Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá, un conflicto histórico lleno de acuerdos rotos

COMPARTE

Tiempo de lectura: 7 minutos

Por Prensa Comunitaria

Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá son dos municipios que además de pertenecer al departamento de Sololá, comparten una larga historia de enfrentamientos entre sus poblaciones, territorio, fuentes de agua, incursión de narcotráfico, coyotaje y una respuesta institucional débil que prioriza los estados de sitio y las mesas de trabajo para la aparente solución de los problemas.

En agosto de este año se cumplió un año de la instalación de una mesa de diálogo a cargo del vicepresidente Guillermo Castillo, que lo único que ha reportado son comunicados y paquetes de fotografías, mientras el número de personas heridas o asesinadas sigue en ascenso.

Durante el último incidente, reportado el 19 de septiembre, varias personas de la comunidad Chirijox y Patzité se enfrentaron, dejaron a varias heridas y según comunitarios, cinco habrían fallecido, un extremo que sigue sin aclararse.

Conocer detalles de la situación actual es un reto. Cada comunidad tiene su propia versión de los hechos y se culpan mutuamente. Entrevistar a la población de cualquiera de los dos municipios resulta hasta peligroso. Todas las personas tienen miedo y quienes se atreven a hablar piden que no sean citados ni con nombres ficticios, para resguardar su identidad.

Manuel Guarchaj, alcalde de Nahualá, dijo el 20 de septiembre, en declaraciones públicas, que en la comunidad Pachutiquim una persona fue alcanzada por balas perdidas de Santa Catarina Ixtahuacán y que esa persona falleció. Prensa Comunitaria intentó obtener el nombre y mayores datos, pero no fue posible.

En tanto, un poblador de Chik’isis, Santa Catarina Ixtahuacán, dijo que ellos se enteraron de cinco fallecidos en su comunidad, uno de ellos Buenaventura Tzep Guarchaj, de 37 años, y compartió fotografías a través de WhatsApp, donde se ve a una persona cubierta con una sábana con el emblema de la bandera de los Estados Unidos y tendida sobre una cama.

Foto: cortesía

La fuente dijo que los lideres de Santa Catarina Ixtahuacán se reunieron con la Policía Nacional Civil y el ejército, para denunciar los hechos. Sostienen que las balas llegaron desde Nahualá y que grupos armados de ese municipio incursionan constantemente a las comunidades para intimidarlos.

Fechas clave, intereses y disputa

Existen, por lo menos, cinco grandes fechas clave que permiten una comprensión profunda, histórica y por etapas, en el origen del conflicto entre Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá: 1865, 1905, 1986, 2000, 2018-2020, según Rodolfo González Galeotti, Doctor en Historia y becario posdoctoral del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esta comprensión del problema también permite identificar a personajes clave que podrían jugar un papel determinante en el conflicto entre ambas comunidades, entre ellas, personas ajenas a las corporaciones municipales, al parecer de Totonicapán, que usufructúan la tierra fronteriza que ambas comunidades mantienen en disputa.

Otros personajes serían los llamados coyotes, personajes que reciben acceso a tierras como garantía del pago del pasaje de nahualenses y catarinos que viajan hacia los Estados Unidos por falta de oportunidades laborales o agrícolas, a causa del desgaste del suelo y posiblemente las consecuencias climáticas del calentamiento global que afectan de forma local, añade González Galeotti, en referencia a la más reciente y última etapa para entender el conflicto que se sitúa en los años 2018-2021.

Sobre la primera etapa, que se sitúa en 1865, según González Galeotti, es donde se puede identificar que en Santa Catarina Ixtahuacán hubo dos facciones, una encabezada por Miguel Salquil y otra por Manuel Tzoc. Ambos fueron gobernadores del pueblo. Tzoc hizo buenas migas con el cura enviado por el gobierno conservador en 1839, Miguel Hernández, y como gobernador del pueblo gestionó el apoyo del presidente Rafael Carrera mientras hubo disputas con pueblos vecinos y en la bocacosta.

