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Por Miguel Ángel Sandoval

En los últimos años procuré no escribir sobre los temas que todo mundo escribía, con el objetivo de hacerlo sobre temas que generalmente estaban o mejor, permanecían ocultos al gran público. Hoy no es ese el caso. Escribo sobre algo que está a la vista de todos, en los análisis de todos, es la represión en El Estor. Y la razón es el estado de sitio decretado para favorecer a una minera que opera ilegalmente en el país, violando resoluciones de la CC. Así como se lee: el estado de sitio es para proteger a una minera que deja al país un miserable 1% por ciento de regalías, producto de una asquerosa ley de sesgo entreguista, antinacional y creada o pergeñada en medio de la más profunda ola neoliberal.  

Con ello quiero manifestar mi más profundo desacuerdo con el estado de sitio que en una sesión surrealista aprobó el congreso hace un par de días, sin pensar un solo momento en los intereses nacionales y diciendo tonterías monumentales, uno tras otro., con las excepciones que nunca faltan. Pero haciendo, la mayoría, un striptease que es para avergonzar a cualquiera que observe una reunión como la que trasmitió algún canal o alguien de buena voluntad. En la sesión parlamentaria se observó la sucesión de ignorancia, cinismo y desfachatez en grado sumo. Al extremo que un conspicuo integrante de la lista Engel, pretendió dar catedra de decencia, y de paso, elogiar a uno de los más feroces dictadores militares que ha conocido nuestro país. Así estamos de jodidos.  

Pero no es mi intención analizar el comportamiento de un congreso en verdad de alcances limitados. Lo que quiero resaltar son dos temas centrales. El primero es la nefasta ley de minas que establece 99% de beneficios para la mina y el ridículo 1% para el país, dividido en 0.50 para el municipio donde opere y 0.50 para el gobierno central. Junto con ello, el comportamiento deleznable de la minera, que con respaldo de las autoridades se permite pasarse por el arco del triunfo una resolución de la CC, y continúa operando tan campante como que la Corte Constitucional fuera de otro país y la resolución sobre algo ajeno a la mina.  

Y el siguiente es el despliegue represivo en contra la población del Estor.  Se podrá argumentar lo que sea, que si el derecho de locomoción, que si eran gentes acarreadas, que si eran comunistas o terroristas, pero el punto como lo denunció el PDH, es que jeeps artillados del tipo J-18, donados por los EEUU para el combate al narcotráfico, fueron utilizados para desalojar a la gente de sus protestas en la región, ante las ilegalidades de la empresa minera con la complicidad de las autoridades locales y ahora vemos, también las nacionales. (ya antes fueron utilizados para rodear la sede de la Cicig) al tiempo que capturaban periodistas acusados de cualquier cosa, metían a prisión a activistas, etc.  

Todo para proteger a una empresa de capitales suizos y rusos, y de manera especial estos últimos, que como se ha denunciado en múltiples ocasiones, han pretendido, con sobornos a las más altas autoridades, construir una zona exclusiva, un puerto pues, para sus trasiegos ilegales de minerales no autorizados, iniciando con el níquel que está en la actualidad prohibida su extracción por una resolución de la CC. 

Por lo señalado, en donde se suma la ignorancia, la represión, y ninguna muestra de conocimiento de los intereses del país. Vemos la debacle de la clase política, y de manera especial, la demostración más elocuente del desprecio por los intereses nacionales. Insisto y repito: la minería es un pésimo negocio para el país, su población y los recursos naturales no renovables. Solo una muestra gigante de estupidez puede considerar la minería como algo recomendable para el desarrollo nacional. Qué vergüenza.  

Autoría y edición

Escritor, activista social, catedrático, consultor y politólogo guatemalteco.

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