En el Día Mundial de la Población persisten desafíos para comunidades rurales en Guatemala

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Créditos: Estuardo Tunche
Tiempo de lectura: 6 minutos

Por: Lourdes Álvarez

En el contexto de la conmemoración del Día Mundial de la Población, las instituciones y los Estados deben reforzar acciones encaminadas a acabar con las brechas de desigualdad entre sus poblaciones; no obstante, esos problemas se han incrementado en países como Guatemala, donde las mujeres y los hombres que viven en los departamentos han sorteado una serie de obstáculos, incluso, para comer durante los tres tiempos, mantener sus empleos o sus negocios de subsistencia.

Cada 11 de julio se conmemora el Día Mundial de la Población. Este es el segundo año consecutivo de manera atípica por la pandemia de coronavirus. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2020 la población guatemalteca se proyectaba en 16.9 millones de habitantes, de los cuales el 51% son mujeres.

“La tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo también se redujo de manera significativa. Se eliminaron sus empleos, a menudo de bajos salarios o bien aumentaron las responsabilidades de cuidar de los niños que aprenden a distancia o de las personas mayores que viven en casa; lo cual desestabilizó su situación económica de manera inmediata, pero también a largo plazo”, se cita en el documento Los derechos y las opciones son la respuesta: priorizar los derechos en materia de salud reproductiva de todas las personas de Naciones Unidas en relación al Día Mundial de la Población durante el confinamiento y su balance sobre la situación de las mujeres.

Suchitepéquez: sobreponerse a la adversidad fue determinante

Dalila Vásquez, integrante Asociación de Mujeres Madre Tierra, es originaria de Suchitepéquez y no sabía que existía un día específico para la población, pero refirió que “según las Naciones Unidas este día se estipulado para tomar conciencia sobre la relación de la población con el medio ambiente y el desarrollo”.

Sobre los factores que considera que está asociado su desarrollo como persona, indicó que “tiene que ver con las oportunidades de acceder a la educación en todos sus niveles, al acceso a la salud integral, la vivienda, la tierra, la alimentación y otros elementos esenciales para una vida plena individual y colectiva, que es lo que buscamos como desarrollo”.

La entrevistada agregó que a pesar de los esfuerzos para subsistir “por el trabajo en equipo que hacemos con mi esposo e hija mayor, contribuimos económicamente al sostenimiento de la familia, para garantizar los servicios básicos, estudios, salud, vivienda y alimentación”, sin embargo, no alcanza para otro tipo de actividades como la recreación.

“La ventaja que tenemos es que nuestros padres nos heredaron porciones de terreno y ahí nosotros no solo cosechamos algunos alimentos, sino que también es un espacio que nos sirve para llenarnos de energía y oxigenar el cerebro.  Ahí celebramos la vida”, reiteró Vásquez.

Durante la pandemia, la lideresa reconoce que hubo personas que se vieron más afectadas que otras, pero la capacidad de sobreponerse a la adversidad fue determinante. “En nuestro caso si nos afectó, porque todo subió de precio y las tareas se recargaron, sin embargo, logramos incluso superar la enfermedad. Las crisis que hemos tenido de manera permanente nos han permitido buscarle lado a la vida”.

Durante algunos picos de la pandemia, Vásquez indicó: “un elemento que pude notar es que las restricciones se aplicaron con más saña para las comunidades, mientras en las fincas seguían trabajando y explotando los horarios de trabajo de las personas, a quienes vivimos de lo que producimos nos restringieron el comercio de nuestros productos, hubo crisis económica y al gobierno no le importó el hecho de que muchas familias viven de lo que producen o venden diariamente”.

Agregó que en su comunidad muchas mujeres se dedican a la venta de comida y antojitos, regularmente en el transcurso de la tarde y parte de la noche, sin embargo, los horarios de restricción les limitaron esta fuente de ingresos, “que aunque no es mucho, en algo les ayuda y, los primeros recursos que se utilizaron para la familia fueron los de las mujeres, sus medios de vida disminuyeron considerablemente”.

El apoyo del Gobierno también fue irregular, “porque muchas familias, que son las que en su mayoría viven en condiciones de pobreza extrema, no tienen luz y por lo tanto no recibieron el apoyo económico. Como organización nos movilizamos e hicimos lo posible por responder los problemas de alimentación que se generaron en ese momento, creo que el estar organizadas nos ha respaldado en los diferentes desastres que hemos tenido”, agregó la entrevistada.