Al salir Hernández del pueblo y morir Carrera, la facción de Salquil se levanta contra Tzoc por cobros fiscales. Los catarinos se rebelan contra Tzoc, pero los nahualenses, en ese momento un cantón muy poblado, le auxilian. Hubo una batalla campal en el pueblo y el corregidor envió milicias para aplacar la situación. Desde ese episodio, Nahualá busca su independencia municipal con Tzoc a la cabeza, afirmó el historiador.

“En 1905 ambos pueblos logran un acuerdo verbal. Hasta la década de 1870, los poblados eran una unidad, Santa Catarina. Nahualá junto a San Miguel Cholochichaj eran cantones o pueblos sujeto. Entre todos tenían tierras en la bocacosta a modo de archipiélago vertical, tenían cacaotales, por ejemplo, que les daba un sustento agrícola que potenció su demografía. De esa forma, esa posesión los llevó a enfrentarse con otros pueblos, Zunil sobre todo, por el terreno “Parraché”, explicó González Galeotti.

Cuando los gobiernos liberales impulsan la expropiación para la caficultura, tanto Justo Rufino Barrios como su ahijado-sucesor, Lisandro Barrillas, fracasaron en quitarles las tierras.

“Al parecer, con Manuel Estrada Cabrera se les logra expropiar, lo intuyo porque pienso que esos fueron los años de mayores despojos para los pueblos indígenas, y catarinos y nahualenses se quedaron sin su respaldo agrícola”, dijo González Galeotti.

Según la tradición oral, hacia 1905, se acuerda que el terreno “Chwipatán”, entre ambos municipios, será una especie de “colchón” en que ambos pueblos tendrán terrenos a dar en usufructo para sus respectivos campesinos. Así, cada municipio cede el usufructo de la tierra a sus miembros para la agricultura.

“En 1986 campesinos de Nahualá, empujados por la falta de tierras y el crecimiento demográfico de la cabecera, cultivan en parcelas de Chwipatán destinadas a catarinos. La municipalidad de Ixtahuacán reclama, hay altercados y se decide que terrenos de la municipalidad catarina estén en el registro de la propiedad de la tierra. Así paulatinamente el uso de la tierra se empieza a registrar en instituciones y se fortalece el uso semi privado de la tierra, aunque en principio quienes desean usar las tierras deben pedir permiso a la municipalidad”, amplió el experto.

En el 2000, según González Galeotti, luego del huracán Mitch, se traslada la cabecera de Santa Catarina a la Nueva Santa Catarina Ixtahuacán, hoy cerca del lugar conocido como Alaska a unos 169 kilómetros de la ciudad capital, lo que provocó mayor presión por las tierras de Chwipatán por los nuevos residentes.

“Se intensifican los conflictos, no solo por el uso de la tierra sino también de bosques y fuentes de agua. registrándose varias muertes violentas. En esos años se envía a la policía para resolver la situación pero, al parecer, los catarinos los echan del lugar”, añadió González Galeotti.

Situación durante la pandemia y estados de sitio

Durante la pandemia de COVID-19, la situación de conflictividad ha empeorado. En una reunión a la que fueron invitados ambos alcaldes a la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República, pero a la que solo asistió el alcalde de Nahualá, dijo que se impusieron estados de sitio que se sumaron al estado de calamidad pública decretado por el presidente Alejandro Giammattei para contener la propagación del virus y eso impidió que los agricultores labraran sus terrenos, un extremo que incrementó la tensión entre la población que vio limitado el acceso al sustento diario o económico del que se mantienen.

Por otra parte, la fuente de Santa Catarina Ixtahuacán, comenta que sus recursos se han visto tan limitados que ya ni les alcanza para comprar alimentos, menos mascarillas. Tampoco han recibido información apropiada sobre la vacunación contra COVID-19 en su idioma materno maya K’iche’ y el acceso a los centros de vacunación se complica cuando se presentan los enfrentamientos.

Según la publicación “Disparidades de la vacunación desde lo local: el caso de Sololá”, por Sofía Montenegro de Diálogos Guatemala, Sololá es el cuarto departamento con el porcentaje más bajo de personas vacunadas, en las estadísticas del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS).

Sololá posee 25 % de su población vacunada, en contraste con el 62 % en el departamento de Guatemala, según Montenegro.

