que está pasando en otras, y generar esa reflexión. Lo que puede afectar en nuestros territorios, afecta también alrededor nuestro.”

Así, el Festival se teje entre piezas de radio y cine, con historias que hablan de la música y la danza, de la defensa de la tierra, los bosques y el agua, la diversidad sexual, la migración, la maternidad, la búsqueda de desaparecidas en el Istmo de Tehuantepec, Perú y Ciudad de México, la memoria comunitaria, entre otros temas. Asimismo, se presentan cortometrajes realizados por pequeñas en Morelos, Chiapas y Tabasco. Todas como historias que nombran narrando, lo que sucede en sus territorios.

Ikoots, un cortometraje desde y con el mar.

Ikoots, es una de las 68 piezas seleccionadas en el festival que se presentó el pasado miércoles 19 de noviembre en el centro cultural La Gozona Cine. La realizadora Jassani Martínez Mateos tiene 21 años y es originaria de San Francisco del Mar, Pueblo Viejo, Oaxaca. Es su primera película y el resultado de un proceso de investigación y escucha que comenzó hace dos años. Ahora es un cortometraje de 9 minutos que se siente como una ventana al mar, y a la memoria del pueblo Ikoots.

El cortocomenzó con un primer guión que escribió cuando cursaba la preparatoria comunitaria, donde entonces había un proyecto con Ojo de Agua. Su punto de partida fue recuperar conocimientos de la lengua materna Umbeyatjs que ya casi no se habla en su comunidad. La lengua, cuenta, la llevó a un viaje en la memoria, y también al mar. “No lo hice por hacer, tuve que estar yendo con otras personas: tíos, tías, y vecinos que me orientaran de cómo era antes la comunidad. Me llenaron de historias, me llenaron de arraigo. Que te comiencen a contar que tu abuelito y abuelita o tus bisabuelas hacían esto y aquello, fue para mi ver que toda mi familia vive del mar», explica Jassani en entrevista.

Pueblo Viejo es una comunidad rodeada de agua, que se encuentra a una orilla del Istmo de Tehuantepec casi en la frontera con Chiapas. La joven comunicadora cuenta que “al ser una isla estamos rodeados de mar y eso es toda una vida, estamos conectados con el mar y el océano pacifico. Conectados lo digo en dos sentidos: porque la comunidad se alimenta del mar, pero también porque lo tenemos cerca. Es vida para nosotros, el mar».

En el cortometraje aparece Bardomiano Fracisco Cruz de 95 años de edad, quien se presenta como el último “mareño” y hablante de Umbeyatjs en la comunidad. En su lengua habla del mar y de la pesca, y de cómo recuerda antes la vida en la comunidad. La palabra «mareño», explica la realizadora, es proveniente del mar, y la palabra Ikoots significa «nosotros». Entonces, explica, «la pregunta es ¿Nosotros de dónde somos? ¿Qué hacemos? se trata de enlazar estas preguntas, y la lengua nos enlaza».

A través de la voz de Bardomiano, la película cuenta también cómo fue que comenzó a perderse la lengua cuando los maestros les prohibieron hablarla. “Es esa parte cuando comienza el deshilache” explica Jassani “porque lo veo como en la comunidad. Una comunidad que teje, pero si alguien le corta los hilos, se va yendo, se va deshilachando, y desde los maestros se fue deshilachando la lengua materna”.

Antes de presentar la película en el Festival, la compartió con su comunidad. En Pueblo Viejo no hay luz eléctrica, así que las personas de la preparatoria comunitaria lograron conseguir una planta de luz para la exhibición de Ikoots y otros videos realizados por compañeros de la preparatoria. Jessani comparte sonriendo que este momento le llenó el corazón y sintió como trofeo “ver las miradas y las sonrisas que sacaron cuando lo estaban viendo, de que se veían a ellos mismos”. Además, el cortometraje tenía la singularidad de “ser el primer cortometraje de la comunidad y hecho por una chica y, también fue sobresalir en la comunidad y dar la visibilidad tanto de género como de la recuperación de la lengua materna.”

Jassani explica que el cine comunitario es importante para valorar y cuidar lo propio, “a veces otras personas llegan y tratan de sacar todo esto y se lo llevan, entonces es mejor partir desde nosotros. Antes de ir a otros lugares a sacarle información a otras personas, explorarnos a nosotros y nosotras mismas, desde nuestra comunidad. Decir comunidad puede ser mucho: nuestro cuerpo, nuestro territorio, nuestro arraigo»

«Creo que todos los pueblos somos importantes, tanto como cada persona del mundo. Tenemos un valor en esta tierra y por algo estamos aquí, no solamente nacemos por nacer o porque nuestros padres nos dan la vida -más que nada nuestra madre- sino porque tenemos algo que dar a nuestra vida y a la de los demás. Yo trato de aportar a la comunidad, aportar a los ojos de las personas que los ven, porque es una reflexión que vamos aportando como comunicadoras y comunicadores.”

Jessani comparte que la comunicación comunitaria es la que parte del corazón y de la memoria, y explica entonces que «este festival es dar a ver, aparte de problemáticas, todos estos corazones que están en otros lugares”.

El Lugar que Habitamos concluyó su primer ciclo de exhibiciones con una celebración al son de la cantautora y música kaqchikel Sara Curruchich. En febrero de 2022 viajará por diversas comunidades de Oaxaca, y del 20 de noviembre al 31 de diciembre, estará disponible en su plataforma digital, como una ventana para dejarnos tejer por historias que están hechas desde el corazón.

Una oportunidad para encontrarnos, porque como dice Jassani, hay mucha vida que tejer.

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