Chimaltenango: sobrevivir por medios propios

Estela Otzoy, vive en Chimaltenango y comentó que durante el confinamiento ella y su familia se vieron obligadas a abandonar un puesto que tenían en el mercado. No recibieron ningún tipo de apoyo estatal para subsistir y gracias a algunos cultivos que mantienen en sus terrenos pudieron comer hierbas y legumbres.

“El maíz para las tortillas, lo recibimos de unos familiares que nos ayudaron. Poco a poco la fuimos pasando”. Estela no conoce qué se celebra cada 11 de julio y dijo estar preocupada porque muchos de sus conocidos ya no están siguiendo ningún tipo de medidas durante la pandemia de coronavirus. “La gente ya anda como si nada”, reiteró.

Otro de los aspectos que la pandemia trastocó en su vida es la posibilidad y anhelo que tenía para seguir estudiando.

Huehuetenango: los pequeños negocios frente a los centros comerciales

Esteban Cobox, de Huehuetenango, tiene junto a su familia una abarrotería y también indicó que desconoce sobre el Día Mundial de la Población, pero ante la pregunta sobre  qué factores considera que está asociado su desarrollo como persona, dijo “al factor social, la salud mental y el factor económico”.

Durante la pandemia de coronavirus se vieron afectados, “cuando confinaron a la población, el negocio estuvo cerrado por 15 días, no tuvimos ningún ingreso. Después, cuando decretaron el toque de queda a partir de la una de la tarde, podíamos atender sólo medio día y eso también redujo las ventas considerablemente”, aseguró.

Cobox añadió: “otro factor que afectó a los pequeños negocios, fue que los centros comerciales atendían en un horario más extenso y la población prefería ir a abastecerse a esos lugares”, en lugar de acudir a las abarroterías como la de él y su familia.

Foto: cortesía

En comparación a la población que no se encuentra en el centro del municipio, Cobox dijo que “se vio afectada al no haber medios de transporte, buses y microbuses, para desplazarse a la cabecera municipal y realizar las compras para abastecerse”.

El entrevistado agregó que “muchas personas que se dedican a las ventas informales se trasladaron de otros municipios y departamentos, ya que encontraron aquí un medio para subsistir, entre ellos vendedores de ropa, mascarillas, frutas y verduras”.

Palencia: trabajos temporales durante la pandemia

Juan Álvarez, de Palencia, uno de los municipios cercanos a la ciudad de Guatemala, comentó que también desconocía sobre el Día Mundial de la Población. Al ser consultado sobre su situación, a casi dos años de pandemia, relató que perdió su trabajo como albañil y que se dedicó a manejar algunos camiones en trabajos temporales que algunos de sus conocidos le referían.

Tomar en cuenta la voz de las poblaciones

Para Luis Rivadeneira en su publicación Guatemala, Población y Desarrollo, un diagnóstico sociodemográfico, “el examen de la realidad sociodemográfica facilita la tarea de identificar aquellos grupos de población –y contextos geográficos– que carecen de acceso apropiado a las oportunidades que la sociedad entrega para el desarrollo de sus miembros y que requieren ser incorporados a los procesos económicos y sociales”.

De las especificidades sociodemográficas, según el investigador, emergen las pautas básicas que deben ser consideradas para atenuar las “imperfecciones sociales” que merman, a mediano y largo plazo, las posibilidades de desarrollo. “No es casual que los grupos de población con mayores desventajas sociales registren comportamientos diferenciales en materia de reproducción, mortalidad y movilidad espacial, los que pueden operar como factores reproductivos de tales desventajas”, destacó.

Todas las personas entrevistadas coincidieron en la importancia de realizar acciones de mayor alcance y profundidad de parte de las instituciones, es importante tomar en cuenta lo que las propias poblaciones están demandando desde su propia voz y bajo las características particulares geográficas.

“Nosotras seguimos insistiendo en que si el Estado invirtiera en el trabajo productivo de las mujeres, en el acceso a tierra a recursos técnicos y tecnológicos, su vida cambiara para bien, porque está comprobado que cuando tenemos acceso a recursos, nuestra vida y la de la familia cambia para bien. Podemos tomar decisiones en cuanto a nuestros derechos reproductivos, en qué y cómo queremos invertir, podemos salir de círculos de violencia, aunque esto va acompañado de otros procesos de empoderamiento, y podemos aportar al desarrollo de nuestra comunidad”, enfatizó la lideresa de la Asociación de Mujeres Madre Tierra.

Autoría y edición

Periodista y comunicadora para organizaciones sociales, de pueblos indígenas y de organismos internacionales; estudios concluidos en sociología, asistente de investigación social para peritajes judiciales con enfoque histórico y antropológico.

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