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La piedra de grandes proporciones que cayó anoche desde un cerro del área norte del Barrio I, de San Marcos la Laguna, Sololá, pudo ser retirada hace algunos años, pero según el alcalde Vicente Puzul Mendoza, que perdió a varios de sus familiares en esa tragedia, ese tema ya se había discutido en administraciones municipales anteriores, pero debido a la falta de atención y el riesgo de dinamitar esa ladera nunca se concretó.

Los derrumbes y deslizamientos de tierra no son fáciles de predecir, pero en Guatemala las tragedias de este tipo suelen llegar entre octubre y noviembre, cuando se registra un descenso en la cantidad de lluvias. En esta ocasión, una piedra de gran tamaño cayó sobre varias casas y cobró la vida de la propia madre del alcalde Puzul Mendoza, dos de sus hermanos y una sobrina.

Otras siete personas también resultaron heridas y las 75 personas que habitan esa comunidad sufrieron pérdidas materiales con graves daños estructurales a sus casas. Hasta el momento no existe recuento oficial de las pérdidas por parte de las autoridades locales y nacionales.

La tragedia

Alrededor de las siete de la noche del martes 6 de octubre, en el Barrio I de San Marcos la Laguna se encontraban reunidos la familia del alcalde en una pequeña cocina, cuando una roca de unos 12 metros de alto y 8 de ancho se desplomó del cerro.

Por el impacto, fallecieron Catarina Mendoza Puzul, de 60 años; Mariela Puzul de 30 años; Narciso Puzul, de 39; y un menor de edad de 8 meses.

Los bomberos voluntarios del lugar, que tienen bajo su jurisdicción el lugar afectado por el deslave, indicaron a Prensa Comunitaria vía telefónica que días anteriores se habían reportado anomalías en el sector, pero no recibieron ninguna alerta de parte de la población o las autoridades.

“Yo sé que en administraciones anteriores se habló de demoler esa roca con dinamita, pero nunca se hizo. El Ejército ha intentado, pero dinamitar es un gran riesgo, luego no le prestamos interés porque pasaron siglos con esa roca en la cima y no pensamos que iba a caer”, indicó en conferencia de prensa el alcalde Puzul Mendoza, quien este año inició su segundo periodo al frente de esa municipalidad.

El municipio de San Marcos la Laguna se encuentra rodeado de laderas empinadas, a las orillas del lago de Atitlán. Según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) el 95 % de este territorio es considerado, por sus condiciones geograficas, de alto riesgo para la población.

Durante este miércoles 7 de octubre, la Conred junto al Ejército seguirán recuperando bienes materiales de la población que quedaron entre los escombros de las casas destruidas y se tiene conocimiento que la municipalidad no cuenta con un espacio designado para albergar a las personas que perdieron sus viviendas en la zona del derrumbe, por lo que se coordinan acciones institucionales para canalizar la ayuda humanitaria.

Las personas fallecidas fueron trasladadas al salón municipal de la localidad para su velación y las autoridades de los municipios vecinos han visitado al alcalde Puzul Mendoza para solidarizarse y brindar el pésame por la pérdida de su familia

El problema del ordenamiento territorial

El geógrafo Manuel Mota, que laboró en atención a desastres para la Conred y el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), opinó que el problema de fondo en estos casos se debe al crecimiento desordenado de las áreas urbanas de los municipios.

“Para prevenir este tipo de desastres a largo plazo hay que discutir sobre el ordenamiento territorial, estamos haciendo un mal uso del suelo, muchos de los desastres son producto de una planificación urbana que responde a la presión demográfica, política y económica, pero se ignoran las condiciones reales del terreno”, destacó Mota.

El entrevistado ve con preocupación que no exista una comunicación constante entre las comunidades que habitan en las zonas de riesgo de deslaves y las autoridades municipales. “No existe retroalimentación, las autoridades municipales deben tener a personal técnico capacitado para monitorear estas zonas rojas y generar mecanismos de comunicación fluida con la población para que estos apoyen en el campo a monitorear cualquier anomalía que pueda ser atendida”, enfatizó.

El experto añadió que “los deslaves son un tipo de desastre muy impredecible, nunca se sabe el momento en el que ocurrirán, pero en un país como Guatemala cualquier comunidad que viva en un área donde haya laderas debe ser considerada de alto riesgo y atendida como tal”, subrayó Mota.

Según el geógrafo, entre octubre y noviembre es común que se presenten este tipo de tragedias, como la ocurrida en el Cambray II, en Santa Catarina Pinula, en el departamento de Guatemala; con un deslave que cobró la vida de 280 personas el 1 de octubre de 2015.

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

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