¿Somos un país feliz?

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Créditos: AFP.
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Byron Garoz*

Recientemente se presentó el Informe Mundial de la Felicidad 2021, elaborado por la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible, instancia que forma parte de la Organización de Naciones Unidas, que sitúa a Guatemala como el segundo país más feliz de América Latina (puesto 30), detrás de Costa Rica, en el puesto 16 de 149 países incluidos en el estudio.

Las clasificaciones presentadas se basan en encuestas elaboradas por la empresa CID Gallup que analizan seis variables: PIB per cápita, apoyo social, esperanza de vida saludable, libertad, generosidad y ausencia de corrupción. Dados los indicadores que componen el índice, algunos con manifestaciones bastante negativas en Guatemala, de entrada, surge la duda de cómo se determinó la muestra y dónde fueron recogidos los datos.

Las reacciones en redes locales ante la difusión del informe fueron variadas. Algunos sostienen que la felicidad no depende necesariamente de factores económicos y que se puede ser feliz, incluso, en condiciones adversas. Otros sostienen que la felicidad tiene correlación directa con las condiciones materiales y objetivas de vida, por lo que ponen en duda los resultados dados a conocer.

La mayoría de opiniones en redes provienen de personas que tienen acceso a tecnología e internet y viven en áreas urbanas, por lo que sería importante conocer la opinión del 59.3% de la población que vive en pobreza o pobreza extrema; el 46.5% de niñez con desnutrición crónica; los cortadores de caña que para ganar Q2,500 mensuales trabajan más 15 horas diarias en condiciones deplorables; las comunidades que para trasladar a un enfermo a recibir atención médica (precaria) deben llevarlo a memeches durante cinco o seis horas por caminos y veredas intransitables para cualquier vehículo; las comunidades atacadas y expulsadas de sus territorios ancestrales o la población afectada por la galopante corrupción y la inseguridad ciudadana, por citar algunos ejemplos.

Pero este es un pueblo extraño, sometido a siglos de influencia religiosa en el que ha permeado hondamente la idea de que hay que “sufrir en la tierra para alcanzar el paraíso en el cielo”. Esta visión ha sido reforzada notablemente con la proliferación de iglesias neopentecostales en los últimos 60 o 70 años. Este puede ser un factor que contribuya a explicar los resultados de dicho estudio.

Aunque también es cierto que, como se dice popularmente, cada quien habla de la feria asegún le fue en ella y es evidente que algunos grupos y sectores (reducidos) son muy felices con el estado de cosas en Guatemala, quizá fueron ellos los participantes en el estudio.

Por otro lado, algo que sí caracteriza a la población guatemalteca es su aguante, su resistencia, su capacidad de mantener la chingadera, la jodedera, incluso en momentos críticos, su capacidad de reír de sus desgracias. Pero esto es más cercano al concepto de resiliencia que al de felicidad, que de acuerdo al DRAE significa “Estado de grata satisfacción espiritual y física y ausencia de inconvenientes y tropiezos”.

El caso guatemalteco permite poner en entredicho la metodología y credibilidad de estos estudios, puesto que colocar como los diez países más felices del mundo a Finlandia, Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Países Bajos, Suecia, Nueva Zelanda, Austria y Luxemburgo no requiere mayor ciencia, pero colocar a Guatemala en la posición en que aparece sí genera bastantes suspicacias.

Personalmente sostengo que -en su conjunto- Guatemala no es un país feliz, por lo que he procedido a solicitar formalmente a la ONU información detallada sobre el costo total del estudio y para el caso guatemalteco; además de la boleta, la selección de la muestra y sus principales conclusiones.

¿Ustedes qué opinan, somos un país feliz?

* Miembro del Colectivo de Estudios Rurales Ixim

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