Créditos: Marvin Pérez.
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Por: Laura Rojas

Después de la tormenta tropical Eta y el huracán Iota, las comunidades cercanas al río Usumacinta y sus afluentes, han sufrido el desborde de los ríos como nunca lo vivieron. Son cientos de familias que han visto sus hogares, comunidades y cultivos quedar completamente bajo el agua.

Para entender la magnitud del desastre necesitamos considerar varios factores de riesgo natural que vulneran a la población en esa área del Petén. Además, la invisibilización y el abandono histórico por parte del Estado en este departamento, situado en la región norte del país, se evidencian aún más ante la pandemia y la tragedia causada por los recientes desastres naturales cuando consultamos algunos informes oficiales de Gobierno y logramos contrastarlos con el testimonio de los pobladores y su realidad actual. Esta situación no solamente se genera a causa de la debilidad institucional que impera en las tierras peteneras, sino también por los grupos de poder que tienen intereses económicos en éstos territorios.

El río Usumacinta es la cuenca más grande de Mesoamérica, siendo una frontera natural entre el noroeste de Guatemala y México que se ubica en la Biosfera Maya, en donde drena el 42% de la superficie del país. Este río está formado principalmente por la unión del río la Pasión y el río Chixoy, así como también por los ríos Cala, Baja Verapaz; Copón, Quiché; Icbolay, Alta Verapaz; Tzeja, San Román, Petén; Lacantú, Butziljá, Chancalá y Chocoljáh; asimismo, es considerado el río más caudaloso de México.

Son precisamente estas características del río y los bajos niveles sobre el nivel del mar de estas tierras en donde se encuentra la selva maya, lo que hace al lugar tan vulnerable a las depresiones y tormentas tropicales cómo las que acaban de impactar esta región en el mes de noviembre de 2020.

Los impactos sanitarios aún no se manifiestan con la gravedad que se prevé, ya que a pesar de la actual pandemia y los casos de la covid-19 que se ubicaron en algunos albergues, el desborde  de los ríos, la contaminación de los pozos de agua, la inundación de cementerios y fosas sépticas, así como las aguas negras y letrinas que arrastró el cauce de los ríos, crean las condiciones para el brote de distintos tipos de enfermedades que afectarán a la población en las próximas semanas.

A esto se suma al desbordamiento de los ríos que arrasan también los excesos de las piletas de oxidación de las plantas de procesamientos de la industria palmera, que se extienden masivamente en esta región, como otro más de los factores que vulneran la vida de las personas y del equilibrio ecológico en los ríos y en las actividades pesqueras artesanales.

Los líderes comunitarios de los municipios más afectados de Petén han pronunciado un llamado desesperado después de un acercamiento con ejecutivos del gobierno, en donde la respuesta que obtuvieron fue: “él no puede comprometerse en nada”. A razón del bajo presupuesto que reciben estas municipalidades y el endeudamiento de los gobiernos anteriores, algunas municipalidades están desprovistas de fondos para poder hacer frente a la situación de las familias que han perdido casi todo en estos desastres naturales.

Miguel Galicia, vicepresidente de la microrregión de la ruta a Bethel en el municipio de las Cruces, Petén, comentó que son pocos miembros del Comité Comunitario de Desarrollo (COCODE) quienes han podido dedicarse a hacer las coordinaciones necesarias para evacuar a las familias a los albergues más cercanos y hacer los respectivos censos y coordinaciones que demanda este desastre. Los censos son necesarios para gestionar cualquier apoyo, ya que hasta el momento, el gobierno no ha cubierto las necesidades de todas las familias que han sido evacuadas.

Solamente en el municipio de las Cruces, los líderes comunitarios reportan daños y pérdidas de viviendas y cultivos en las comunidades de Bethel, la Técnica Agropecuaria, la Felicidad, Monte Sinaí, Yanahí, el Arbolito, los Pipiles y los Laureles.

