Despojo de la tierra, ayer, hoy y siempre

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Créditos: Raquel Yancor

Por Percy Aguilar*

Son cientos los libros escritos por los invasores y otros autores que relatan que, antes de la venida de los españoles a invadir las tierras de Xelajuj Noj, existía el pueblo K´iche’ en este vasto territorio.

Por ello, no debe sorprendernos la noticia de que las autoridades ancestrales son propietarias de la tierra comunal, un territorio que va desde las faldas del volcán Santa María, hasta el cruce conocido como la Cruz, camino al municipio de  Olintepeque, al poniente con el cerro Siete Orejas y al oriente a inmediaciones de Salcajá.

Esta tierra era propiedad del R eino K’iche’, y antes de ellos habitaba el pueblo mam, nunca fue de los ibéricos. Ahora bien, tampoco significa que ahora dos o tres grupos de personas sean las propietarias, si usted nació acá, migró para esta tierra, bienvenido. Usted también es propietario de todo este inmenso territorio. Los que no son propietarios son los miembros del consejo municipal y el alcalde, quienes han estado cediendo los derechos de la tierra a personas y empresas que se han dedicado a la extracción minera o la deforestación de los bosques, no esta corporación, pero las anteriores lo han hecho, sin consulta popular, sin autorización de los “comunes”.

Tampoco este conflicto debe verse desde la óptica de ¿quién estaba antes y quién después? o si le pertenece al pueblo k’iche’ o al mam, porque este debate en realidad no es válido en ningún contexto y en ningún territorio.

Vayamos a consultar la historia. En 1524 fue invadido por los españoles este territorio, de hecho, destruyeron todos los vestigios de tan maravilloso reino maya – k’iche’. En 1538, como lo escribe el historiador Roberto Gutiérrez, el Obispo Francisco Marroquín propuso la creación de los pueblos de indios, aprobados en la real cedula de 1545, en la que el Rey de España instruía “recoger y juntar” a los indígenas en pueblos. El primero fue el de Tecpán, Guatemala; le siguió Comalapa, en Chimaltenango; Atitlán en Sololá, San Miguel, Totonicapán; y finalmente el de Quetzaltenango.

Esta práctica tenía como propósito la aculturación por medio de la religión católica, adiestrar en oficios que requerían los invasores, cobrar impuestos, esclavizar y más recientemente contar con mano de obra barata. La tierra les fue despojada a sus verdaderos propietarios.

Los hechos se pueden  resumir así: los invasores que llegaron a esta tierra se apropiaron de ella y en 1524 despojaron a los k’iche’. Décadas después convirtieron este territorio en un pueblo de indios; realizaron un segundo despojo al venderles la tierra, la que habían robado; posteriormente se las vendió la Corona Española a los principales de este territorio (Quetzaltenango). Fueron 283 caballerías adjudicadas al “común”. 

Foto: RYancor

El título fue adjudicado el 8 de mayo de 1744 en Guatemala por Francisco Orozco Manrique de Lara, del Consejo de Su Majestad, Oidor, Alcalde de la Corte de la Real Audiencia y Juez Privativo del Real Derecho de Tierras.

Atendiendo la certificación extendida por Francisco Gonzales Campo, notario público y del Supremo Gobierno de la República de Guatemala, el 24 de junio de 1896. Asiento: 379 folio 260 tomo 22 Diario, de fecha 24 de agosto de 1897. Que el 22 de noviembre de 1899, los representantes del Común de Quetzaltenango inscriben ante el Registro de la Propiedad, las 283 caballerías como propiedad privada colectiva, que le corresponde única y exclusivamente al pueblo maya k’iche’, siendo la única propietaria de dicho territorio, quedando registrada con el número de finca: 13645, folio 154, del libro 84 del departamento de Quetzaltenango. Lo anterior confirma que la propiedad está legalmente registrada.

Los criollos (hijos de españoles nacidos en Guatemala) y ladinos, cuando sintieron el peligro que representaba vivir en otros territorios como la Antigua Guatemala, por los terremotos y erupciones volcánicas, voltearon nuevamente a ver a la ciudad de Xelajuj Noj, y de nuevo realizaron el tercer despojo. Eliminaron la Alcaldía Indígena y crearon la Alcaldía Ladina (actual Municipalidad de Quetzaltenango), pero la tierra estaba, ya en esa época, registrada a nombre de los comunes, (en términos sencillos la tierra era comunitaria, como lo habían decidido los principales que la compraron).

Así permaneció la tierra en poder de la Municipalidad sin estar registrada a nombre de esta y para uso comunitario. Incluso, los bosques eran protegidos por empleados municipales.

De la década de 1960 hasta 2018, las corporaciones municipales cedieron la tierra registrando desmembraciones a la finca que era propiedad de los comunes. El Registro de la Propiedad de forma ilegal registró los terrenos a nombre de terceros: la Municipalidad. En total, según afirma el Abogado Juan Peláez, estas llegan a la cantidad de 90.  En este caso y a todas luces se atenta contra la propiedad privada que debe resguardar el mismo Registro, esa es su función primordial.

Haciendo una analogía, imagine usted ciudadano quetzalteco que voy al Registro de la Propiedad a solicitar que se desmembré un terreno de su propiedad, la mitad de este a nombre de un tercero que me pagó a mí por la propiedad con el argumento de que usted, en unos 30 años, no ha manifestado interés en lo que le pertenece. Al enterarse, usted demanda y exige que se respete su derecho a la propiedad privada, tal y como sucede en este caso.

El despojo de la tierra continúa. La Municipalidad de Quetzaltenango durante los últimos 40 años ha entregado tierras que le  pertenecen al pueblo, sin consulta previa,  a empresas transnacionales como Madrid I, o Colgate Palmolive para su explotación.  También se sabe de exconsejales que se apropiaron de grandes extenciones de tierra. Esto debe investigarse y recuperar el territorio.

Las autoridades ancestrales del Valle de Palajunoj en el comunicado del día seis de agosto, fueron enfáticos: “no estamos apropiándonos del territorio, la lucha es por la reivindicación de este”.  La tarea de todo ciudadano en estos momentos es: a) Exigir que el Registro de la Propiedad reconozca las ilegalidades cometidas; b) Solicitar se realice una investigación que revele la forma y el fondo mediante el cual se cedió la tierra a terceros sin la debida facultad legal; c) Estar atentos para unirnos en la defensa del territorio comunal de Xelajuj Noj.

Los vecinos de Xelajuj Noj (Quetzaltenango) no deben dejarse sorprender por la información errónea que busca dividir. Esta ciudad se ha convertido en una “ciudad cosmopolita”, en donde confluyen diversos pueblos, nacidos en diversas partes del mundo.  Todos juntos debemos defender el territorio, pensando siempre en la felicidad integral de la población, en una traducción Constitucional, debemos luchar por el bien común de todos, no de un grupo, no de una clase social, no de un pueblo, del ser humano en general.

*Profesor universitario del Centro Universitario de Occidente (CUNOC)

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