Un golazo feminista: ser parte de este llanto

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Créditos: TÉLAM
Tiempo de lectura: 5 minutos

¿Y si en vez de dictaminar a quién es legítimo llorar y a quién no, celebramos ese espacio de “ablande” del aguante machista y lo vemos como un inesperado intersticio por el cual discutir la asociación entre masculinidad y violencia? Mariana Palumbo y Joaquín Zajac traen una reflexión necesaria contra la cultura de la cancelación. En Diego se entremezclan lo divino y lo humano, pero también refleja la imagen del pueblo. Eso que Diego es, exceso, desborde, contradicciones, deseos incorrectos ¿está vedado de la vida al feminismo? ¿No habrá que intentar reconciliar al feminismo con el “derecho a no ser excelentes”?

Por MARIANA PALUMBO Y JOAQUÍN ZAJAC

La efervescencia de la incomodidad

Quienes escriben esta nota parten de dos puntos distintos respecto al amor “desde la cuna” hacia Maradona. Uno hincha de Lanús (la ciudad en la que nació Maradona), fanático habitual del fútbol y de Diego, y que ya venía imaginando hace rato lo terrible que sería ese fatídico día en que el Diego se fuera de este mundo. Y otra, que nunca antes pensó que la muerte de Maradona la conectaría con tantas emociones, que no se considera fanática de Maradona y que muchas veces, antepuso la crítica por sobre la fascinación. Pero si hay algo en lo que lxs dos autorxs coinciden, es en el respeto al mito viviente y en la certeza de que hay que desconfiar del discurso de la “monstruosidad” respecto de cualquier persona, y en este contexto de masificación del pensamiento feminista, de la masculinidad cis heterosexual. Pensamos también en la potencia política de que identidades masculinas y femeninas no solo pueden, sino que deben pensar y escribir juntes sobre feminismo cada vez más.

Al momento de publicar este texto, la avalancha de notas, artículos y publicaciones en redes sociales sobre Diego Maradona será aún más indetenible. Millones de personas en todo el mundo han escrito para recordarlo, porque Maradona dejó una huella singular en la biografía de cada persona, de amor y de odio, de grieta al mejor estilo argentino.

En este texto sin embargo queremos hacer otra cosa. Reflexionar al calor de los acontecimientos sobre la manera en que la vida de Maradona pero también su muerte y la manera en que esta muerte ha impactado en todos y todas, nos ofrecen una oportunidad inédita para repensar una serie de tensiones que atraviesan a los feminismos y las masculinidades.

El derecho a la ternura de los hombres

Una de las imágenes que más han circulado ayer, es la de millones de varones llorando. Mariana Enriquez en su nota de Pagina12, dice haber visto por primera vez y única vez a su padre llorar con el gol de Maradona a los ingleses. Abrazarse, tocarse, llorar. El fútbol, asociado comúnmente a la “cultura del aguante”, a la demostración de la hombría, la homofobia y la violencia, se muestra en este día triste como un espacio abierto a la expresión de los sentimientos, de la ternura, a la desinhibición de la proximidad entre y a partir de los cuerpos masculinos.

Este duelo colectivo es una manera de conectar con los sentires más profundos y, sin embargo, un derecho que ayer fue puesto en cuestionamiento por muchas mujeres feministas. Los varones, demostrando debilidad, vulnerabilidad y expresando afecto en las calles, fue presentado por ciertos feminismos como repudiable, por el carácter de “violento” de Maradona. Cabe preguntarnos entonces si desde el feminismo se lucha para que las masculinidades hegemónicas cambien, se abran de las formas más machistas y tradicionales, asociadas a la demostración de la fuerza, la negación de los sentimientos, ¿pretendemos que este cambio se haga en el vacío? ¿No es en este estado de ternura colectiva y masiva un resquicio por donde reivindicar, por donde insistir en que otras masculinidades son posibles? ¿no es contraproducente discutir, deslegitimar ese espacio para que los varones ejerzan su derecho a la ternura? ¿Y si en vez de dictaminar por qué vale la pena llorar y por qué no, a quién es legítimo llorar y a quién no, celebramos ese espacio de “ablande” del aguante machista y lo vemos como un inesperado intersticio por el cual discutir la asociación entre masculinidad y violencia?

