“Hemos logrado sobrevivir, resistir, estamos de pie ante la política del miedo y el terror”

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Créditos: Gerardo Iglesias | Rel UITA

La comandante guerrillera de la revolución popular sandinista y ministra en la década de 1980 sostiene en esta entrevista que por debajo de las declaraciones antiimperialistas de Daniel Ortega, los acuerdos con Estados Unidos se mantienen en pie. Ambos temen la revuelta popular, porque aborrecen el protagonismo de la calle, dice.

Baltodano rompió con Ortega en 1998, a raíz de los pactos que el actual presidente fraguó con el derechista Arnoldo Alemán.

Desde su actual lugar de militancia, la Articulación de Movimientos Sociales, sigue sufriendo la tenaz represión del régimen y teme que las elecciones de noviembre de 2021 no hagan más que legitimar la dictadura orteguista.

Como señala la última entrega de la revista Envío, es urgente separar al binomio Ortega-Murillo del poder, “antes de que anochezca”.

-¿Cómo describirías la situación que vive en estos momentos Nicaragua?
-Desesperante. La pandemia vino a profundizar la crisis económica derivada de la crisis política y social que se abrió con la sublevación de abril 2018.

Después de dos años de decrecimiento y en camino del tercero, con cierres de centros de trabajo y migración forzada de más de 100 mil nicaragüenses, la pandemia ha profundizado la pobreza general del país. Un callejón sin salida para las grandes mayorías.

A la par el Estado, y todas sus instituciones, mantienen férreo control sobre el pueblo, en base a represión directa (capturas, criminalización de la protesta creando cargos falsos, asedio y vigilancia permanente sobre los luchadores y la oposición) e indirecta, recurriendo a todas las armas en su poder, como el uso del fisco contra cientos de opositores.

El ejemplo más patético es el embargo por deuda fiscal del canal 12, uno de los tres canales de televisión abierta independientes que quedaban en el país.

Terror y control

En las últimas semanas el control es asfixiante. Entran a las casas encubiertos como delincuentes y se llevan celulares, computadoras, dejan rótulos con amenazas, como hicieron con la dirigente feminista María Teresa Blandón.

Patrullas siguen durante todo el día a los elementos más visibles de las organizaciones opositoras, rodean con decenas de policías las actividades bajo techo, como hicieron recientemente con la Asociación de Madres de Abril, que agrupa a familiares de asesinados, o con la Asociación María Elena Cuadra que trabaja con mujeres de las maquilas cuyo local fue rodeado durante cinco horas.

Usando grupos paramilitares, disfrazados de fanáticos, rodean los locales donde se hacen las reuniones, pinchan las llantas de los vehículos y arrojan piedras a los participantes.

Ya ha habido heridos graves, como ocurrió con la periodista Verónica Chávez, quien quedó inconsciente y en cuidados intensivos. Todo ello persigue sembrar el terror entre la gente para que no se exprese, no se organice y mucho menos se movilice.

-Por lo que puede verse, el régimen está buscando la forma de perpetuarse combinando represión con una legislación más estricta contra el movimiento popular. ¿Qué medidas concretas están tomando?
-Tienen tres proyectos de ley represivas: la de Regulación de Agentes Extranjeros, que califica como tal esa toda organización o ciudadano que reciba fondos del extranjero.

Con la discrecionalidad que les permite el control absoluto del poder judicial, criminalizarán a todas las organizaciones y personas naturales que reciben fondos del extranjero para proyectos.

Esa ley obliga a las personas naturales a inscribirse ante el Ministerio de Gobernación y le da facultades omnímodas para intervenir las actividades personales o de las asociaciones.

Establece además que un agente externo no puede participar en política, arma que busca intervenir en las candidaturas electorales.

Otro proyecto es el de cadena perpetua, aplicable a crímenes de odio, con una definición genérica del mismo que permitirá extenderla a los disidentes políticos.

Un tercer proyecto, ya a punto de ser aprobado es el de cíber delitos, que la gente ha bautizado como “ley mordaza” para intervenir en las redes sociales e investigar y enjuiciar a los opositores que se expresan por estos medios.

Solos, pero con armas y el gran capital

-El régimen se encamina hacia elecciones, pero cuenta con el apoyo de sectores económicos y políticos. ¿Podrías detallar un poco estos apoyos?
-Las elecciones se deberían realizar en noviembre de 2021, pero la dictadura no da ninguna señal de cambiar nada. Teniendo el control de todos los poderes no hay intersticios institucionales a los que recurrir.

El régimen ya casi no tiene apoyos. Se ha quedado solo. Es decir, solo con las armas.

