Dos cantantes y un filósofo

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Créditos: Dante Liano
Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Dante Liano

Hace pocos meses, la televisión transmitió un concierto del cantante Andrea Bocelli, desde el Duomo de Milán. Las arias operáticas que han convertido en millonario al tenor toscano resonaban en la bóvedas vacías de la Catedral, y causaba impresión su tremolante voz en el atrio cuando entonaba, para sus numerosos fans anglosajones,  Amazing Grace. Meses después, sin temor a la contradicción, Bocelli participó a una protesta organizada por los partidos de la extrema derecha italiana, contra las medidas de prevención del Coronavirus. En esa sede, Bocelli manifestó que había contraído la enfermedad y que no había sufrido más que una leve gripe. Igual cosa habían vivido los miembros de su familia, a los que el cantante había generosamente contagiado. Por tanto, concluyó, todas las medidas sanitarias adoptadas por el gobierno para combatir el Coronavirus le parecían un atentando contra su libertad personal. Enseguida se manifestó “humillado y ofendido” por haber sido obligado a encerrarse en su casa durante tres meses, en otra clara violación de sus derechos individuales.

Las redes sociales sepultaron de improperios a Bocelli. En primer lugar, por aplicar la máxima de Schopenhauer: “todo lo que me pasa a mí, le pasa al mundo”. Según ese razonamiento,  si él había tenido la inmensa suerte de haber contraído una forma benigna del virus, entonces, todo el mundo había contraído una forma benigna del virus. Algunos le evocaron los 35 mil muertos italianos por causa de la enfermedad y otros lo invitaron a visitar Bérgamo, ciudad en donde ya no alcanzaron las tumbas del cementerio y una larga fila de camiones transportó cadáveres hacia las ciudades vecinas. En segundo lugar, le recordaron que el encierro que lo había “humillado y ofendido” lo había trascurrido en su villa de 40 hectáreas en Toscana , con espaciosos prados verdes y una inmensa piscina. Sabemos que los artistas padecen de un ego monumental y ello excusaría la autocentralidad de Bocelli. Sin embargo, el impávido cantante, vista la pérdida de popularidad, al día siguiente, afirmó que había sido mal interpretado.

No muy lejos de Bocelli, en Madrid, otro famoso se lanzó al ruedo de Facebook para quejarse de las restricciones sanitarias impuestas por el Coronavirus. Miguel Bosé lanzó una campaña en la que afirmaba que todo era un complot mundial para restringir las libertades individuales. Bosé relanzó el video de un anciano médico de la Pulia, un emérito desconocido que afirmaba, sin aportar una sola prueba científica, que el virus no existía. Basado en tan precaria autoridad, Miguel Bosé se nombró líder de la Resistencia española (lástima que el cantante no hubiera estado en 1936) y convocó a una manifestación en la capital de España. Lo asombroso del caso es que centenares de personas llegaron a la Plaza Colón, para protestar contra mascarillas y distancia social. Parece que Bosé tuvo pereza de llegar. 

El New York Times del 21 de agosto recién pasado nos informa de la posición del más prestigioso filósofo italiano, Giorgio Agamben. En resumen, Agamben, basado en una de sus mayores influencias, Michel Foucault, afirma que existe un despotismo técnico-médico que se está aprovechando de la emergencia de la pandemia para imponer medidas restrictivas a los ciudadanos italianos. Sostiene Agamben, en coincidencia con Bocelli, que el Covid 19 no es más que una simple gripe. La “bioseguridad”, afirma Agamben, no es más que un sustituto de la política de la “seguridad nacional” que, de hecho, suspendió las garantías universales en todo el mundo. Los gobiernos del mundo, insiste Agamben, están usando la emergencia sanitaria para restringir los derechos individuales. Denuncia, además, que el rastreo de casos es una evidente violación de la privacidad de la gente. Agamben ataca sobre todo la medida del “distanciamento social”, la cual interpreta como un ardid para evitar que la gente se agrupe en manifestaciones. Y así. 

Agamben, curiosamente, goza de mayor fama en los Estados Unidos que en Italia. Es por eso que el Times le dedica un artículo. No me cabe duda de que es un gran filósofo, pero una cosa son las elaboraciones de pensamiento que pertenecen a su especialidad y otras las ocurrencias personales sobre el gravísimo problema de la pandemia. Puede ser que los científicos exageren en su aspiración al monopolio de la verdad. Pero si estoy enfermo, no voy a ir con Bocelli, Bosé o Agamben para que me curen. Quizá tengan una opinión sobre el páncreas, pero me importa un bledo esa opinión. Zapatero, a tus zapatos. Para dar un ejemplo: no se discute la grandeza de Kant y Hegel cuando elaboran sus grandes sistemas de pensamiento. Pero cuando opinan, porque se los dice el corazón, que los africanos son una raza inferior, puedo afirmar con certeza que Kant y Hegel desbarran como cualquier cristiano. 

Me atrevo a proponer que el punto está aquí: en el lugar de la enunciación. Los dos cantantes y el filósofo razonan desde un lugar, Europa, y razonan como si ese lugar fuera el único en el mundo. Olvidan las barriadas de Mumbai, las favelas de Rio de Janeiro, los pueblos perdidos en los Andes peruanos. Razonan como privilegiados y su corazón olvida la existencia de millones de seres humanos abatidos por la pandemia. Coinciden con los peores ideólogos de la extrema derecha e imaginan un complot universal que reduce sus derechos individuales. Uno se pregunta: ¿alguien ha impedido a Bosé difundir por el mundo sus delirios paranoicos? ¿Alguien impidió a Bocelli protestar en el Senado italiano? ¿Alguien ha censurado a Agamben o impedido que el New York Times difundiera sus ideas? Visto que pueden decir lo que quieran y cuando quieran, los dos cantantes se han puesto a filosofar. A este punto, solo falta que Giorgio Agamben entonara, a sus 78 floridos años, el Va’ pensiero…

Nota publicada originalmente en: https://dantelianoblog.wordpress.com/2020/08/26/dos-cantantes-y-un-filosofo/

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