Nebaj: reconstruir la comunidad de Palop podría llevar un año o más

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Créditos: Feliciana Herrera

Por Feliciana Herrera

Palop es una aldea del municipio de Nebaj con 1385 habitantes, sin contar los habitantes de sus caseríos; y 275 casas, algunas quedaron destruidas. A su alrededor se encuentran los caseríos: Palop Chiquito, Xe’ supio y las Rosas. Hay una escuela Oficial Rural Mixta, un Instituto por Cooperativa, siete Iglesias, una católica y otra adventista. Una de ellas, la Iglesia de Dios, fue dañada por el paso de la tormenta Eta.

Por el paso de la tormenta también se dañaron 53 casas; y nueve más durante la llegada de la tormenta Iota, para un total de 62.

La madrugada del jueves 5 de noviembre las familias se levantaron como todos los días a juntar el fuego, cuando las fuertes correntadas de agua los sorprendieron tuvieron que abandonar sus hogares. Durante el amanecer, a las 5:30 de la mañana se desbordó uno de los riachuelos de la comunidad y pasó arrasando tres casas; en una de las viviendas se encontraban ocho personas de una familia de las cuales solo sobrevivieron dos, actualmente sigue desaparecida una niña de 12 años.

Crédito: Feliciana Herrera.

El alcalde comunitario Santos López Pastor dijo que las familias se dispersaron para albergarse en diferentes comunidades, entre ellas, Salquil Grande, Q’ejTxi’p, las Rosas y otras comunidades de Chiantla, Huhuetenango. No se pudo albergar a las personas afectadas en la misma comunidad porque existía riesgo por todos lados.

En este poblado colapsaron cuatro puentes, se registraron derrumbes por las vías principales, sólo se quedó el Regidor de la comunidad y la gente se fue.

Un niño de la comunidad narró que salió de la comunidad ese día, se levantó y se cubrió con un nailon y se fue con su familia. Su mamá llevó un poco de comida y se fueron sin pensar en nada más. Ahora el niño le pregunta a su madre si sabe cuándo va llover “así como esa vez”, por el miedo que les causó ese día.

Uno de las autoridades del Consejo de Principales, Pedro López Brito, comentó que la mayor pérdida por las tormentas fue en el cultivo de maíz. El 80 por ciento de las familias los perdieron. En el caso de López Brito, cuenta que perdió nueve bultos de maíz, equivalente a nueve quintales del grano.

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Hay familias que perdieron todo y que no podrán recuperar nada. Por ello, han pedido al Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación (MAGA) que haga un estudio para determinar las necesidades y así atenderlas. Entre las pérdidas, hay ganado vacuno y lanar, además de otro tipo de cultivos.

Desde el paso de la tormenta Eta muchas familias se fueron de la comunidad, dejaron sus pertenencias, se quedaron sus aves de corral y el ganado. Regresaron hasta que pasó la tormenta Iota. Desde la primera tormenta quedaron incomunicadas las vías principales a Nebaj y Huehuetenango. La municipalidad del municipio pagó 22 horas de trabajo para que un tractor iniciara habilitar el paso y desde entonces no se sabe nada y no han recibido apoyo. La limpieza que se ha sido gracias a las personas migrantes que hay en el lugar que han trabajado para habilitar los pasos. Actualmente una máquina está trabajando para habilitar el paso a Huehuetenango con la ayuda de la ferretería de Ramón Raymundo y a la Asociación de Asentamientos Unidos del Área Ixil de Quiché (Asaunixil).

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Durante y después de las tormentas la comunidad estuvo dos meses sin agua. Fue hasta el 24 de diciembre reciente que lograron restituir el servicio con el apoyo de COMENSA, porque todas las tuberías que conectan el agua a las casas se rompieron por la fuerza del agua.

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López Brito también mencionó que han solicitado ayuda a la Coordinadora Municipal para la Reducción de Desastres (COMRED) para que haga un estudio y determine si la comunidad aún es habitable o no, pero hasta el momento no ha habido respuesta para las familias que se han ido de la comunidad para vivir en otro lado. Reconstruir la comunidad, llevará aproximadamente un año o más.

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La ayuda que se ha solicitado consiste en atención psicológico porque que las familias quedaron con un miedo, al menos a las familias que perdieron a alguno de sus miembros.

Autoría y edición

Periodista e investigadora Maya Ixil

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