La silla de Atanasio Tzul y el tiempo del levantamiento

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Créditos: Carlos Fredy Ochoa García
Tiempo de lectura: 6 minutos

 Por Carlos Fredy Ochoa García

La pandemia vino a nublar la conmemoración del bicentenario del levantamiento k’iche’ de 1820 en Totonicapán. Este bicentenario corre paralelo al otro bicentenario, el de la independencia nacional, que proclama, con el nacimiento del Estado, el fin del colonialismo.

La memoria de Atanasio Tzul, Felipa Toc, Lucas Aguilar y María Hernández Sapón, héroes y heroínas de este levantamiento, vino a redefinir este suceso, no como un hecho que contribuyó a la independencia, sino como algo que se explica por otros motivos clave, como la soberanía local buscada mediante el autogobierno; aunque zanjar esta discusión no es la razón del presente artículo.

Lo que se persigue es aportar elementos para comprender la insignia k’iche’ de esta época: la silla de Atanasio Tzul, cuyo simbolismo es muy importante para comprender el concepto de levantamiento (yakataj – k’iche’), tal y como lo ve la propia población totonicapense.

La silla símbolo del levantamiento

El levantamiento de Totonicapán duro casi cinco meses, si se toma como fecha inicial el 17 de marzo, cuando las autoridades españolas huyeron de San Miguel y el gobierno colonial quedó descabezado en la región. El autogobierno k’iche’ logró constituirse al fin cuatro meses más tarde, el 12 de julio, aunque cayó 23 días después. Tiempo suficiente para haber elaborado, no solo la silla de la principal autoridad de esta época, sino todas las sillas de las autoridades, de quienes conocemos sus nombres, de las 28 personas de San Miguel Totonicapán y de las 17 de San Cristóbal Totonicapán, todas acusadas de sedición, buscados y llevados a prisión el 11 de agosto de 1820 mucho después de la independencia; según consta en los registros del juicio.

El Archivo General de Centroamérica guarda el expediente completo de este juicio, consta de unas 600 páginas manuscritas, que fueron transcritas por Victoria R. Bricker, en 1974 y pueden consultarse en el sitio web de la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos Inc. (FAMSI). De manera que es totalmente comprensible y aceptable que la silla del máximo dirigente haya existido, sobrevivido y hurtada junto con los otros objetos que las autoridades coloniales confiscaron como parte de las pruebas.

El reclamo por la silla

El museo Nacional de Historia de Guatemala no ha querido explicar cómo la silla llegó a sus colecciones. Solo se sabe que estaba allí, cuando en 1931, durante el gobierno de Jorge Ubico, se fundó el Museo de Historia y Bellas Artes. En realidad, el museo ha tenido un papel decisivo en la narrativa estatal de la independencia y en la apropiación de la figura de Atanasio Tzul. Porque la inclusión de Tzul en el listado centroamericano de una veintena de próceres de la independencia no se basó en algún decreto legislativo o declaración oficial, sino en su admisión en las salas de la independencia de Guatemala del Museo Nacional de Historia. O en este reconocimiento medió la publicación de la biografía de Atanasio Tzul y del relato del levantamiento hecho por Contreras (1951) publicado por la universidad nacional.

La imagen nacional de Tzul empezó entonces a ser tan conocida, que en 1953, Víctor Vásquez Kestler [1927-1994] hizo un grabado en linóleo de su figura. Sin embargo, localmente la figura a Atanasio Tzul siempre estuvo presente en la tradición oral de Totonicapán y, se hallaba reconocida en las viejas monografías del municipio (Carranza 1897, García Elgueta (1962) [1897]. De manera que, cuando Rodolfo Galeotti Torres [1912-1988], esculpiera en 1974 su icónica figura, a petición de la municipalidad de San Miguel, Atanasio Tzul era ya un héroe histórico local.

La silla viene pues a insertarse en la vida local, no como un inerte objeto de museo, sino dentro de un proceso dinámico, asignada a la responsabilidad de la Junta de alguaciles, que custodian los títulos del pueblo, sujeto a una normatividad local y bajo la vigilancia de los cantones.