Hay sectores del gran capital, principalmente ligado a los bancos e inversiones energéticas y otras, que tienen temor a perder todos los privilegios que habían conseguido con Ortega, así que siguen cabildeando para que no se endurezcan las presiones internacionales, y para que no se produzcan situaciones que ellos no puedan controlar.

Pero lo hacen con mucha discreción para no sufrir más descrédito entre la ciudadanía.

Ortega conserva vínculos con algunos personeros de la iglesia católica, y con numerosas iglesias evangélicas.

Por supuesto cuenta con el control férreo sobre el núcleo duro del FSLN, que ronda un 20 por ciento del electorado. Su apoyo principal descansa hoy en las armas, policía, ejército y fuerzas paraestatales.

Nuevas formas de resistencia

-¿Cómo es la situación de la protesta social? La dificultad para seguir en las calles es evidente, pero existen otras formas de resistencia que nos gustaría conocer.
-Los grupos organizados han desplegado diversas formas de resistencia, que con la pandemia se han debilitado, como los piquetes de agitación sorpresivos en centros comerciales, esquinas en las ciudades y otros lugares públicos.

Esos piquetes son inmediatamente rodeados por policías, por eso deben realizarse cerca de un lugar donde la gente pueda refugiarse.

Se está recurriendo a pintas, pegar papeletas de forma clandestina, en la oscuridad de la noche.

Se usan profusamente las redes sociales, como “tuitazos”, o conciertos virtuales. Elevar globos con mensajes con los colores de la resistencia azul y blanco.

Pero aún esas actividades son sometidas a represión. Hace unas semanas hubo una redada de 40 activistas, después de que amanecieron papeletas pegadas con la imagen de Ortega y el grito de “Se va”.

Yo diría que lo más relevante de la resistencia son todos los esfuerzos que se hacen para ampliar la capacidad organizativa de la gente.

Una falsa retórica antiimperialista

-La comunidad internacional presiona, pero eso no parece surtir efectos prácticos. ¿Crees que el régimen aún no ha roto lazos con Washington? ¿Cuáles serían sus soportes internacionales?
-Desde que se instaló la segunda fase del diálogo (en 2019), que duró apenas unas semanas, era obvio que Estados Unidos apuesta a lo que llamamos “aterrizaje suave”. Y para ellos eso significa llegar a las elecciones de 2021 a cualquier precio.

La propuesta de la gente era: ¡que se vayan! Que renuncien y se forme un gobierno de transición que prepare nuevas elecciones. Para algunos de nosotros ir a elecciones con Ortega controlando todo es un suicidio.

Así como Ortega despliega eventualmente una retórica antiimperialista, el gobierno de Estados Unidos se ha ido en pura retórica anti-orteguista.

Es cierto que hay sanciones personales a 24 allegados al régimen, incluida la vicepresidenta y tres hijos de la pareja, pero los efectos reales son dudosos.

En la práctica Ortega sigue prácticamente las mismas políticas del Consenso de Washington y la doctrina de seguridad y migración que favorece a Estados Unidos, pero es obvio que ahora no le garantiza al imperio, ni en Nicaragua ni en la región, la misma estabilidad que antes de 2018.

A nivel internacional Ortega sigue recibiendo apoyo de algunos estados como Cuba y Venezuela, de Rusia y de Irán y de algunos partidos comunistas, pero ha perdido el espacio internacional.

Si nos atenemos a la votación de la última resolución del Parlamento Europeo, que exhorta a no aprobar las leyes represivas de las que hablaba, también tiene respaldo de algunas fuerzas de ultraderecha fascista.

La resolución fue aprobada por 694 diputados. De los 21 que respaldaron a Ortega, ocho eran ultraderechistas.1

-Desde la distancia da la impresión de que Venezuela se ha erigido en ejemplo: los que mandan resisten al pueblo apoyados en la fuerza militar y policial y una base reducida pero muy fiel.
-Así es. Es sorprendente cómo el régimen de Ortega copia medidas que han aplicado en Venezuela y viceversa. Comparten un modelo común de sobrevivencia en el poder a cualquier precio. Pero aquí no hay petróleo.

Escenarios

-¿Cómo ves el futuro inmediato?
-El aplastamiento de la sublevación popular invirtió el orden de prioridad nacional. Para el gran capital, salvar la economía es lo principal. La democracia y los derechos humanos pueden esperar.

También creen que tendrán que esperar los más de cien presos políticos, los exiliados y el país viviendo un estado de sitio de facto con todas las garantías y derechos conculcados haciendo enormemente compleja la recuperación de las calles como escenario político.

