La COVID-19 es la última de las peticiones de quienes siguen a Maximón

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Créditos: David Toro
Tiempo de lectura: 5 minutos

De manera similar a los festejos que se realizan cuando un ser querido cumple años, con mariachis, cohetes y regalos fue conmemorado ayer el Gran Abuelo o Maximón, una entidad sagrada de origen prehispánico con elementos europeos incorporados, a quien le piden resolver grandes problemas y representa el bienestar excesivo para quien se lo solicita.

Cada 28 de octubre desde 1992 la Asociación de Sacerdotes Mayas realiza actividades, rezos y ofrendas en un altar y lugar sagrado prehispánico que fue trasladado desde la cima del cerro la Pedrera, en la zona 6 de la ciudad capital, hacia su falda norte ubicada en el barrio de Jocotales, Chinautla, durante la década de 1990.

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En ese lugar, donde más de una decena de guías espirituales mayas de Totonicapán, Quiché, Huehuetenango e Izabal, mantienen viva la espiritualidad maya y celebran a Maximón, se realizó una ceremonia dirigida por elajq’ij José Ixchop; en esa actividad también participaron personas de diferentes colonias de la ciudad capital.

En su artículo, El Poder del Rilaj Mam (Maximón) el sociólogo Guillermo Paz Cárcamo dice que en la espiritualidad maya kaqchikel se piensa que Maximón fue el primer conocedor de la esencia de las cosas y del tiempo y que el origen de su profunda relación con las peticiones de las personas está relacionada al don que él tiene para mediar entre los dioses y lo terrenal, porque conoce el pasado, puede ver el presente y predecir el futuro.

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Por otra parte, en la espiritualidad maya tz’utujil el Rilaj Mam o Maximón fue una creación de los Nawales, personajes del inicio del tiempo, que lo formaron para que cuidara a sus esposas mientras ellos salían de viaje a comerciar y trabajar. El Mam aprovechó su ausencia para cometer algunas transgresiones y por ello los Nawales lo transformaron en su forma actual, conservando su poder y capacidad de intercesión; según la tradición oral recopilada por los investigadores Allen Christenson en su trabajo The Burden of the Ancients, y los trabajos de Vincent Stanzione y Alberto Vallejo Reyna.

Espiritualidad y pandemia

Este año, con la llegada de la pandemia provocada por el coronavirus muchas cosas cambiaron o se complicaron para la población guatemalteca. Pero las peticiones de los creyentes parecen indicar que hay problemas más viejos y preocupantes que un virus mundial. Así lo mostraron quienes ayer comenzaron a llegar al altar de Jocotales desde las 7:00 de la mañana.

La mayoría de las personas que se hicieron presentes fueron mujeres, algunas pedían por empleo, porque tienen años sin un trabajo; otras pedían por sus hijas e hijos, por cancelar sus deudas y una pareja de ancianos agradecía haber sido sanados del coronavirus en agosto.

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Algunos de los devotos a Maximón llegaban discretamente, porque señalaron que han sido criticados o incluso rechazados por su familia por ejercer esta forma de religiosidad. “Mucha gente me critica, dicen que esto es cosa del diablo, pero en realidad solo yo entiendo mi fe hacia él y lo importante que ha sido para mí durante los diez años que llevo viniendo”, indicó Susy Flores, una mujer de 34 años, que dejó sus veladoras y una ofrenda económica al Gran Abuelo.

La historia de Maximón y de la religiosidad de origen maya a menudo ha recibido rechazo o críticas por el cristianismo. Para Paz Cárcamo el desprecio y rechazo contra el Rilaj Mam incluso le costó la vida a guías espirituales durante la época de la Santa Inquisición. Para el autor, en los periodos históricos donde la Iglesia se vio obligada a convivir con Maximón, los curas “hacían malas caras gestos de desprecio, sentían impotencia de no poder desaparecer del alma de los creyentes a Maximón”.

Yo sigo a Maximón desde los cuatro años”

Mientras, en el patio de la casa donde está la Asociación de Sacerdotes Mayas, los guías espirituales elevaban sus plegarias y avivaban el fuego del altar con alcohol, Hamilton Morales, de 37 años, se acercó llevando consigo una pequeña copia de la imagen del hermano San Simón, que en su versión original fue esculpida por el reconocido escultor guatemalteco Julio Dubois.

Morales usa esa pequeña imagen en su casa en la zona 6, donde recibe la visita de unos 90 seguidores de Maximón que en el transcurso del año le llevan ofrendas y sus peticiones o agradecimientos. “Desde los cuatro años yo le fumaba puros al abuelo, ahora soy guía y vidente (…) cada año traigo a mi Monchito para que sea bendecido”, contó Morales.

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La migración de Maximón

En la oficina seis de la Asociación de Sacerdotes Mayas, Ana Guarcas, de 39 años, mejor conocida como Paty, ejerce su cargo de vicepresidenta de esa organización, donde unos 15 guías espirituales que han migrado de diferentes pueblos mayas a la ciudad ofrecen ceremonias de protección y otros servicios espirituales.

Paty creció en la ciudad de Guatemala, pero su padre era originario de Santa Cruz del Quiché y fue uno de los fundadores de esta sede que acoge a Rilaj Mam en la urbe. “Él es un abuelo, su importancia para nosotros es que es un guía, otorga las peticiones de quienes le tienen fe y hoy es el día para celebrarlo”, enfatizó.

La conmemoración a Maximón migró con los guías espirituales desde varias regiones del país, ahora ya no solo se celebra en sus principales templos como Santiago Atitlán, Sololá o San Andrés Itzapa, Chimaltenango, ya que ha sido incorporada a la dinámica de la ciudad y también de la población mestiza, como sucede en Jocotales, uno de los barrios más antiguos de esta ciudad.

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Pero Maximón no solo es celebrado en altares y sitios ceremoniales en la ciudad. Se sabe que es conocido que en la popular cafetería “Shai Wa”, a media cuadra del Palacio Nacional, en pleno Centro Histórico, Silvia Patricia López, conocida por los clientes como la Canche, también lo conmemora, parte un pastel y contrata mariachis para Maximón y San Judas Tadeo cada 28 de octubre.

“Es milagroso, yo he escuchado muchas historias de prosperidad, incluso estoy segura de que gracias a que estos dos santos son patrones del Shai Wa, nos está yendo bien, como a las cinco de la tarde comenzará a venir la gente a cambiarle el cigarro, a dejarle flores y ofrendas para que sigamos manteniendo vivo el altar”, concluyó la dueña de la popular cafetería.

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

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