El origen de la silla y su significado

En Totonicapán, como en Sololá y otros muchos pueblos mayas, las sillas de la autoridad forman un símbolo de su tradición política. Así, por ejemplo, en el salón de los Alguaciles de Totonicapán, uno de los cuatro cuerpos en que se ha repartido la autoridad del pueblo (bosques, aguas, alcaldías y alguaciles), cada alguacil delegado por comunidad tiene su propia silla en la sala del consejo, la cual tiene incluso el nombre de la comunidad inscrito en ella, no solo eso, la ubicación de cada silla sigue un orden riguroso en la sala.

Sentado en esta silla, Tzul gobernó y administró justicia. Esto consta en el expediente del juicio, particularmente en el interrogatorio al que fue sometido Juan Menchú, maestro de coro del pueblo, quien declaró que “tuvo que ir a casa donde estaba Tzul a componer un pleito que tenía sobre ganado”, allí “vio con sus propios ojos que la sala donde estaba Tzul tenía colgadoras y un sitial formado de un palio viejo del Santísimo pero que advirtió que allí… estaba sentado Tzul de chaqueta de paño de vueltas con el bastón en la mano”,  (Exp. 47155 (62) Doc. No. 40).

La iconografía de la silla

Para mayores pruebas de autenticidad de la silla, su iconografía reúne gran número de los símbolos sobre el poder y la autoridad en la tradición maya.

La silla fue elaborada en madera tallada y ensamblada, con un felino coronado, tallado sobre el respaldo de la silla, y sobre su superficie caen unas alas, detalle que hace aparecer la figura también como ave coronada, duda que se acrecienta porque el detalle de las abrazaderas está destruido y porque las patas de la silla, aunque terminan en las garras de un felino, tienen antepuestas una plumería tallada.

Esta referencia al águila no es casual. Estas águilas aparecen en los antiguos manuscritos del siglo XVI de la región, en el Título de Totonicapán, el de los caciques de Panquix, K’oyoi’ y el Nij’aib’ de Buenabaj. En el pictograma de Buenabaj, como en la silla, resaltan los símbolos opuestos de la corona (arriba) y las garras (abajo), se trata de un diagrama de poder que expresa autoridad y al mismo tiempo la noción de levantamiento, en el pensamiento maya k’iche’.

La corona. Aunque no hay ninguna evidencia de que Atanasio Tzul haya sido efectivamente coronado rey por el pueblo, pues se trata de una acusación que le fue hecha en el juicio que se le siguió en 1820, por el responsable de las tropas coloniales, quien les juzgó por usurpar la soberanía real, potestad del soberano.

El alcalde mayor, Prudencio Cozar, hizo apresar a Felipa Toc,  él mismo la interrogo:

— preguntada por qué motivo esta presa dijo: “que porque venía juntamente con su marido Atanacio Tzul”.

— al preguntársele “qué delito tenía su marido para que a ella la pusiesen presa, respondió: “que por que desian que se avia echo Rey de Totonicapam poniendose una corona pero que es mentira…”.  (AGG, Guat., A.l. Leg. 5480, Exp. 47155 (63).

El testimonio de Felipa Toc contradice la acusación de Baltasar Ajpacaha, antiguo alcalde, quien obligado a declarar ante el alcalde mayor, Lara, dijo que Tzul era Rey y que se había coronado en su misma casa con la Corona de San José, en la noche. También oyó decir que habían llevado la corona de la imagen de Santa Cecilia para ponérsela a la mujer del referido Tzul (Exp. 47155 (57) Doc. No. 37).

Evidentemente, aunque se trata de un argumento para su criminalización, la imagen de una coronación es compatible con la lógica simbólica k’iche’ asociada al levantamiento. Según  ésta, coronarse habría sido la consecuencia lógica de un autogobierno victorioso, resultado de un levantamiento que toma conciencia ante la opresión, dirigido a proclamar la soberanía-autonomía (sachik, separación). Es en estos sentidos que se hace comprensible el significado de la así llamada: “Silla coronada de Atanasio Tzul”.

Imagen: Levantamiento de Totonicapán. Mural. Geovani Batz, 2020

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