La dictadura, pues, coincide con ellos en una “salida realista”: la realización de elecciones en noviembre de 2021 a como sea, aunque se haga bajo las mismas reglas de juego. Este sería el escenario más nefasto.

Ortega juega con el tiempo, buscando reformas cosméticas para quedarse, sino con el Ejecutivo, al menos con una fuerza suficiente en el parlamento y sus incondicionales en el Ejército, la policía y demás poderes del Estado, con el objetivo de imponerse como el actor indispensable en cualquier negociación futura.

Un segundo escenario es conseguir la libertad para todos los presos políticos y con el pueblo en las calles y con las organizaciones populares como actores, conseguir que se den elecciones, pero con reformas electorales profundas.

Conseguir por ejemplo nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral (CSE) y en todo el aparato institucional, con depuración del padrón electoral, posibilidad de construir coaliciones independientes no sometidas a los partidos legales, con vigilancia internacional del proceso.

Otro escenario sería que los sectores más reaccionarios de Estados Unidos logren unir a la derecha oligárquica clásica, banqueros, importadores, terratenientes, políticos pactistas (que hasta 2018 eran aliados de Ortega) con elementos de las fuerzas armadas y puedan apostar a una acción de fuerza, o un relevo político concertado vía elecciones.

Otro escenario es el de una nueva sublevación: que las extremas restricciones que estamos viviendo abonen en la conciencia para una sublevación que saque a Ortega del poder y se creen espacios para una transición democrática. El régimen sabe que esto puede ocurrir, por eso mantiene sus planes represivos a pleno vapor.

Este último escenario supone colocar la agenda social por encima de la politiquería, construyendo coaliciones que giren en torno a las necesidades más sentidas del pueblo y centrándose en la organización de la resistencia, para seguir manteniendo desde la calle las reivindicaciones de las y los luchadores insurrectos y de los héroes asesinados desde abril.

La dictadura no da espacio ni respiro, vivimos bajo un régimen del terror, pero el pueblo ha logrado ya una victoria estratégica que será clave frente a cualquier escenario.

Hemos logrado sobrevivir, resistir, estamos de pie ante la política del miedo y el terror. Cada día que nos organizamos y resistimos somos más fuertes y estamos más cerca del fin de la dictadura.

1-La resolución del Parlamento Europeo del 8 de octubre fue de 694 a favor, 64 abstenciones y 21 en contra. De los 21 votos, 8 provienen de la ultraderecha, uno de un nacionalista conservador, 10 del GUE (izquierda europea) y 2 del Partido Comunista Griego.

Baltodano rompió con Ortega en 1998, a raíz de los pactos que el actual presidente fraguó con el derechista Arnoldo Alemán.

Desde su actual lugar de militancia, la Articulación de Movimientos Sociales, sigue sufriendo la tenaz represión del régimen y teme que las elecciones de noviembre de 2021 no hagan más que legitimar la dictadura orteguista.

Como señala la última entrega de la revista Envío, es urgente separar al binomio Ortega-Murillo del poder, “antes de que anochezca”.

-¿Cómo describirías la situación que vive en estos momentos Nicaragua?
-Desesperante. La pandemia vino a profundizar la crisis económica derivada de la crisis política y social que se abrió con la sublevación de abril 2018.

Después de dos años de decrecimiento y en camino del tercero, con cierres de centros de trabajo y migración forzada de más de 100 mil nicaragüenses, la pandemia ha profundizado la pobreza general del país. Un callejón sin salida para las grandes mayorías.

A la par el Estado, y todas sus instituciones, mantienen férreo control sobre el pueblo, en base a represión directa (capturas, criminalización de la protesta creando cargos falsos, asedio y vigilancia permanente sobre los luchadores y la oposición) e indirecta, recurriendo a todas las armas en su poder, como el uso del fisco contra cientos de opositores.

El ejemplo más patético es el embargo por deuda fiscal del canal 12, uno de los tres canales de televisión abierta independientes que quedaban en el país.

Terror y control

En las últimas semanas el control es asfixiante. Entran a las casas encubiertos como delincuentes y se llevan celulares, computadoras, dejan rótulos con amenazas, como hicieron con la dirigente feminista María Teresa Blandón.

Patrullas siguen durante todo el día a los elementos más visibles de las organizaciones opositoras, rodean con decenas de policías las actividades bajo techo, como hicieron recientemente con la Asociación de Madres de Abril, que agrupa a familiares de asesinados, o con la Asociación María Elena Cuadra que trabaja con mujeres de las maquilas cuyo local fue rodeado durante cinco horas.

