El fraile y el Presidente

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Créditos: Dante Liano

Por Dante Liano

El 14 de julio de 2020, el Centro Misionero Franciscano de Alemania publicó un artículo de Fr. Johannes Freyer, cuyo contenido pasó desapercibido en su momento. Debo a la curiosidad de algún periodista de la agencia ANSA la lectura del texto completo, que me gustaría compartir y comentar, pues ofrece un punto de vista alternativo al de la mayoría de los medios mainstream que conocemos (http://www.ofmjpic.org/la-crisis-del-coronavirus-un-punto-de-inflexion-covid-19-una-perspectiva-franciscana/).  En efecto, el descubrimiento del Covid 19 creó un justificado clima de alarma en todo el mundo. La propagación del virus en modo exponencial cambió completamente un modo de vivir dominado por la globalización (económica, social, cultural) que parecía el cumplimiento de una utopía neoliberal: el crecimiento imparable de una economía de mercado, tótem delante del cual se rendían todas las otras instancias de la sociedad. Ese tipo de economía, cuyo tamaño se medía por las grandes cifras (el crecimiento del PIB, las listas de los grandes billonarios publicadas por Forbes, el predominio de multinacionales cuyos beneficios superaban el de muchos estados nacionales) pegó un frenazo estridente antes de estrellarse como un camión cargado de gasolina contra una pared de acero. 

Oswaldo Guayasamín

Es a partir de este frenazo que Fr. Johannes Freyer comienza sus consideraciones. “A la humanidad – que se considera a sí misma como una especie superior – un virus la hace consciente de su debilidad y muestra a la vista de todos la vulnerabilidad y mortalidad de las personas. Ahora la naturaleza está enseñando dolorosamente a la humanidad que ella es más fuerte que nuestra ilusión de las posibilidades ilimitadas como también nuestra creencia de un progreso eterno. Además, el virus, con resultados devastadores, destruye el “dogma económico” del necesario y progresivo incremento del lucro. Resulta que una doctrina del progreso económico se ha impuesto a un mundo ahora incapaz de hacer frente al virus. El espejismo de la prosperidad está apoyado en arenas movedizas. En este pandemonium parece que los sistemas con orientación social van mejor que los basados en las teorías neo-liberales”. Dos son los puntos importantes del párrafo anterior: la constatación de la fragilidad de la idea de “progreso” y la constatación del derrumbe de la centralidad de los economistas al regir la vida social de los países.

Enseguida, el fraile elabora algunas consideraciones religiosas sobre San Francisco y Santa Clara de Asís, subrayando cómo abandonan toda idea de economía de acumulación, tendencia que en su época estaba naciendo, para dedicarse por completo a los enfermos, a los marginados y a los excluidos. Eso lo lleva a considerar que la pandemia de Covid 19 puede ser una oportunidad para refundar nuestro modo de ver la vida. Clara y Francisco transforman su visión de la gente y el mundo por “la percepción de que la alegría de la vida brota del don de un relacionamiento compasivo y simpático, y que no puede adquirirse con dinero, propiedades o poder”. […] “En lugar del “Homo oeconomicus” se enfoca en el “Homo fraternus/sororius”, lo que produce efectos sociales y económicos. En vez de insertarse en la economía emergente precapitalista, favorecen el trabajo manual para garantizar que la actividad económica del pueblo se base en las relaciones sociales. Actuando así, ellos superan una economía de lucro y explotación de la humanidad y de la naturaleza, recurriendo a una economía del don que define valores sociales, culturales y éticos además de los valores monetarios. Con la visión del hombre y del mundo del “Homo Fraternus/Sororius” y la economía del don, están preparados para las crisis imprevisibles y capacitados para enfrentarse a ellas en un proceso de aprendizaje”. 

De estas constataciones, Fr. Johannes Freyer concluye con algunas sugerencias: “En vez de promover grandes compañías para pagar dividendos a través de fondos fiscales, lo que ahora se quiere es usar los fondos para salvar vidas, aliviar la pobreza y preservar el trabajo. En vez de volver a la “normalidad” del lucro de la economía neo-capitalista, lo que necesitamos ahora es la valerosa transformación de la economía hacia una verdadera economía de mercado social. La crisis de esta pandemia ha mostrado claramente que la práctica anterior del capitalismo no puede resistir esta situación. Aparentemente es hora de cuestionar el sistema económico neo-liberal y sus dogmas del progreso eterno y establecer seriamente otras estructuras y mecanismos. Debemos entender esta crisis como un mandato para cambiar el rumbo, no sea que tratemos de seguir construyendo el futuro de la humanidad sobre arena movediza. Hay ciertamente algunos acercamientos a esto, por ejemplo, en una economía de donación, en una economía de solidaridad y mucho más.”

El artículo del fraile franciscano resonaba a miles de kilómetros de distancia, en Ciudad de México, cuando José Mujica, ex presidente del Uruguay, respondía a una torpe pregunta de una periodista. “En parte, a nuestra vida le podemos dar un rumbo. Si ustedes no le dan un rumbo deliberado, no se preocupen, el mercado se los va a dar, y se van a pasar toda la vida pagando cuotas a fin de mes, y soñando que progresan comprando nuevas cosas, hasta que sean unos viejos inútiles. La otra alternativa es que parte de su vida la gasten al servicio de un poco de utopía, si quieren intentar construir un país mejor, una sociedad mejor para los que van a venir después de ustedes. Pero esa es una decisión consciente, que en alguna etapa de la vida hay que tomar, y que si tú no la tomas conscientemente, la realidad te va a arrastrar. Y vas a creer que progresar significa cambiar la moto por el auto, y después cambiar el autito por un Audi, y así sucesivamente. Hay que elegir. Probablemente, cuando seas viejo, o vieja, y el reumatismo y los dolores de los huesos te paralicen, una tarde te mirarás a un espejo y te harás la pregunta “habré traicionado al niño que llevaba adentro?”. Pero ya será tarde”.

Dos formas ligeramente diferentes de decir la misma cosa. Un mundo se está acabando: el del individualismo, el del egoísmo, el del progreso a toda costa. La gran pregunta que queda flotando es: ¿cómo será el nuevo mundo post-pandemia? ¿Una réplica y continuación decadente de lo que ya vivimos? ¿O nuevas formas de convivir entre los seres humanos, en donde dominen la solidaridad, la compasión, la contemplación, el gusto de vivir con las pequeñas cosas de todos los días, o, parafraseando a Roberto Sosa, el poeta hondureño, “un mundo para todos compartido”?

Nota publicada originalmente en: https://dantelianoblog.wordpress.com/2020/09/02/el-fraile-y-el-presidente/

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