Poder político y academia

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Créditos: Archivo.
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Miguel Ángel Sandoval

En medios académicos o simplemente estudiantiles, está de moda la expresión que dice, chish la política, y los políticos son todos, una forma de la corrupción o todos los políticos son la misma porquería. Se pueden encontrar muchos ejemplos de estas afirmaciones y concluir que es correcta. Sin embargo…

Ocurre que por tomar a pie juntillas esta expresión, frase o dicho popular, los académicos en serio, los estudiantes con alguna idea de futuro, le han dejado esto a los vividores de la política, tanto en la academia como en medios estudiantiles. Y sobre ello hay suficiente documentación para sostener este tipo de afirmaciones.

Hace algunos años decía en una nota sobre el rol de los estudiantes que era posible que se convirtieran en una fuerza que con su trabajo dieran perspectiva al estado guatemalteco. Y ponía ejemplos concretos. Si los estudiantes de ingeniería, podrían vía su colegio respectivo, asesorar o auditar el ministerio de comunicaciones y transporte. Por esa vía se podría evitar el desastre vial en un país como el nuestro o los puentes que con la primera llovizna caen como castillos de naipes. Y así, me refería a todas las carreras universitarias.

Infelizmente, la nota paso de noche, no tuvo lectores menos gente que lo tomara en serio. Hoy vemos los resultados casi todos los días. El mayor y el mejor ejemplo se encuentra en el caso del juez Moto. Los egresados de la otrora democrática facultad de derecho, eligen a un juez que es prototipo de la corrupción, de los juicios y sentencias amañados, de las corruptelas que se expresan vía las componendas, las transas, la vulgaridad. Todo alejado de la profesión del derecho y la justicia.

En unas elecciones solo defendidas por un grupillo, que tuvo en su campaña almuerzos, edecanes, helicópteros, vinos y demás, hubo unos 25 mil profesionales que optaron por no asistir a las votaciones, que se alzaron de hombros o que quizás pensaron que su ausentismo, iba a permitir una reflexión sobre un tema tan complicado. Espero que haya algo de ello.

Hoy vemos en vivo y a todo color, la dimensión del error de no asistir a votar y el perfil del juez Moto, electo por una minoría de unos 3 mil abogados, que quien sabe si entienden el grave error cometido, pues ya hay suficientes pruebas que votaron por el mayor corrupto de los candidatos a ese cargo, que, entre paréntesis, debería ser de gente honorable, proba, respetada, en pocas palabras, de un guardián de la constitución no un vulgar transa.

En otras palabras, vemos en esta elección, la profunda relación que existe entre el poder político y la academia. Si los estudiantes no participan de la vida estudiantil o si votan por un decano corrupto y gradúan abogados sin ética y sin principios, los resultados se pueden tener en plazos fijos. Y ello es un colegio de abogados que es bueno para la transa, pero no para el desarrollo de un ente que sea capaz de dignificar la profesión y a sus agremiados. Hoy día, infelizmente, se ve en el CAMG un peldaño más para los corruptos, una vía más para ocupar los espacios que le corresponden a la academia en los asuntos del estado. Son los hechos.

Esto que se señala, es lo mismo para los otros gremios de profesionales. Y por ello, se debería impulsar una reforma profunda en los usos y costumbres del movimiento estudiantil, en la práctica ética que debe exigirse en todas las profesiones. Así, no se pueden hacer puentes que se caen en el primer invierno, no se pueden tolerar autoridades corruptas en la SAT o en el ministerio de finanzas, o no se puede dejar ministerios como el de salud funcionar de la manera que lo hacen en la actualidad. Es lo mismo para agrónomos que ven el desastre de la agricultura y los estragos de las plantaciones, sin decir ni mu. Es realmente dramático.

Lo grave del asunto es que todos los colegios profesionales hacen un escrupuloso silencio, ante las evidencias de corrupción en las entidades de estado vinculadas a la profesión delos colegios respectivos. No se puede aceptar por más tiempo, que los colegios profesionales continúen con la política de alzar los hombros y volteen a ver a otro lado como la práctica profesional más extendida en el medio académico. No hay que olvidar que hoy día, casi para cualquier empleo en el estado, se demanda colegiatura de manera obligada y con ello, parecería que va incluida la idea de los tres monos: ver, oír y callar. ¿Hasta cuándo?

Y eso que se señala es nada más y nada menos, de retomar la política en la academia, sin pensar que la misma es algo que solo sirve a los corruptos. Se trata de la política con su relación intrínseca con el bien común, no con la transa. Por el contrario, hacer política hoy y al mismo tiempo interesarse por los asuntos del estado, es la mejor forma de contrarrestar la ola de corrupción que nos tiene como sociedad en la porquería.

Autoría y edición

Escritor, activista social, catedrático, consultor y politólogo guatemalteco.

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