Usando grupos paramilitares, disfrazados de fanáticos, rodean los locales donde se hacen las reuniones, pinchan las llantas de los vehículos y arrojan piedras a los participantes.

Ya ha habido heridos graves, como ocurrió con la periodista Verónica Chávez, quien quedó inconsciente y en cuidados intensivos. Todo ello persigue sembrar el terror entre la gente para que no se exprese, no se organice y mucho menos se movilice.

-Por lo que puede verse, el régimen está buscando la forma de perpetuarse combinando represión con una legislación más estricta contra el movimiento popular. ¿Qué medidas concretas están tomando?
-Tienen tres proyectos de ley represivas: la de Regulación de Agentes Extranjeros, que califica como tal esa toda organización o ciudadano que reciba fondos del extranjero.

Con la discrecionalidad que les permite el control absoluto del poder judicial, criminalizarán a todas las organizaciones y personas naturales que reciben fondos del extranjero para proyectos.

Esa ley obliga a las personas naturales a inscribirse ante el Ministerio de Gobernación y le da facultades omnímodas para intervenir las actividades personales o de las asociaciones.

Establece además que un agente externo no puede participar en política, arma que busca intervenir en las candidaturas electorales.

Otro proyecto es el de cadena perpetua, aplicable a crímenes de odio, con una definición genérica del mismo que permitirá extenderla a los disidentes políticos.

Un tercer proyecto, ya a punto de ser aprobado es el de cíber delitos, que la gente ha bautizado como “ley mordaza” para intervenir en las redes sociales e investigar y enjuiciar a los opositores que se expresan por estos medios.

Solos, pero con armas y el gran capital

-El régimen se encamina hacia elecciones, pero cuenta con el apoyo de sectores económicos y políticos. ¿Podrías detallar un poco estos apoyos?
-Las elecciones se deberían realizar en noviembre de 2021, pero la dictadura no da ninguna señal de cambiar nada. Teniendo el control de todos los poderes no hay intersticios institucionales a los que recurrir.

El régimen ya casi no tiene apoyos. Se ha quedado solo. Es decir, solo con las armas.

Hay sectores del gran capital, principalmente ligado a los bancos e inversiones energéticas y otras, que tienen temor a perder todos los privilegios que habían conseguido con Ortega, así que siguen cabildeando para que no se endurezcan las presiones internacionales, y para que no se produzcan situaciones que ellos no puedan controlar.

Pero lo hacen con mucha discreción para no sufrir más descrédito entre la ciudadanía.

Ortega conserva vínculos con algunos personeros de la iglesia católica, y con numerosas iglesias evangélicas.

Por supuesto cuenta con el control férreo sobre el núcleo duro del FSLN, que ronda un 20 por ciento del electorado. Su apoyo principal descansa hoy en las armas, policía, ejército y fuerzas paraestatales.

Nuevas formas de resistencia

-¿Cómo es la situación de la protesta social? La dificultad para seguir en las calles es evidente, pero existen otras formas de resistencia que nos gustaría conocer.
-Los grupos organizados han desplegado diversas formas de resistencia, que con la pandemia se han debilitado, como los piquetes de agitación sorpresivos en centros comerciales, esquinas en las ciudades y otros lugares públicos.

Esos piquetes son inmediatamente rodeados por policías, por eso deben realizarse cerca de un lugar donde la gente pueda refugiarse.

Se está recurriendo a pintas, pegar papeletas de forma clandestina, en la oscuridad de la noche.

Se usan profusamente las redes sociales, como “tuitazos”, o conciertos virtuales. Elevar globos con mensajes con los colores de la resistencia azul y blanco.

Pero aún esas actividades son sometidas a represión. Hace unas semanas hubo una redada de 40 activistas, después de que amanecieron papeletas pegadas con la imagen de Ortega y el grito de “Se va”.

Yo diría que lo más relevante de la resistencia son todos los esfuerzos que se hacen para ampliar la capacidad organizativa de la gente.

Una falsa retórica antiimperialista

-La comunidad internacional presiona, pero eso no parece surtir efectos prácticos. ¿Crees que el régimen aún no ha roto lazos con Washington? ¿Cuáles serían sus soportes internacionales?
-Desde que se instaló la segunda fase del diálogo (en 2019), que duró apenas unas semanas, era obvio que Estados Unidos apuesta a lo que llamamos “aterrizaje suave”. Y para ellos eso significa llegar a las elecciones de 2021 a cualquier precio.

La propuesta de la gente era: ¡que se vayan! Que renuncien y se forme un gobierno de transición que prepare nuevas elecciones. Para algunos de nosotros ir a elecciones con Ortega controlando todo es un suicidio.

