200 años de resistencia, 200 años de defender la vida

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Créditos: Salir del engaño
Tiempo de lectura: 5 minutos

Por Isabel Solís

¿Dónde surgen y qué son los 200 años?

El señor conocido como Cristóbal Colón, creyendo ser conocedor del planeta inició su viaje pensando en llegar a las tierras indias. Sin embargo, en vez de llegar a las indias llegó a estas tierras mayas, lugar de ciencia avanzada, incluso el conocimiento científico y filosófico estaba incorporado en las relaciones sociales y en las normas de guerra entre pueblos, en ese entonces los mayas creyeron que los invasores traían también esos altos conocimientos, por lo tanto los trataron de la misma manera, dejándolos entrar como si se tratara de visitantes honrados.

Se sabe que en esa época, Cristóbal Colón no tenía más conocimientos, llegó a tierras desconocidas por él y quedó sorprendido ante tantas riquezas naturales, pero no se interesó en conocer los avances científicos, más bien traía la mente e intenciones de robar, es decir, era un ladrón. Al regresar a España, buscó quienes lo podrían acompañar para volver a estas tierras; los que lo acompañaron fueron un grupo de personas que estaban encarceladas por diferentes delitos y la única opción de liberarse de la cárcel era acompañar a Cristóbal Colón en su empresa de volver a estos territorios. Vinieron entonces a robar, a saquear, haciendo desastres por medio de masacres, asesinatos, violaciones sexuales y producto de esas violaciones sexuales surge un grupo a quienes los denominaron ladinos (como una forma de desprecio porque no los tomaban como hijos de españoles). Esa maldad que vinieron a sembrar sigue reproduciéndose hasta nuestros días.

¿Qué han significado los 200 años?

Para el territorio de Ixim Ulew o territorios mayas, este periodo significa una permanente lucha y resistencia ante los tratos brutales, ante los despojos y la imposición de tributos; significa la imposición de otra forma de vida, una vida bajo órdenes de intereses extranjeros, los pueblos fueron convertidos en mano de obra para hacer que España se enriqueciera y acumulara riqueza.

Entre los años 1,800 y 1,821 hubo varios levantamientos en los cuales la principal demanda era quitar las cargas tributarias impuestas sobre los pueblos, que es la principal fuente económica de la Corona española; se desarrolló un contexto de luchas, situación que obligó a las autoridades españolas a anular los tributos en 1,812. Sin embargo, aunque fueron anulados los tributos en ese año, acá en Guatemala se seguían cobrando, se obligaba a cada pueblo a cumplir el pago, pero varios pueblos estaban inconformes. Por ejemplo, «el pueblo de Sacapulas realizaba gestiones ante la alcaldía mayor de Totonicapán para que se redujera el reciente aumento de 4 reales de tributo y que se mantuviera en 2 reales por persona… la respuesta para el año de 1,812 de las autoridades fue que no comprendieron la solicitud de los de Sacapulas, porque no les interesó indagar la forma en que en dicho pueblo se cobraba el tributo, quedando esta gestión como un proceso inconcluso» (Tesis, Jorge E. Santiago Matías, Pag. 85). De los muchos levantamientos, nos viene a la memoria la resistencia del pueblo q’eqchi en 1,815; a causa de sus demandas fue torturada y asesinada una de sus autoridades, Manuel Tot; así mismo, la resistencia del pueblo k’iche’ en Totonicapán, resistencia que fue reprimida, encarcelando y asesinando a sus autoridades Atanasio Tzul, Felipa Tzoc, Lucas Aguilar y María Hernández en 1,820.

Es importante resaltar que para los levantamientos de los pueblos, las mujeres son protagonistas en las luchas colectivas, luchas que «han sido sostenidas por el cuerpo, las energías, el trabajo y las palabras de las mujeres… es central en la organización de los duelos, para la liberación de sus hijos o esposos presos, en la reconstrucción y sostenimiento de la vida cotidiana. Algunas como Felipa Tzoc, que estuvo presa junto con su compañero Atanasio Tzul, o María Hernández que acompañó en varios eventos a su compañero Lucas Aguilar» (Gladis Tzul, ensayo, 2021).

