El K’axk’ol de las Parcialidades de Totonicapán propició la reforestación de 26 hectáreas

COMPARTE

Créditos: Nelton Rivera.
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Lourdes Álvarez

“El K’axk’ol es el servicio comunitario ad honorem que la población brinda para proteger y conservar el agua y aire puro, porque es lo que la sagrada montaña nos da”, asegura Susana Gutiérrez Alvarado, de la parcialidad Chuamazán de Totonicapán, una organización comunitaria maya K’iche’ que conforma la Mesa de Parcialidades de Totonicapán y que recientemente reforestó 26 hectáreas con árboles de las especies aliso, pinabete, pino blanco y pino colorado.      

La gestión, administración y protección de los bosques comunales es un trabajo que cada año realiza la población maya K’iche’ de Totonicapán, que los enorgullece y los hace sentir “contentos” en palabras de Gutiérrez, porque implica un servicio que beneficia a todos con aire puro, agua y “hasta comida y un lugar para el venado y otros animales”.

Cada dos años se hace el cambio de la Junta Directiva de cada parcialidad y el trabajo también contempla la gestión de reforestación, un proceso que incluye a hombres, mujeres, niñas y niños.

“Desde nuestros antepasados ellos nos enseñaron cómo cuidar los árboles y el bosque, porque de ahí viene el vital líquido. A hombres, mujeres y a los niños, se les está enseñando cómo deben cuidar el bosque, porque cada arbolito es una vida para el ser humano”, agregó Gutiérrez.

Un compromiso con la comunidad que trasciende fronteras

Ese tipo de trabajo comunitario implica una responsabilidad que para la población maya k’iche’ de esas parcialidades, no se puede tomar a la ligera. Cuando deciden salir del país o del departamento por alguna razón, dejan a otra persona “como un mozo o un reemplazo a quien le pagan”, para que pueda realizar el K’axk’ol y así cumplir con su tarea comunitaria, agregó Gutiérrez.

“Antes de salir de la parcialidad dejan hablado quién va a hacer su servicio. Además, existe un estatuto de la propia parcialidad que rige ese tipo de servicio y algunas normas que rigen a la persona”, comentó la entrevistada.

En ese sentido, Marcos Chávez de la organización Utz Che’, añadió que “además de garantizar el involucramiento de las personas en la vida comunitaria, ese servicio representa un legado histórico que trasciende el vínculo social para convertirse en una forma de vida única, además de un sentido de pertenencia”.

Chávez comentó que “el K’axk’ol  se puede traducir como un servicio comunitario gratuito o como denomina el pueblo K´iche´ de Totonicapán un servicio ad honorem, que sin ánimo de simplificar lo que este sistema  complejo representa, podemos decir que es el aporte de la persona que vive en comunidad para los demás, en compensación a la valoración de los aportes y beneficio que recibe la persona para su vida y la de su familia y que se siente comprometido en retribuir con su tiempo, trabajo y sacrificio por un tiempo específico”.

Las actividades de reforestación buscan el cuidado y la recuperación de áreas que se han visto afectadas por las plagas o enfermedades forestales, talas ilegales o la perdida de cobertura forestal como efecto directo de los impactos del cambio climático. Las comunidades cuentan con viveros comunitarios en donde privilegian la producción de especies nativas y algunos aportes en plantas que entrega la asociación Utz Che’ durante las actividades de reforestación, indicó Chávez.

Junio y julio para reforestar

Chávez destacó que son las autoridades de las Parcialidades las que se encargan de convocar a los miembros que integran a la comunidad, quienes por turnos hacen las actividades de reforestación durante varias semanas en junio y julio.

“Las personas deben de acudir a este llamado como parte de su servicio comunitario (k´axk´ol) y al no asistir al apoyo de las reforestaciones pueden ser sancionadas con un pago económico, para que con ellos se pueda pagar los servicios de alguien más para continuar el trabajo”.

Entre las especies nativas con las que se reforestan esas áreas de Totonicapán también se encuentran el Madron, Iximche o Palo de maíz y el Pinabete complementado con otras especies como el Aliso, el Pino blanco y el Colorado. “La importancia de la permanencia de los bosques en Totonicapán se debe en gran medida a la permanencia de las fuentes de agua, un bien o servicio que para las comunidades representa la vida misma”, puntualizó Chávez.

Legado para la comunidad

Con algunos proyectos de incentivos forestales o gestiones propias de las autoridades de las parcialidades se logran coordinar los traslados de las personas hasta las áreas de reforestación, a veces también alguna refacción, pero en la mayoría de ocasiones las propias personas llevan sus alimentos para la jornada, lo que implica también que se propicien espacios de convivencia en entornos al aire libre, sobre todo durante el contexto de la pandemia de coronavirus.

“El día de la reforestación nos levantamos temprano, cargamos nuestra alimentación y allá en el bosque nos juntamos por grupitos para comer y para convivir”, recordó Gutiérrez.

Para ella ese tipo de actividades representa un ejemplo que el resto de la población también debería seguir, porque “es algo muy bonito, incluso que los niños desde pequeños también van viendo crecer y cuidan a los arbolitos”.

Autoría y edición

Periodista y comunicadora para organizaciones sociales, de pueblos indígenas y de organismos internacionales; estudios concluidos en sociología, asistente de investigación social para peritajes judiciales con enfoque histórico y antropológico.

COMPARTE