Muchas mujeres aún creen que no le deben nada al feminismo

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Créditos: Doctora Patricia Cortez Bendfelt
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Patricia Cortez Bendfelt  

Veo un Tik Tok de una niña privilegiada, de las que tienen las uñas largas de plástico de esas que no te dejan ni bañarte bien (ok, es mi percepción, yo no me pondría esas cosas, trabajo con las manos) diciendo que “es muy machista decirle que una mujer no puede ser antifeminista” y que las feministas ganamos dinero a través de exponer el sufrimiento de otras. 

Estoy cansada de ese discurso que les han metido a las jóvenes en la cabeza, eso de que el feminismo es una suerte de “mata bebés igualadas que quieren ser iguales a los hombres”. 

Ya hace años andaba una publicación que decía algo como “yo no quiero ser feminista, yo quiero que me mantengan y no preocuparme por trabajar como si fuera hombre” y más tarde otras que decían “yo quiero que me demuestren amabilidad y que me piropeen en la calle, eso no es acoso”.  

Y aunque entiendo el miedo que les causa a las jóvenes el cambiar su esquema mental de “voy a tenerlo todo con el poder de mi cuerpo” que incluye ganarse el combo “casita feliz” donde hay halagos, aprecio, “amor” saturado de mimos, un flujo inagotable de regalos y dinero para tener tu casita “bien decorada y cómoda” y cuidar de tus muchos hijitos que te dirán mamá y para los que serás siempre bella y feliz… 

La verdad es que la mayoría descubre que ese sueño de la infancia está lleno de engaño y, que pronto tendrán que cumplir más los sueños del fulano que llenar los propios. Y no son pocas las que ven como su cuerpo se deteriora y da paso a que sea “otra más joven” la que disfrute de esa “casita feliz”. 

Aunque parezca “frustración” por no haberse una ganado ese combo, ¿Quiénes lo tienen? y ¿cuántas tuvieron que lidiar con que no pueden salir de la jaula porque no construyeron herramientas propias? 

La mayoría de las jóvenes que se titulan orgullosamente “anti feministas” no tienen idea de todo lo que pueden hacer hoy gracias al feminismo. Para ellas el feminismo es algo de mujeres “gordas, feas, lesbianas que no consiguieron marido y no quieren tener hijos” y se distancian poniendo sus títulos como “madre, esposa” como un logro del cual enorgullecerse.  

Muchas son empresarias o emprendedoras que no saben que en 1999 no podían ser dueñas de empresa y necesitaban un padrino para ello. 

Otras han trabajado fuera de casa y no saben que hasta casi el 2000 era perfectamente admitido que el marido les prohibiera de forma legal trabajar y que él podía pedir que le dieran el salario directamente, sin que ella pudiera tocarlo. 

Algunas ignoran que a las primeras mujeres que se graduaron de abogadas no se les permitió ejercer, que las que se graduaron de médicas, ingenieras y otras tuvieron dificultades para trabajar.  

Que para un hombre era fácil acusarte de adulterio y plantar evidencias para divorciarse y dejarte sin dinero, sin “prestigio” y sin hijos. O matarte y que el juez dijera que lo había hecho para “limpiar su honra”.  

Que una mujer cuando era “la otra” era menos que una prostituta y sus hijos “bastardos” no eran aceptados en ningún “colegio de prestigio”, que no podían ponerles sus apellidos a esos hijos y siempre eran considerados “inferiores”.  

Que grabar un video como ese, las hubiera evidenciado como “mujerzuelas vulgares” y que hasta poder grabar un video de ese tipo se lo deben al feminismo. 

Pero no me voy a poner a pelear. Muchas mujeres aún creen que no le deben nada al feminismo y pues, incluso poder ponerse esas uñas enormes sin tener que pedir permiso a su padre o a su esposo (quienes decidían ropa, peinado y arreglo personal) y poder usarlas sin que se les considere “mujeres de moral cuestionable” es algo que le deben al feminismo. 

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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