Una leyenda llamada Caballo Loco: los 70 y el rock en Guatemala

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Créditos: El Timbre Suena

Por Guatemala Musicollector

¿Qué puedes contar de la historia de la música de tu país? Quizás, la época que no he vivido sea un poco más complicada de contar desde mis ojos. Tan sólo llegaría a nacer a finales de esa década, y los 70, sin duda, fueron una época tumultuosa para nuestro país. Aun así, hubo recintos llenos con música de nuestros artistas nacionales. Hoy, en especial, dejaremos unas líneas sobre una banda que dejó una huella imborrable a donde quiera que fuera.

Mi perspectiva es muy corta, y aunque los vi en concierto dos veces, mi conocimiento se limita más a la parte de coleccionismo. Así que esta historia cuenta principalmente una plática de un par de días con uno de los integrantes originales de esta banda: una leyenda llamada “Caballo Loco”, Jorge Eduardo Melgar, nuestro interlocutor. En la batería y coros, Marco Tulio Quiñonez De León, más conocido como “Cracker”, vocalista. Carlos Enrique Zepeda, en el bajo y coros; por último, Raúl Maquín, un virtuoso increíble en la guitarra.

Zepeda y “Cracker” venían de una famosa banda de la zona 19, “Los Buitres”. Raúl Maquín, por su parte provenía de los Blue Birds, de la zona 6; Jorge había estado tocando con “Los Explosivos del Cuartel de Matamoros”. Tras un intento fallido de Raúl y Jorge por formar un trío de Jazz llaman a Carlos Zepeda y al “Cracker” para formar una banda de rock. Su debut fue en una fiesta de 15 años bajo el nombre de Budú. Sí, con “B”.

Luego de ese primer concierto y no conformes con el nombre, deciden rebautizarse con el que los haría famosos: Caballo Loco. Nacidos en la casa del baterista en la zona 1, la década iniciaba con pie derecho, corría el año 71. Ya con ese nombre se presentan como parte del público en el aniversario de la discoteca “Futillos Herrera”. Aparte de colarse en la fiesta, ellos querían tocar algunas de las canciones que ya habían preparado. Al ser nuevos nadie les daba la oportunidad. Los miembros de una de las bandas, que ya llevaban algún tiempo en el medio, Pastel de Fresa, les prestaron sus instrumentos. Lo demás en esa fiesta fue historia.

La energía y dinámica de la banda los haría famosos; fue ese el sello característico que imprimieron en cada escenario en el que se presentaban. Desde discotecas, cines, institutos en muchos departamentos, hasta en las cárceles de Pavón, en la ciudad de Guatemala, y Cantel, en Quetzaltenango.

Con varios años ya en el medio y conciertos en todo el país, en 1976, Discos Latinoamericanos (DILA), ubicado en la zona 13 de la ciudad capital, les propone grabar un 7 pulgadas; coloquialmente conocido como un 45, por ser tocados regularmente en tornamesas a 45 revoluciones por minuto. Aunque en un principio no querían grabar ningún disco, por tener dudas sobre las intenciones de las disqueras finalmente accedieron a ello. Grabaron un explosivo cover de You Don’t Love Me, original de Damnation of Adam Blessing, titulado “Tú No Me Amas”, en el lado A. Asimismo, una canción propia, Un Nuevo Amanecer, en el lado B.

Los temores con la discográfica no fueron infundados. Aunque a la banda solo le reportaron el tiraje de una edición del disco, lograron constatar que, por lo menos, hubo un par de ediciones más, con diseño o color diferente en la galleta del disco. Con todo y esto, hoy en día, es considerado entre los discos más difíciles de conseguir en formato físico en el medio nacional. Toda una joya del coleccionismo. Por supuesto, entre lo positivo que les trajo el disco fue que les abrió las puertas a tocar en otros países, viniendo incluso un promotor de los Estados Unidos y llevándolos a tocar en el Convention Center de Los Ángeles y en el Whiskey A Go/Go de Hollywood, entre otros recintos.

Con el tiempo, añadieron otro guitarrista, Víctor Hugo De León, “Chichi”, de la extinta “Banda Clásica” y a un tecladista, Paco Golondrina, “Golo”. El repertorio era extenso, desde los Rolling Stones, pasando por Kansas hasta Black Sabbath y Led Zeppelin. Pero todo tiene un fin, o al menos en el caso de esta banda, un hasta pronto. La época, difícil por el movimiento de las guerrillas y el gobierno de turno, terminó por ahogar los conciertos de la banda. Sin que esta fuera sostenible, el grupo se desarmó. Un intento de convocar a los antiguos miembros de la banda en los Estados Unidos, a mediados de los 90, dio origen a la versión 2 de Caballo Loco; aunque solo se mantuvo Jorge Melgar como miembro original, llegaron a grabar un disco compacto en el año 95, “Asesinos del Aire”. En 2016 falleció el vocalista original, Marco Tulio, dejando un vacío irreparable en el medio.

Y en época más reciente, que llega incluso a conciertos del año pasado, una versión 3 de la banda logró atraer a una buena multitud de seguidores. ¡La leyenda sigue viva! Raúl Maquín es el encargado actualmente. Por ella han pasado diversos músicos y vocalistas, tantos que el árbol genealógico da para un libro entero, al igual que la historia completa de la banda. De momento está guardada por la pandemia. Algún día, no muy lejano, esperamos volverlos a tener arriba de un escenario y disfrutar de la energía y el carisma de una de las bandas más clásicas de rock guatemalteco: los Caballo Loco.

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Artículo publicado originalmente en: eltimbresuena.com

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