Los anunciados apoyos estatales nunca llegaron a las familias que realmente lo necesitaban

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Créditos: Joel Pérez -Periodista-
Tiempo de lectura: 2 minutos

Por: Joel Pérez

El pueblo guatemalteco ya perdió el miedo. Un miedo que había sido impuesto por una pandemia que aparte de afectar a muchas familias, sirvió para que el Gobierno demostrara su capacidad de “gobernabilidad”.

Han sido millones de quetzales los que supuestamente fueron invertidos, ¿para qué? Si en las áreas rurales la COVID-19 fue y es como otra enfermedad que se une a las ya existentes. Muchas familias la han pasado mal con algún ser querido que ha perdido la vida o ha sufrido por la enfermedad.

Pero la corrupción es el mal más grande del país; mientras el gobierno impone miedo por la COVID-19 no dice ni hace nada por reducir los altos índices de desnutrición generados por un país que ha sido empobrecido -porque pobre no es-.

Mientras los funcionarios viven hablando de la COVID-19 el pueblo tiene que sufrir para poder salir adelante, porque los anunciados apoyos estatales nunca llegaron a las familias que realmente lo necesitaban.

La COVID-19 únicamente ha dejado pobreza, dolor, desempleo, mala educación y ha incrementado la violencia  género, problemas a los que jamás los gobiernos atacarán porque en un país capitalista, solo importa el dinero que se hace, sin importar a costillas de quién y cómo se haga.

A causa de este mal y el confinamiento, muchas personas quedaron desempleadas y el gobierno no hizo nada para volver a darles trabajo, también muchas pequeñas empresas quebraron, y pese a todo, recientemente volvieron a ordenar el cierre de los mercados cantonales y municipales, ¿acaso en los supermercados, despensas y grandes plazas no existe el virus? O todos hijos o todos entenados, dice el refrán popular.

Debido a la COVID-19 la educación del país también va de mal en peor; sí el sistema educativo no era eficiente con las clases normales, imagínense ahora que hay que estudiar en línea, muchos padres de familia no tienen empleo y los hijos tienen la necesidad de internet y una computadora o un teléfono móvil para estudiar, a lo que se suma que muchos maestros tampoco colaboran con la causa.

Por otra parte, para los transportistas uno de sus mayores miedos actualmente es ser sancionados con multas por incumplir con las medidas sanitarias, pero a ellos ¿quién los apoyó? Si no trabajan ¿de dónde comerán o ajustarán para pagar las letras del crédito por el carro? porque la mayoría anda por esos caminos. De lo que sí tienen que estar conscientes los transportistas es si los vehículos andan llenos, al menos deben bajarle el precio al pasaje, porque debido a todo este caos, hay muchas personas que económicamente están mal.

Al final, desde una opinión personal, solo queda recomendar y exhortar al uso de la mascarilla, porque no queda otra alternativa, seguir en casa es morir lentamente debido a que en muchos lugares el gobierno ni sus luces asoma y todos necesitamos sobrevivir, mientras los grandes funcionarios, trabajen o no, siguen devengando sueldos jugosos. He ahí la diferencia.

Autoría y edición

Periodista comunitario y camarógrafo

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