Monseñor Gerardi y los beatos de Quiché motivan a seguir denunciando este sistema injusto

COMPARTE

Créditos: Mons. Gerardi en la beatificación de sus discípulos y misioneros de Quiché, 23 abril 2021.
Tiempo de lectura: 2 minutos

Por René Arturo Flores, OFM

Hace 23 años (1988), fue asesinado brutalmente Mons. Gerardi, en la ciudad de Guatemala; dos días después de presentar el informe de la Iglesia “Guatemala nunca más”, sobre la violación de los DDHH y genocidios perpetrados en el conflicto armado en el país (1960-1996).  Este conflicto que duró unos 35 años, donde el pueblo empobrecido e indígena puso la mayor cuota de víctimas, entre desaparecidos, asesinatos selectivos, secuestros, torturas, exiliados y genocidios. La violencia se dio en lo rural y lo urbano, en el mundo universitario, sindical y profesional; también, afectando directamente a los pueblos indígenas en su cohesión, identidad y tranquilidad como sociedad organizada en sus territorios.

Los perseguidos, los asesinados y desaparecidos, no son solo la huella dejada por este conflicto, sino las heridas individuales y la desintegración del tejido social que permanece en la nación. La causa que genero este conflicto, fue como los otros países de América Central, la injusticia, impunidad y despojo realizado por las élites oligárquicas y las transnacionales conquistadoras de los territorios, estas, en alianza con la institución del ejercito militar del país. Por tanto, por razones de justicia, de recuperar la memoria histórica y de restablecer la dignidad a las mayorías afectadas, es que se realizan los trabajos investigativos de la memoria histórica.

La memoria martirial de Mons. Gerardi, este año, se da en el contexto de la celebración de los 10 beatos que la Iglesia reconoció, llamados “beatos del Quiché”. El martirio no es un hecho que lo deseamos o lo aplaudimos como algo bueno en sí; el mártir es expresión de un sistema injusto, de estructuras de muerte y estrategias asesinas, es muestra de un Estado fallido en cuanto, que en lugar de proteger a su pueblo soberano, sus instituciones como el Ejército, lo asesinan, sus políticas lo empobrecen y sumergen en la opresión. El mártir, nos muestra que existe una clase política aliada al poder económico de la oligarquía que despoja a las mayorías.

Desde nuestro ser cristiano, como discípulos y discípulas de Jesús, que seguimos las bienaventuranzas del maestro, nos viene el cuestionamiento como Iglesia servidora del Reino de Dios en la sociedad y pueblos, sobre algunas prácticas que todavía mantienen de manera oficial. Una de ellas, es que la Iglesia como institución sigue teniendo relación oficial con los ejércitos militares, esto por medio de un clérigo que se denomina “capellán”. No es posible que los clérigos trabajen de manera remunerada o se realice una actividad mediada por un contrato con la institución acusada de violación de los DDHH y genocidios, y que aun en la actualidad siguen impunes, sin que se haga justicia a las víctimas. Mucho menos es aceptable que “un obispo” sea el “obispo castrense”.

Mons. Gerardi, los beatos del Quiché, como tantos otros mártires cristianos de este conflicto en Guatemala, son testigos que nos motivan a seguir denunciando este sistema injusto con sus causas que generan muerte, a ser voz con el mismo pueblo organizado y a actuar proféticamente en defensa de las mayorías empobrecidas. Estos días celebramos que el crucificado es el Resucitado, que vive en el Pueblo de Dios. Desde la fe cristiana, no podemos aceptar pasivamente que hayan “crucificados” a causa de los sistemas y estructuras establecidas por la oligarquía, los políticos y los ejércitos represivos en nuestros países, por eso proclamamos en nombre de las víctimas: ¡Guatemala Nunca Más!

Autoría y edición

COMPARTE