Margarita Ibañez, lideresa de la microrregión Mario Méndez, en el municipio de Sayaxché, reporta la situación de calamidad que viven las comunidades de la ribera del río Salinas: San Juan Acúl, Canaán, San Francisco el Tumbo, Mario Méndez, el Puerquito, Zaragoza, lo Veremos, Pico de Oro, Mollejón y la Isla San Félix, que quedaron completamente bajo el agua. A esto aún se suman los daños en las comunidades de la microrregión de la Reinita y la microrregión de Tierra Blanca, así como en parte de la microrregión de Santa Isabel y Siete Barrios de Sayaxché que han sido gravemente afectados.

La crisis humanitaria que afrontarán estas comunidades para los próximos meses es desde ya preocupante, ya que desde ahora el gobierno no se da abasto para atender las necesidades básicas de las poblaciones afectadas. Además, por las experiencias pasadas, se cree que la desgracia que hoy afrontan estas comunidades será olvidada en las próximas semanas, por el gobierno central y la mayoría de la población.

Los pobladores entrevistados, aseguran que pasarán meses antes de que las comunidades puedan cosechar de nuevo sus cultivos de costumbre, debido a que han quedado sin la semilla para volver a sembrar en las próximas temporadas y lamentan la perdida de las semillas nativas y criollas que venían resguardando por generaciones. Las comunidades impactadas en esta área de Petén viven en su mayoría del turismo comunitario y de lo que cultivan, por lo que es fácil preveer el futuro cercano que les deparará, en caso de que no se generen acciones concretas, planificadas y a la altura de la situación.

Vale mencionar que el enfoque agropecuario que se le da a ésta región corresponde a los intereses empresariales  que prevalecen, el impacto que ha causado el cambio de uso de suelos por la siembra extensiva de palma africana y otros monocultivos, las concesiones madereras y la industria ganadera, que hasta hoy han sido las principales actividades económicas que han devastado la masa boscosa más importante de Mesoamérica, así como han incidido en el  despojo de tierras, en el cambio climático y en el desplazamiento de comunidades enteras.

Aún si pareciera poco, existe una creciente preocupación de los pobladores ante la publicación de los Planes Energéticos 2020-2034, que pretenden ejecutar proyectos hidroeléctricos en el río Usumacinta y que generarían desastres similares a los que han creado las hidroeléctricas en el río Cahabón de Alta Verapaz.

Mientras en las plazas centrales del país se debate sobre el futuro nacional y se manifiesta la indignación generada por la situación política y económica, las comunidades de las áreas rurales afectadas por la pandemia y los últimos desastres naturales quedan a la suerte de la atención institucional, la solidaridad y el reto que les impondrá el día a día.

¿Cómo Ayudar?

Se coordina  entre varias personas y organizaciones diversos mecanismos para viabilizar el apoyo gestionado, tratando de no limitarse solamente a acciones asistencialistas, ya que los próximos meses serán críticos por la pérdida de todos los cultivos y la situación de inundación en las tierras cultivables, la falta de semilla y asistencia, de la cual depende la mayoría de la población para su sostén diario. 

El apoyo será coordinado directamente con los COCODES y líderes comunitarios para tener los censos de primera mano y poder establecer mecanismos de ayuda y vínculos entre las personas que quieran apoyar a las familias.

Formas de ayudar:

1. Donación de semillas criollas y nativas

2. Donación de ropa y cobijas

3. Tecnología de filtración de agua

4. Voluntariado

5. Programa de amadrinamiento: el objetivo es establecer vínculos entre las personas que deseen apoyar a las familias afectadas, que pretende establecer una comunicación directa y más humana.

6. Dinero: los productos alimenticios que se adquieran serán de producción local y se articularán esfuerzos con cooperativas y organizaciones que trabajan proyectos ambientales y sociales en Petén para trasnportarlos y lograr un control de entrega transparente.

Para más información y canalización de apoyos y/o comunicación con liderazgos comunitarios por favor escribir los correos:

[email protected] 

[email protected]

Fotografías: Marvin Pérez, Miguel Galicia y ACOFOP

Autoría y edición

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