Al 30 de agosto, hay lugares en los que la aplicación de la vacuna contra la COVID-19 no llega ni al 10% de la población, entre los cuales se encuentran Santa Catarina Ixtahuacán con el 6 % y Nahualá 7 %, indicó.

Entre las estrategias que se han seguido para incrementar la vacunación son las visitas de casa en casa para personas mayores de 18 años, pero esta estrategia ha sido poco efectiva en algunos municipios como Santa Catarina Ixtahuacán, añadió.

Montenegro cuenta que el personal de salud de este lugar, “ha optado por estrategias variadas para reunir a grupos de 10 personas (cantidad correspondiente a cada frasco de vacunas), que van desde llamadas individuales hasta visitas coordinadas. El problema, afirma el personal de salud, no radica en las diversas acciones que se han implementado, sino en la desconfianza y poca claridad de promoción que ha existido sobre la vacuna contra la COVID-19 en estos municipios”.

En fuego cruzado

Si bien las fuerzas de seguridad han realizado capturas, allanamientos y decomiso de armas de fuego, bombas pirotécnicas y armas hechizas, la violencia deja en medio del fuego cruzado a la población.

Ese es el caso de algunos jóvenes estudiantes, que no proporcionaron su nombre debido a la situación, quienes no han podido continuar con sus clases. Cuentan que tienen miedo por las balas que pueden atravesar sus casas que son de lámina y adobe. También dicen que sus familias han sufrido ataques de nervios por la situación.

Ellos han enviado cartas a sus profesores, informando sobre la situación y el por qué de las ausencias que han presentado a clases.

Perspectivas que incluyan ambos lados de la historia

Para Diego Vásquez Monterroso, antropólogo y doctorando en Geografía por la Universidad de Edimburgo, es necesario para entender ese conflicto, valorar los dos o los múltiples lados que pueda tener esa historia, además de comprender las dinámicas internas entre ambas comunidades.

“Una de ellas, quizás la más importante en este momento, es que no están enfrentadas, en términos absolutos, entre sí, y que el conflicto particular en realidad exacerba las posturas más radicales de localismos y antiguos conflictos, pero no divide abruptamente ambas comunidades”, resaltó Vásquez Monterroso.

Para el antropólogo las interacciones cotidianas de ambas comunidades han estado íntimamente imbricados desde tiempos coloniales y precoloniales, y en la vida diaria es común el ir y venir de gente de Ixtahuacán a Nahualá y viceversa, tratos comerciales, matrimonios, alianzas de todo tipo.. “Además del hecho de que, desde una perspectiva cultural e histórica, son prácticamente la misma comunidad, aunque dividida políticamente desde hace 170 o 120 años aproximadamente”, enfatizó.

Valorar las diferentes posturas en este conflicto también implica valorar las formas propias en que las comunidades K’iche’, mayas e indígenas en general los resuelven, dijo Vásquez.

“Rara vez llegan a formas violentas como se ha visto últimamente, que más que un rasgo «meramente K’iche’» es en realidad una reacción a la desestructuración comunitaria histórica, la imposición, igual histórica, de formas de organización sociopolítica ajenas, e irónicamente el desentendimiento o el paternalismo autoritario de estas últimas formas y sus representantes”, explicó.

Sobre una probable resolución a esta problemática histórica, Vásquez dijo que “´probablemente una resolución compleja de este conflicto, que de verdad abone más allá de pactos firmados o anuencias estatales, pasará por la reconstrucción de la legitimidad de las formas propias de resolución de conflictos de los K’iche’ de ambas comunidades. Y, sobre todo, de la comprensión – de todas las partes – de sus propias y contradictorias, pero también complementarias, historias”.

Si bien, el antropólogo detalla que el camino es más sencillo explicarlo en palabras que en la práctica, “en mi experiencia en el estudio de varias comunidades desde perspectivas históricas de larga duración me hace suponer que un escenario de respeto, participación y resolución favorable para todas las partes pasa por lo anterior. De lo contrario seguirán los conflictos, los llamados de apoyo y las firmas de acuerdos que serán rotos tiempo después”.

Foto: cortesía

Autoría y edición

COMPARTE