Créditos: Marlon García
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Por Marlon García

Con una imagen aérea (c. 1980) que justo hallé en 2013, entre las miles de fotografías del acervo del Archivo Histórico de la Policía Nacional, AHPN, realicé esta otra que ayuda a entender geográficamente esta porción de terreno de la zona 6 de esta ciudad.

La Isla parece ser el mejor nombre dado a un territorio donde por años han llegado náufragos de todo tipo. Los primeros en llegar fueron los arrojados del barco de la intervención y del entrenamiento en tortura. Los cuales en esta Isla hicieron su santuario de sangre. Y aprovechando su desprendimiento del territorio de la justicia salían como bestias marinas a capturar y desaparecer a los que naufragaron por tratar de hacer flotar las palabras de sus ideales.

Luego en cómplice silencio e impunidad fueron lanzados a naufragar los ocho mil metros lineales de documentos con verdades ocultas de los más terribles vejámenes que ha vivido este país. La nave de la CEH ni siquiera pudo tocar sus costas pues la negativa de su existencia en los mapas se tragó hasta el fondo del mar la oportunidad de redimir a un Estado cuya galera ya había sido corroída por las ratas… y sus socios: los eternos financistas, industriales y comerciantes de este país.

Después de una tormenta de explosivos del Mariscal Zavala, náufragos de la PDH llegaron buscando en sus costas restos de una guerra. Y hallaron sentados en la arena a unos aburridos y castigados policías que custodiaban aquel olvido. El Procurador de Derechos Humanos, de ese entonces, no estaba preparado para los oficios del mar y aunque trató de poner su bandera… las petulancias de su lujoso yate sumó un naufragio más. Entonces náufragos que habían nadado por décadas buscando en el mar lo que había sucedido a sus náufragos familiares llegaron en oleadas.

La alegría y la tristeza fueron un mismo sentimiento. Aquella arena estaba repleta de huesos, de cadenas, de trofeos y hasta una panel blanca documentada. En esa isla, donde aún las bestias marinas viven en sus cuevas se dio la más extraña convivencia. Pues las bestias tuvieron que contenerse, por unos años, a comerse a los que calificaron siempre de piratas. Sin embargo fue la nave de la ciencia la que había llegado y con ella uno de los más grandes momentos de gloria de la Archivística Guatemalteca. YO FUI TESTIGO. La isla empezó a pegarse al continente.

La verdad había creado puentes y muchos pies descalzos cruzaron un mar que con dimensiones bíblicas se había abierto. Los desposeídos hallaron isla para su cansancio. Pero por algo este territorio es una isla… Cuando despertamos las bestias marinas aún estaban ahí. Las aguas turbias de la política le rodean… y aunque a veces uno cree en los amigos, las parejas y hasta en su pueblo, los naufragios del amor suceden.

La Isla se ha vuelto a separar… las bestias marinas tratan de hundir a cualquier náufrago o papel que flote. Pero la memoria cual estatua hundida frente a la cueva del monstruo no le dejará en paz. Yo pasé hace dos días enfrente y mis lágrimas de alegría por los tesoros descubiertos también cayeron al mar.

Pintura Marlon García

Autoría y edición

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