Créditos: Patricia Cortez Bendfelt
Tiempo de lectura: 2 minutos

Por Patricia Cortez Bendfeldt

Me auto defino iconoclasta. No me interesan los símbolos por muy trascendentes que estos sean. No tengo ídolos de ningún tipo, respeto a algunos que fueron héroes en su tiempo. Pero de ahí a que tenga que “venerarlos” y elevarlos a los altares hay mucha diferencia.

Borraron un mural que era la sustitución de otro mural…así es la historia. Lo que se construye ahora es, como dijo un sabio “subirse sobre los hombros de otros”, pero la idolatría a los “padres fundadores” no es veneración y no permite avanzar.

La actual AEU no está “defendiendo” las causas sociales, es cierto: se están dedicando a defender los derechos de los estudiantes hacia adentro de la universidad, están construyendo evidencia de agresiones sexuales y otras violencias que han sido normalizadas dentro del campus, están permitiendo la participación en la política universitaria a los grupos rechazados: indígenas, homosexuales, lesbianas y población trans.

¿Qué borrar el mural fue un error? No lo sé. Los escucho hablar y los leo y no puedo sino pensar en el santo oficio, en la defensa de la “verdadera fe”, en los curas que gritaban anatemas contra Madonna usando crucifijos en las orejas y en los grupos religiosos parados frente a los cines que exhibían “la última tentación de cristo”. Viejos anquilosados en los 80 ofreciendo el infierno político a la nueva generación, por la “osadía” de “irrespetar” a los iconos.

¿Qué significa Oliverio Castañeda para la juventud actual? ¿Por qué un dibujo/mural mal hecho que fue utilizado por el grupo que vendió a la AEU para cubrir sus intenciones se vuelve “algo que hay que defender”? ¿Por qué se tienen que mantener los iconos y no se evoluciona?

Y el resultado no se dejó esperar, un grupo de hombres violentos, mayores de 30 años, con relaciones explicitas o no con los grupos “de choque” de los noventas, algunos acusados de abusos y acoso sexual se dirigen a “repintar” el mural, pero no solo a eso: amenazan con “tomar la sede” porque “es de todos los estudiantes” amenazando con regresar a la época en la que se usufructuó la asociación como guarida de delincuentes armados.

¿Vamos a aprender algo? No lo creo. Es sólo un edificio, es sólo un pedazo de tela, es un símbolo. No vamos a resucitar a Oliverio pero creo que tampoco estamos defendiendo su memoria al mantener un dibujo. Los mártires son muchos más y el mural que estuvo ahí en los 90s fue uno inacabado, porque cada día aparecía un mártir nuevo. Y ese, fuimos incapaces de defenderlo.

Lo que existe atrás de la defensa del mural es el enojo de los autónomos y “honorables” en contra de las jóvenes que están atacando de frente y sin miedo, a las prácticas de acoso y abuso que se han normalizado en la universidad y eso: es una lucha de este milenio.

Por mi parte me da igual que se pinte a Mickey mouse en esa pared, lo que no tolero es el acoso contra las jóvenes y los jóvenes que están actualmente en la AEU, eso es propio del santo oficio y no de personas pensantes.

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

COMPARTE

Noticias relacionadas