Por un feminismo interseccional, por un feminismo del placer

Una imagen que recorre el mundo y que ha unificado los titulares periodísticos a nivel global es la de Maradona como un dios (“D1OS”) pero, al mismo tiempo, como el “más humano” de los dioses conocidos. En la figura de Diego lo divino (lo trascendente, lo sagrado, lo sobrenatural) se entremezclan con lo humano (lo profano, los errores, los desvíos). No hay tal separación entre el Diego persona y el Diego jugador.

Pero además, en Maradona se refleja y se performa otra imagen: la del pueblo. Un pueblo diverso, reunido, en la alegría que Él les dio. Más allá de cualquier romantización de lo popular, nos preguntamos por el derecho al bienestar y la felicidad en un mundo en el que la alegría popular parece cada vez más una utopía irrealizable. Maradona con su juego, con la pelota en los pies, desde una pierna izquierda -la izquierda símbolo peyorativo si los hay hoy en día- permitía esa sensación de “sublimidad”, de conexión con lo místico y lo sagrado, por fuera de la pesadez de la cotidianeidad. Pero también, de una alegría desbordante, plena, que nos enfrenta con las contradicciones.

Como dice Gabriela Cabezón Cámara en su bello texto sobre Maradona, Diego era un “zarpe”. O como afirma Anuka Fuks, “una fiesta” que el feminismo no tiene por qué perderse. La biografía del Diego muestra esa felicidad que está más allá de los inventarios de conquistas que nos faltan, de los cambios culturales que “debemos” conseguir, de las reglas que la gente tiene que cumplir (la época de las “responsabilidades afectivas”). La vida plena es desborde, el exceso del que nos habla Georges Bataille. Amor, talento, oscuridad y delirio. Y ese exceso, ese desborde, es el lugar de las contradicciones, los desvíos, los deseos incorrectos ¿está acaso vedada toda esta dimensión de la vida al feminismo? ¿Solo podemos ser felices siendo (co)rectos/as? ¿No habrá que intentar reconciliar al feminismo con el “derecho a no ser excelentes” -como lo llama la feminista española Raquel Osborne- de varones y mujeres?

Creemos que es necesario apostar por un feminismo crítico, pero que se base fundamentalmente en el disfrute y el placer, y no sólo en el mandato y la denuncia de la violencia, porque si todo es violencia ¿qué no lo es?

Maradona, los monstruos y las cancelaciones

Debido a un video del 2014 en el que se ve a Maradona tratando de sacarle el celular de manera violenta a su última pareja estable, Rocío Oliva, así como las historias de hijes no reconocides con distintas mujeres a lo largo de los años, Maradona no gozaba de una buena consideración de las mujeres feministas. Para muchas feministas, estas actitudes pusieron a Diego en un lugar de masculinidad “monstruosa”. En el juego de espejos roto de la masculinidad, en el que ya no sabemos a ciencia cierta qué significa ser varón -muchas veces, pareciera que ser varón se define simplemente hoy en día como lo “no femenino”- Maradona es enunciado como “violento”, e incluso como “el violento” por excelencia.

En este artículo nos preguntamos sin embargo desde la incomodidad -siempre desde la incomodidad como apuesta política-: ¿no es casualidad que ese monstruo sea un sujeto racializado y pobre? ¿Tendrían el mismo ensañamiento si Diego hubiera nacido en otra clase, si tuviera otra manera de hablar, si tuviera otro aspecto?

Quizás sea oportunidad (una vez más) para cuestionar(nos) la práctica de “cancelar” de manera automática, esencialista y unánime a los varones que han cometido actos violentos. Para considerar la complejidad de las biografías, lo singular de cada situación.  Para valorar las intersecciones que nos debemos como sujetxs feministas, las alianzas amplias que se podrían construir si dejamos de dicotomizar entre “machos violentos” y “heroínas femeninas”. Esta triste despedida de Maradona es una invitación a no caer en la ingenuidad del relato único, a darnos cuenta de que muchos que parecen por fuera de “nuestras luchas”, las apoyan indirectamente -apoyando ciertas leyes, abonando a gobiernos populares, e incluso, a ciertas figuras populares que no son estrictamente “feministas”-, y que son aliades fundamentales en la lucha por la emancipación, por sociedades más libres y democráticas. Hagamos un golazo como feministas: abonar los feminismos interseccionales, algo que se dice mucho y se practica poco. ¿Cómo? En este mundo pandémico tan difícil de descifrar, tan imprevisible, conectando con el dolor colectivo, siendo parte de la tristeza popular, aprendiendo de las contradicciones a las que nos enfrenta ese sentimiento colectivo. No se nos ocurre nada más feminista que fundirnos en un abrazo, en ser parte de este llanto.

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