Está claro que los levantamientos de los pueblos por defender la vida colectiva y por proponer otra forma de vida donde todos vivan bien, no beneficiaban a las ansias de poder y acumulación económica de un grupito de ladrones y despojadores, y que por esa misma razón de acumulación posteriormente se agudiza el despojo de tierras colectivas, convirtiéndolas en fincas para la exportación; las familias enteras convertidas en mozos, obligadas a trabajar para otros y no para la población en general; se crea entonces la falsa idea de que el Estado somos todos (así explica la teoría y muchos lo asumen como cierta), se impone la imaginación de aceptar el sistema finca, por lo tanto una parte de la sociedad se fue enmarcando bajo esas lógicas y bajo esas misma ideas se plantean las demandas o se encausan las demandas.

En esa misma época, un grupo de personas con práctica colonial y con todos los males del egoísmo e individualismo, decidió tomar para sí los tributos y no enviarlos más a su supuesta madre patria España; ese grupo que aprendió muy bien las prácticas delincuenciales del grupo de Cristóbal Colón, invasor de estos territorios, impuso este Estado, un aparato estatal construido para administrar lo robado, lo despojado.

Desde entonces, en la historia se marca una clara práctica de los grupos familiares explotadores por controlar, explotar y despojar a la población y explotar a la naturaleza. Fueron haciendo imaginaciones sociales, culturales, políticas, económicas y jurídicas que les garantizan la concentración de la riqueza, siguen acumulando dinero y privilegios a costa de la vida de los pueblos.

Una parte de la población, especialmente ladina, se asume parte de este Estado, asume el sistema finca como una forma de vida; con el tiempo, las demandas sociales se enfocan dentro de ese sistema, por ejemplo, se asume la exigencia de un trabajo asalariado, se exige derecho al voto como mecanismos del mismo poder, se exige ser parte de las estructuras políticas del Estado, a pesar de que son estructuras represivas; se va entonces percibiendo, desde la lógica del sistema opresor, que las estructuras del Estado son el poder central, y se oculta o se olvida que es una estructura que administra lo robado, lo despojado, que su poder se sostiene con lo robado y lo despojado, que sin ello no podría existir.

Lo interesante es que en la memoria de los pueblos, especialmente la de los pueblos originarios, persiste la defensa a los territorios, a los recursos, a la vida misma; el fondo de sus demandas y las resistencias desde las regiones del país es la alternativa que le queda a este país para ser un país con habitantes dignos, independientes, autónomos, con pensamiento propio y con pleno desarrollo.

«Este año se cumplen 201 años del juicio criminal que se desarrolló contra los comunitarios de Totonicapán y de los pueblos de San Andrés Xecul, San Cristóbal, San Francisco el Alto, Momostenango y Santa María Chiquimula, que se rebelaron en 1820 contra el pago de los tributos, contra la dominación eclesiástica y contra todos los atropellos que las sociedades indígenas vivían en la dominación colonial». (Gladis Tzul/ensayo, marzo 2021) Por lo mismo no hay nada que celebrar, toca articular y sumar a la resistencia de los pueblos, porque la resistencia es poder. ¿Y por qué la resistencia es poder? Porque lo que se defiende son esos recursos y esa riqueza natural que al grupo ahora llamado pacto de corruptos le interesa despojar, explotar y con ello matar a las poblaciones.

¿Cuál es el resultado de estos 200 años?

Guatemala es un país dependiente, ahora mismo, de Estados Unidos; hay mayor pobreza; el ambiente está destuido; sobrevivimos con índices de desarrollo humano bajísimo. La poca riqueza que queda la siguen regalando y dando a empresas extractivas, solamente para mantener la riqueza de otros países y no para la población guatemalteca. Esta razón es la que ha generado que las regiones del país se encuentren en permanente resistencia.

Se conmemoran 200 años de resistencia.

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