AMLO, Biden y la CELAC

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Créditos: Fabián Campos Hernández
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Fabián Campos Hernández

Hace una semana la ciudad de México fue escenario de dos eventos que han provocado revuelo en los círculos políticos y de opinión pública: el discurso de Andrés Manuel López Obrador y Miguel Díaz – Canel con motivo de bicentenario de la independencia y la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Desde la derecha se ha desatado un vendaval de críticas que recurren al tono admonitorio de que el gobierno nacional se enfrentó de manera innecesaria a Joe Biden al hacer un discurso anclado en la retorica de los años setenta del siglo pasado y haber recibido con tantos honores a los adversarios de la Casa Blanca. Otros más, señalan el fracaso previsible de la reunión de la CELAC al resaltar la ausencia militante de Colombia y Brasil, así como los discursos encendidamente ligados al parafraseo de la Guerra Fría de Uruguay y Paraguay. Finalmente, hay quien pone en el centro las limitaciones de la declaración final del encuentro y su carácter más exhortativo que reflejo de una real integración latinoamericana. Pero todos están viendo elementos sueltos sin analizar las jugadas que se están desarrollando en la trastienda.

Que Andrés Manuel López Obrador haya hecho un encendido discurso llamando a la no intervención, cuestionando el bloqueo económico y llamando a que la Casa Blanca cese de inmediato sus posturas beligerantes hacía Cuba, debe de entenderse en una dimensión más compleja. Que México recurra en el siglo XXI a exhortos en este sentido es una apuesta sin mayores riesgos. Cuando AMLO pide que se acabe con la aplicación de leyes extraterritoriales, como la Helms Burton, lo que Joe Biden y Miguel Díaz – Canel escuchan es un llamado a que Estados Unidos y Cuba se sienten a negociar la tan anhelada normalización de las relaciones bilaterales. Y ellos también escuchan que el gobierno mexicano esta dispuesto a jugar un papel de facilitador entre ellos. Si Washington no atiende el llamado, México no pierde nada. Pero si lo escucha, la Cancillería ganaría un mayor poder de interlocución en los círculos del Departamento de Estado. Esta ecuación se multiplica cuando se le suma el tema de Venezuela.

Además, independientemente de los resultados directos e indirectos que el llamado de Andrés Manuel López Obrador tenga en la administración Biden, México ya ganó réditos políticos entre el sector más progresista de los gobiernos y sociedades latinoamericanas. Allí tampoco se pierde, porque de la derecha nunca se esperó un cambio de actitud.

Aunque estos dos elementos son de sí mismos importantes, tampoco allí esta lo fundamental de lo que hay que observar en el discurso del 16 de septiembre y de lo obtenido en la reunión de la CELAC. Tener un discurso encendido de llamados antiintervencionistas y refractario a la aplicación unilateral de leyes extraterritoriales, es para Andrés Manuel López Obrador la oportunidad de resistir la ampliación y profundización de la política imperial en México.

En marzo de 2020, el entonces presidente Donald Trump revivió el Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos para deportar sin un juicio a los migrantes ilegales bajo la excusa de que era una medida para prevenir la propagación de la pandemia por SARs Cov-2. De marzo de 2020 a agosto de 2021 Washington ha deportado a casi un millón cien mil centroamericanos a la frontera norte de México. Dichos indocumentados no son solicitantes de asilo, puesto que el Título 42 no contempla esa posibilidad jurídica. La Casa Blanca se ha negado a establecer mecanismos claros para brindar una compensación económica al Estado mexicano por la recepción y permanencia de los centroamericanos en territorio nacional. Y, además, por la aplicación de esta clausula los traslados fronterizos terrestres están limitados a lo que Washington considere como “esenciales”, lo que restringe las posibilidades de la reactivación económica de uno de los motores del país.

Además, en público y en privado, Kamala Harris y los círculos de poder en Washington han presionado a México para que acepte sin reservas las implicaciones de la aplicación del Título 42.

De tal manera que, cuando escuchamos el discurso antiintervencionista de Andrés Manuel López Obrador y lo señalamos de anticuado o ineficaz, en realidad no se está observando lo que se esta moviendo. Llamar al cese del bloqueo contra Cuba y Venezuela y pronunciarse por la solución negociada de las diferencias entre estos países y el imperio, sirve de contexto y base para que México pueda resistir a las presiones por la aplicación extraterritorial del Título 42.

Puede ser que no funcione, sobre todo por la sordera imperial que caracteriza tanto a republicanos como a demócratas, pero peor le iría a México si no convocara en su respaldo a dos de los gobiernos que siguen resistiendo en América Latina.

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Autoría y edición

Licenciatura, maestría y doctorado sobre Historia de América Latina en la UNAM de México.

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