Mis muñecas rehabilitadas

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Créditos: Internet

Por Patricia Cortez Bendfelt

Cuando era niña no jugué mucho con muñecas, si tuve una sola Barbie a la que le hice toneladas de ropa. Esas cosas que aprendí de la abuela.

Las Barbies fueron mi entrada al patronaje y la confección de ropa. Todas aprendimos al menos a usar las puntadas básicas y nos ha servido de mucho.

Mis juguetes de niña fueron juegos de química, microscopios, bicicleta, trastecitos de colores, pelotas, yax, patines. Y mucho monte y árboles.

Las muñecas no fueron mi prioridad, ya de 11 años me compré un muñeco de colección que luego se deshizo y aprendí a hacer muñecas de fieltro, de trapo y otros materiales.

Había una amiga de la infancia que tenía el cuarto lleno de muñecas con las que no podía jugar, ese recuerdo siempre lo tengo.

Lo de las muñecas rescatadas me surgió cuando aparecieron las pacas de juguetes hace unos años.

Las niñas de ahora reciben una Barbie o similar al año, juntan entre una a 3 docenas de muñecas flacas (que ahora tienen distintas formas corporales) y las tiran a la basura.

En las pacas hay cientos de muñecas con el pelo arruinado, pintadas con lapiceros o marcadores, desnudas, y muy pocas veces las compran.

Las muñecas parecen demasiado dañadas y a todos les parece mejor comprar una nueva que intentar renovar a la viejita.

Empecé a comprar muñecas porque necesitaba distraerme, primero fueron un par de barbies, luego vi un reportaje que convertía las extrañas muñecas Bratz en otras con más personalidad y compré algunas que recibieron una renovación.

Encontré una muñeca de porcelana en la casa de mi abuela, con la ropa asquerosa y llena de huevos de cucaracha, también recibió una nueva vida con un vestido rosa, abrigo y sombrero.

Otra muñeca de porcelana encontrada en una paca, con la ropa sucia y el cabello ensortijado y una herida en la pierna se ha convertido en una debutante de vestido rojo.

He hecho zapatos de muñecas que miden un centímetro y zapatos de barbie con plataformas. Vestidos de noche, ropa de trabajo, tenis… de todo.

La última muñeca es una del tipo American Girl. Esas muñecas están diseñadas como “complemento” de la niña que las posee, venden la ropa “igual” para la niña y la muñeca. Aún ellas terminan en la basura.

Creo que en esta sociedad de consumo, sacar una muñeca de la basura es bastante revolucionario. Hay que limpiarlas, cortarles el pelo dañado, ponerles nueva ropa y curarles las heridas. Lograr que tengan una nueva vida.

Yo no sé si eso es feminista, las muñecas pueden ser un modelo a seguir demasiado duro para las niñas, pero también son un alter ego que puede servir para que expresen cosas.

Mis muñecas no son para niños, y algunas veces las he vendido para conseguir dinero para otros fines. Así creo que pasará con Anne, que quedó bastante bien. De pronto la subastamos para comprar cosas necesarias.

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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