Ana González: “hacer radio es lo que me gusta y eso no es un delito”

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Créditos: CPO
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Ana González, una comunicadora comunitaria maya K’iche’ deberá permanecer en silencio durante dos años y no podrá ejercer su derecho a la comunicación en ninguna radio; el Tribunal de Sentencia Penal, Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente del departamento de Totonicapán emitió la sentencia.

Por Gilberto Escobar

El juez Roberto Hernán Rivas Alvarado del juzgado de Primera Instancia Penal de Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente de Totonicapán, dictó la resolución que restringe durante los próximos dos años el ejercicio de libertad de expresión y a participar en una radio comunitaria a la comunicadora Ana González; en una entrevista para Prensa Comunitaria Ana asegura no haber cometido algún delito y que esta medida constituye un claro mensaje de censura para otras mujeres y pueblos indígenas que ejercen su ejercicio de libertad de expresión.

“No logro borrar de la mente la cantidad de policías y de patrullas que vi la tarde de mi detención, esa imagen no desaparece, eso sucedió el 14 de noviembre del 2018” relata Ana, que en el momento de su arresto apenas estaba alcanzando las dos décadas de vida y recién había terminado de estudiar un bachillerato en medicina.

Foto: CPO

Ana es de San Francisco el alto, Totonicapán, vive en su comunidad y detalla que ese 14 de noviembre tocaron la puerta de la radio de manera insistente, cuando abrió, a ella la empujaron y se llevaron todo, mientras lo único que le dijeron era que tenían una orden para llevárselas; ese día estaba de turno junto a otra compañera.

“Toc, toc, toc, sonaba; cuando abrí y los agentes de la policía tiraron todo, dejé guardado mi celular en una de las gavetas. Mi compañera Antonia López Chaj y yo nos encontrábamos de turno ese día en la radio de mi comunidad, teníamos un programa educativo; ese día no tenía tantas ganas de ir a la radio, pero ya había preparado todo el material para esa tarde” recuerda Ana.

A Ana y a su compañera de turno Antonia, las detuvieron aproximadamente a las dos de la tarde y el delito por el cual se les sindicó fue el de hurto de frecuencia radioeléctrica, proceso que fue cerrado en febrero de 2019, pero que el Ministerio Público reabrió tras una solicitud de apelación.

La mala hora

Ana y Antonia estaban de turno cuando el fuerte operativo de policías, que movió a más de 30 radio patrullas para su aprehensión, llegó a detenerlas.

Ana comenta que dos días antes no encontraba sosiego, tenía una gran tristeza y ella no encontraba la explicación de ese sentimiento, “ya pasado el tiempo me imagino que la tristeza que sentía fue por ese incidente; no logré descifrar el aviso”, añade.

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Nos llevaron primero a Quetzaltenango, allí nos hicieron algunas preguntas, luego nos enviaron a Totonicapán en donde guardamos prisión durante una semana, relata Ana.

Ana comenta que la cárcel es un lugar en el que nadie quisiera estar, “llegamos aproximadamente a las 8 de la noche a Totonicapán y allí permanecimos durante una eternidad”, comenta.

“No había reloj y todo estaba oscuro. No tengo palabras para decir como es la cárcel, al día siguiente nos levantaron muy temprano para bañarnos, allí nos dieron otra ropa, mientras nuestra familia llegaba con nuestras prendas” comenta Ana.

La primera imagen que uno tiene de la prisión es que allí hay mucha gente mala, sigue relatando Ana, “yo estaba muy asustada, pero a nosotras no nos pasó nada, seguramente Dios nos cuidó”, indica.

Durante una semana Ana y Antonia permanecieron encerradas en prisión, luego ella relata que se pagó una sanción de Q. 15 mil quetzales para que quedaran en libertad, mientras la investigación seguía su curso.

Durante este tiempo, las metas de Ana se frenaron debido al suceso y no continuó sus estudios por la incertidumbre de su situación legal.

No obstante, este año tiene el entusiasmo por retomar su formación académica y siente esperanza de ir a la universidad, añade.

La pena del silencio

Ana esta consciente que al negarle el derecho a su libertad de expresión, también le están negando ese derecho a su comunidad, por la función social que las comunicadoras comunitarias realizan.

En sus programas Ana hablaba de derechos de las mujeres indígenas, temas formativos, educativos, entre otros, que ella preparaba con esmero y dedicación, y los difundía en idioma K’iche’ y en español.

“Estoy pensando qué hacer. Yo estoy consciente de que no hice nada malo, la mejor decisión es no rendirme, no entiendo por qué me están prohibiendo hablar en una radio, si hablar en una radio es lo que me gusta y eso no es un delito” detalla Ana.

Ana añade que “es muy importante que más mujeres estén en las radios, para hablar sobre nuestros derechos” porque considera que son espacios para hablar también de igualdad.

Pese a todo lo que le ha tocado vivir, Ana no siente desánimo y es enfática en reiterar que más mujeres deben hablar, porque pronunciarse no es un delito, “espero y sueño con ver a más mujeres al frente de radios o en programas radiofónicos”, asegura.  

La familia de Ana ha sido fundamental en todo el proceso y ella sabe que son su “bastón de apoyo”, al igual que muchas personas que durante estos años que ha durado el proceso legal, le han expresado sus muestras de solidaridad y acompañamiento.

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La defensa y la sentencia

Lucia Xiloj, es abogada y se sumó al proceso en la etapa intermedia, ella detalla que este es un caso claro en donde el derecho a la libertad de expresión se niega a las comunidades.

Además, la abogada señala que uno de los vacíos es que no existe una normativa de parte del gobierno de Guatemala para regular frecuencias radioeléctricas para que los pueblos indígenas puedan acceder a ellas “eso es negar el derecho a la libertad de expresión”, indica.

La abogada dijo “la misión de Ana era comunicar, además el Ministerio Público no tenía pruebas para decir que se estaba cometiendo un delito”.

El cargo que le atribuyeron a Ana fue hurto, porque según el Ministerio Público la frecuencia es un bien mueble, pero eso es todo lo contario según un informe técnico que nosotros presentamos como defensa elaborado por un especialista en telecomunicaciones.

El especialista en su informe detalló que una misma frecuencia radioeléctrica identificada funciona en cualquier lugar del país, entonces esto da a entender que la frecuencia radioeléctrica no se mueve de lugar, además no es algo que se puede palpar o sentir, mencionó la abogada.

El próximo 20 de enero en el juzgado de primera instancia penal narcoactividad y delitos contra el ambiente de Totonicapán entregarán la sentencia del caso de Ana, mientras aún hay cosas que ella debe decidir, según su abogada.

Al consultarle a la abogada si el próximo 20 de enero apelarán menciona que será una decisión que le incumbe a Ana, porque existen varios panoramas.

Distinto panorama

Para Antonia la compañera de cabina de Ana, la suerte se movió de su lado y en noviembre del 2020 el proceso penal en contra de la comunicadora fue desestimado por el Juez de Primera Instancia Penal de Totonicapán, debido a que el Ministerio Público no pudo comprobar su participación en los hechos que le señaló en la audiencia de primera declaración.

El 2020 no fue un buen año para el ejercicio periodístico, porque se caracterizó por diversos ataques contra periodistas y la libertad de expresión, según se documentó un recuento presentado por Prensa Comunitaria en diciembre pasado:

Autoría y edición

Periodista curioso, contador de historias invisibles. Creo en el periodismo riguroso y comprometido.

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