Pepe Le Pew en el movimiento social

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Créditos: Doctora Patricia Cortez Bendfelt
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Patricia Cortez Bendfelt

Ya hay gente enfadada porque Pepe le Pew se está considerando la quintaesencia del macho acosador. Y es que la criatura es “tan bonita”. A mí me generaba una terrible angustia.

Las caricaturas de Pepe Le Pew mostraban a un zorrillo “enamorado” (en realidad, cachondo), sin remedio de una criatura que “parecía un zorrillo”. Con una personalidad “atrayente” el zorrillo usaba todas sus “herramientas” para convencer a su víctima de que era imposible resistirse, con su sonrisa a lo Mauricio Garcés (“las traigo muertas”) y una energía inagotable que le permitía perseguir, acosar, aparecerse en todos lados, sin siquiera cansarse un poco o moderar su velocidad.

Poco podía hacer la víctima, que no era una feliz zorrilla con ganas de aparearse, sino un ser de otra especie o género, que por accidente había terminado pareciendo un zorrillo.

La víctima corría angustiada, sudorosa, agotada y el zorrillo la perseguía sin dar señales de cansancio, con una serie de brinquitos alegres y la sonrisa emocionada porque, al final de todos los capítulos, termina “convenciendo” a su víctima de que no vale la pena seguir oponiéndose y que coger con él no será tan malo. “vamos, yo sé que tú quieres, de nada te sirve luchar si eventualmente te vas a rendir a mi encanto”.

La gente reía complacida con el final, porque el zorrillo siempre lograba su cometido y un enorme corazón “ocultaba” la escena de sexo que seguía, seguramente, a la persecución. No era como el coyote que nunca se comía al correcaminos, el zorrillo lograba a fuerza de insistencia que la gata, o gato, o perro “disfrazado” aceptaran su propuesta sexual.

No sé a ustedes, pero a mí me recordaba a esos “amigos” de la familia que, luego de que cumplí 10 años y me “desarrollé demasiado”, solían apretar de más en el abrazo, dejar la mano en mi cintura o más abajo y dejarme la cara o la mano babeada con sus “besos” no solicitados. Mis padres solían rescatarme enviándome a hacer algo, pero mis amigas no tenían la misma suerte, “no seas tan arisca con el licenciado” les decían, “ay si es un viejito, no te puede hacer nada” eran frases que seguían a la molesta “tocadera” o ensalivada de cachete.

¿Qué te da miedo? Nos decían, y es que un zorrillo no es peligroso, vamos, si tiene un pelaje hermoso, no tiene garras, lo único por lo que nos desagrada es el olor, nos molesta su aroma, pero lo demás: es adorable.

Generaciones que ya no conocían a Mauricio Garcés disfrutaron con el zorrillo y aprendieron: si insisten lo suficiente ella cederá.

A nosotras nos molesta la insistencia, porque en los antiguos códigos de cortejo la idea era “domarla”, dominarla por cansancio, agredir con requiebros, versos, poemas, e incluso flores (eso hace pepe le pew) hasta que, agotada, rendida, sin lugar a donde escapar “acepte” que la cogida no estará tan mal, en comparación a seguir huyendo. Hay incluso un episodio en el que, harta de la persecución, ella lo persigue y entonces él no sabe qué hacer.

Justo al tiempo que cancelaron la serie y hay gente “llorando” porque “es que son unas exageradas, solo es una caricatura”, se lanzan nuevas acusaciones sobre gente del movimiento social que me parece, tienen razón.

Así como de niñas aprendimos que a los Pepes Le Pew no les podemos ganar, que si atraemos a uno será inútil correr y huir, así estamos entendiendo que a un acosador del movimiento social no le podemos ganar, porque “es que no es un violador”, “es tan tierno”, “no podés negar que ha dado mucho por el país”, “sus proyectos son tan buenos” y bueno, esa fetidez a macho que excreta no es suficiente para que todas le teman: “mirá, no podés comparar que te haya sacado del trabajo con una violación” o sea: si, es un zorrillo asqueroso pero no tiene garras, no te puede lastimar.

Nos toca fingir noviazgos que no tenemos para evitar sus acercamientos y enojos, aceptar que los espacios nos sean cerrados, buscar otros lugares a donde ir (sabiendo que don zorrillo es incansable) y si nos atrevemos a denunciar le “vamos a arruinar la vida” “vas a atacar a un movimiento, por algo que no vale la pena”.

Y bueno, seguirán llorando porque Pepe Le Pew tiene una orden de restricción y por eso ya no lo dejaron aparecer en la película. Pobre hombre, como sufre. 

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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