Medio siglo de intervención democratizadora en América Latina. Segunda parte

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Créditos: Fabián Campos
Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Fabián Campos Hernández

La semana pasada realizamos una apretada síntesis de la intervención de los Estados Unidos durante el siglo XIX y la primera mitad del XX. Asimismo, presentamos algunos hitos de la intervención democratizadora estadounidense en América Latina y el Caribe iniciada en la década de 1970. Para avanzar en su análisis es necesario proponer una definición sobre ella y considerar algunas de las condiciones en las que se ha desarrollado.

La intervención democratizadora inicialmente se definiría como el periodo histórico de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe, que comprende de 1970 a la fecha. Pensada como política internacional, por ser un discurso y una práctica en la que la Casa Blanca asume un papel de difusor, promotor y garante de procesos de democratización en la región, mismos en los que los derechos humanos tienen una fuerte impronta.

Considerada desde sus aspectos económicos, la intervención democratizadora está marcada por el fin del desarrollo estabilizador y los límites en la construcción de Estados de bienestar en América Latina y el Caribe. De esa manera, este periodo está caracterizado por el ingreso, consolidación y crisis del modelo neoliberal en la región.

Durante este periodo América Latina y el Caribe dejaron de ser fundamentalmente economías de agroexportación. Aunque sin perder su caracterización como zona de producción de materias primas. Al quedar trunco el proceso de industrialización, parte importante de los aparatos productivos se decantaron hacía el ensamblaje y la maquila para los mercados internos y externos. Por otra parte, el crecimiento del sector terciario y de servicios se consolidó como parte importante de la vida económica regional.

Desde la demografía, la intervención democratizadora se ha desarrollado en una América Latina y el Caribe urbanizada. De ser sociedades predominantemente rurales durante la primera mitad del siglo XX, ahora el grueso de sus actividades tiene lugar en las ciudades. Lo que también significa un acceso ampliado a servicios como agua potable, luz, alcantarillado, pavimentación y otros. Aunque el analfabetismo sigue siendo un problema, la región tuvo avances muy importantes en la generalización de la educación básica. Así como un incremento significativo en la educación media y superior.

La intervención democratizadora ha corrido al parejo del bono poblacional de América Latina y el Caribe. Estas cinco décadas están caracterizadas por la presencia mayoritaria de personas jóvenes. Esto a pesar de la disminución de las tasas de natalidad y el incremento en los índices de envejecimiento regionales.

La intervención democratizadora debe de entenderse también como un proceso que se ha desarrollado en medio de la ampliación de la participación social y política de los latinoamericanos y caribeños. Los sistemas censitarios, alfabetos y discriminatorios en lo relativo al género como condicionantes para la participación electoral es, para este periodo, una triste imagen de un pasado que ha dejado de ser. Aunque todavía no estén dados los medios óptimos para esta participación, formalmente hoy día nadie ve cercenados sus derechos para elegir y ser elegido en razón de su situación económica, su capacidad para leer y escribir o por ser mujer.

La intervención democratizadora se despliega en medio del surgimiento de nuevos actores sociales y políticos. Los pueblos indígenas han exigido nuevas formas de ser vistos desde el poder. Las luchas por la autodeterminación, su derecho a decidir e incidir en las políticas públicas y por el respeto a sus propias formas de organización interna y de relacionarse con el medio ambiente y el resto de la sociedad constituyen una transformación fundamental acaecida en estos años. El surgimiento masivo de organizaciones no gubernamentales es otro elemento de este mismo aspecto. Los aparatos gubernamentales, los partidos políticos y los sindicatos, entre otros, no son ya los únicos medios de los que disponen las sociedades de América Latina y el Caribe para incidir en el espacio público.

Esta intervención democratizadora de Estados Unidos en América Latina y el Caribe debe entenderse en el marco del surgimiento a la vida pública de los jóvenes. La generación que tuvo en la década de 1960 su irrupción en el espacio público ha guiado a lo largo de estas cinco décadas el cuestionamiento al sistema social, político, cultural y económico de la primera mitad del siglo XX. Los jóvenes rebeldes de la plaza de Tlatelolco, por colocar un ícono de esos años, son, cincuenta años después, los encargados del manejo de los aparatos estatales, los consejos de administración de las empresas, los dirigentes de la sociedad civil y fungen como prominentes académicos encargados de pensar el ser y espacio social. Por mencionar solamente algunos rubros en los que se desempeñan actualmente.

En lo cultural, la intervención democratizadora está acompañada con un incremento sustancial del imaginario social transnacional. Durante estos años, América Latina expulsó a millones de coterráneos. Lo que, en un sentido, volvió cotidianas geografías antes ausentes. Los latinoamericanos y caribeños, de la mano con los aviones, los periódicos, la radio, la televisión, el cine y, sobre todo, el internet, vieron cómo se reducía y ampliaba su mundo. Entraron en contacto con otras realidades, las hicieron suyas y moldearon una identidad nueva donde la comunidad, el barrio y el país conviven, no siempre de manera armónica, con espacios e imaginarios extranacionales.

Evidentemente estos cambios en América Latina y el Caribe no son obra ni responsabilidad exclusiva de la intervención democratizadora. Sin embargo, se ha desplegado en estas condiciones y las ha reforzado. Al mismo tiempo que se ha nutrido de ellas para garantizar su eficacia. Continuará.

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Autoría y edición

Licenciatura, maestría y doctorado sobre Historia de América Latina en la UNAM de México.

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