Así como Ortega despliega eventualmente una retórica antiimperialista, el gobierno de Estados Unidos se ha ido en pura retórica anti-orteguista.

Es cierto que hay sanciones personales a 24 allegados al régimen, incluida la vicepresidenta y tres hijos de la pareja, pero los efectos reales son dudosos.

En la práctica Ortega sigue prácticamente las mismas políticas del Consenso de Washington y la doctrina de seguridad y migración que favorece a Estados Unidos, pero es obvio que ahora no le garantiza al imperio, ni en Nicaragua ni en la región, la misma estabilidad que antes de 2018.

A nivel internacional Ortega sigue recibiendo apoyo de algunos estados como Cuba y Venezuela, de Rusia y de Irán y de algunos partidos comunistas, pero ha perdido el espacio internacional.

Si nos atenemos a la votación de la última resolución del Parlamento Europeo, que exhorta a no aprobar las leyes represivas de las que hablaba, también tiene respaldo de algunas fuerzas de ultraderecha fascista.

La resolución fue aprobada por 694 diputados. De los 21 que respaldaron a Ortega, ocho eran ultraderechistas.1

-Desde la distancia da la impresión de que Venezuela se ha erigido en ejemplo: los que mandan resisten al pueblo apoyados en la fuerza militar y policial y una base reducida pero muy fiel.
-Así es. Es sorprendente cómo el régimen de Ortega copia medidas que han aplicado en Venezuela y viceversa. Comparten un modelo común de sobrevivencia en el poder a cualquier precio. Pero aquí no hay petróleo.

Escenarios

-¿Cómo ves el futuro inmediato?
-El aplastamiento de la sublevación popular invirtió el orden de prioridad nacional. Para el gran capital, salvar la economía es lo principal. La democracia y los derechos humanos pueden esperar.

También creen que tendrán que esperar los más de cien presos políticos, los exiliados y el país viviendo un estado de sitio de facto con todas las garantías y derechos conculcados haciendo enormemente compleja la recuperación de las calles como escenario político.

La dictadura, pues, coincide con ellos en una “salida realista”: la realización de elecciones en noviembre de 2021 a como sea, aunque se haga bajo las mismas reglas de juego. Este sería el escenario más nefasto.

Ortega juega con el tiempo, buscando reformas cosméticas para quedarse, sino con el Ejecutivo, al menos con una fuerza suficiente en el parlamento y sus incondicionales en el Ejército, la policía y demás poderes del Estado, con el objetivo de imponerse como el actor indispensable en cualquier negociación futura.

Un segundo escenario es conseguir la libertad para todos los presos políticos y con el pueblo en las calles y con las organizaciones populares como actores, conseguir que se den elecciones, pero con reformas electorales profundas.

Conseguir por ejemplo nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral (CSE) y en todo el aparato institucional, con depuración del padrón electoral, posibilidad de construir coaliciones independientes no sometidas a los partidos legales, con vigilancia internacional del proceso.

Otro escenario sería que los sectores más reaccionarios de Estados Unidos logren unir a la derecha oligárquica clásica, banqueros, importadores, terratenientes, políticos pactistas (que hasta 2018 eran aliados de Ortega) con elementos de las fuerzas armadas y puedan apostar a una acción de fuerza, o un relevo político concertado vía elecciones.

Otro escenario es el de una nueva sublevación: que las extremas restricciones que estamos viviendo abonen en la conciencia para una sublevación que saque a Ortega del poder y se creen espacios para una transición democrática. El régimen sabe que esto puede ocurrir, por eso mantiene sus planes represivos a pleno vapor.

Este último escenario supone colocar la agenda social por encima de la politiquería, construyendo coaliciones que giren en torno a las necesidades más sentidas del pueblo y centrándose en la organización de la resistencia, para seguir manteniendo desde la calle las reivindicaciones de las y los luchadores insurrectos y de los héroes asesinados desde abril.

La dictadura no da espacio ni respiro, vivimos bajo un régimen del terror, pero el pueblo ha logrado ya una victoria estratégica que será clave frente a cualquier escenario.

Hemos logrado sobrevivir, resistir, estamos de pie ante la política del miedo y el terror. Cada día que nos organizamos y resistimos somos más fuertes y estamos más cerca del fin de la dictadura.

1-La resolución del Parlamento Europeo del 8 de octubre fue de 694 a favor, 64 abstenciones y 21 en contra. De los 21 votos, 8 provienen de la ultraderecha, uno de un nacionalista conservador, 10 del GUE (izquierda europea) y 2 del Partido Comunista Griego.

Nota publicada originalmente en:

Autoría y edición

Raúl Zibechi

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