Comunitarios del corredor seco son golpeados por la pandemia y por el clientilismo de las autoridades

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Créditos: David Toro

Por David Toro

Las lluvias de mayo fueron un alivio para familias que subsisten de la agricultura en  Camotán y otros municipios ubicados en el corredor seco, donde el coronavirus no ha llegado pero han quedado atrapados por los efectos colaterales: el desempleo y el aumento de la desnutrición. Además, existen denuncias de que la ayuda municipal ha sido repartida solo a personas afines a los alcaldes.

Los efectos del fenómeno de la hambruna se adelantaron en el corredor seco por la pandemia provocada por el coronavirus. Ese ciclo perverso de sequía que afecta a los pobladores de las montañas de Chiquimula que se quedan sin trabajo por la baja demanda de mano de obra en las plantaciones de café del oriente del país. No contar con recursos para la compra de alimentos y la ausencia de lluvia arrasa con las siembras de frijol y maíz, esto sucede regularmente cada año entre mayo y agosto. Pero las medidas restrictivas que prohíben la circulación del transporte público y el toque de queda para combatir la enfermedad provocaron que esta problemática se adelantara para marzo.

La comunidad de Tizamarté el Tesoro en Camotán, hogar de más de 2,200 mil personas, vive los efectos colaterales de la pandemia. Del 13 de marzo al 15 de junio al menos unas 100 familias se quedaron sin oportunidades de trabajo, regularmente en las fincas de café. “Sobrevivíamos con los Q50 que pagan por jornal, pero ahora ni eso tenemos”, explicó Toribio Aldana, presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de Tizamarté.

Aunque suene irónico, el paso de la tormenta tropical Cristóbal, fue bienvenida en el corredor seco, Toribio Aldana comentó que las siembras de maíz se beneficiaron y la milpa podría estar lista en dos meses.

“La tormenta de mayo trajo buenas noticias para la región, aunque ahora hay gente en Camotán y Olopa que se queja porque ya no ha vuelto a llover y hay una plaga de gusano cogollero que está devastando la milpa, tengo noticias de que en Guareruche, Camotán el 20% de la milpa se perdió por esta infestación”, comenta Jeremías Hernández, coordinador de la Central de Organizaciones Indígenas Ch’orti, Nuevo Día.

“El 20 de marzo ya había gente que decía que no había comida en Camotán, Olopa y Jocotán, el hambre estacional se corrió más de dos meses, normalmente marzo y abril la gente migra para trabajar café y caña de azúcar en diferentes partes del país, las autoridades alimentarias están estimando que esto va a cuadriplicar los casos de desnutrición”, aseguró Hernández.

Hasta el 18 de mayo de 2020, la información del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), detalla que a nivel nacional se detectaron 13,740 casos de desnutrición crónica en menores de 5 años en las primeras 17 semanas del año, en el mismo periodo de tiempo durante el 2019 se registraron 4,575 casos.

Tizamarté es un reflejo de los efectos de la falta de seguridad alimentaria en el corredor seco, Gloria Amador, enfermera de la comunidad, indicó que de enero a mayo de 2020 ha registrado a 175 niños con bajo peso y problemas de crecimiento, al menos la mitad de ellos son casos severos, el único tratamiento con el que cuentan en el puesto de salud consiste en tabletas de zinc, pero solo a los mayores de dos años.

Asimimo, la salud de las mujeres se ve perjudicada en el oriente del país a causa de la sequía y la alimentación, Amador relató que durante el 2020 ha atendido a más de 20 casos, de madres jóvenes con enfermedades gástricas, micosis, con bajo peso, diabetes e inflamaciones pélvicas.

“Aquí las mujeres embarazadas mueren, muchas veces porque son demasiado jóvenes y están desnutridas, otras veces porque para llegar al Hospital de Chiquimula deben pagar hasta Q500 de transporte y no tienen los recursos para ser trasladadas, aquí no hay ambulancia”, señaló Gloria Amador que además de ser enfermera es originaria de Tizamarté.

Para seño Gloria, como le conocen a la enfermera local en Tizamarté, la situación durante la pandemia ha representado muchos retos, normalmente atienden a la población de la comunidad entre tres enfermeras, pero sus dos compañeras no han podido llegar con regularidad a laborar porque no hay transporte público. Ellas viven en centro de Camotán y para llegar el lugar, que está a unos 15 kilómetros de distancia, usaban un camión que cobra Q35 pero actualmente no están prestando servicio pues solo se les permite circular con un máximo de 5 personas y con eso no cubren ni lo necesario para la gasolina.

Foto: David Toro. Campo de Futbol de Tizamarté Camotán.

La ayuda no llega para todos igual

“Las personas de las áreas verdes, como le dicen a nuestras comunidades en el casco urbano, hemos sido marginados durante la pandemia, aquí la municipalidad ha venido a dejar bolsas de comida pero traen listados y solo benefician a las personas que apoyaron la campaña del alcalde Noe Guerra, que ganó con el partido Todos”, dice Toribio Aldana, representante del Cocode.

El 2 de junio la organización Nuevo Día denunció Noé Guerra, alcalde de Camotán, ante la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), porque cuando asumió el poder en enero de 2020 nombró a sus propios Cocodes en 12 aldeas y caseríos del municipio, violentando la ley de consejos comunitarios que define que las autoridades deben ser electas mediante una asamblea.

“El alcalde nombró a sus jefes de campaña como presidentes del Cocode en las aldeas de Camotán y los programas de emergencia de las oenegé de salud que operan en el  departamento de Chiquimula son canalizadas por las municipalidades, tenemos denuncias de que en varias comunidades incluyendo Tizamarté, la ayuda solo la reciben los afiliados al partido Todos”, señaló Jeremias Hernández de Nuevo Día.

Buscamos la versión del alcalde Noé Guerra, pero se encontraba en una reunión y al llamarle a la hora acordada no respondió.

Mientras tanto en Tizamarté el problema de la sequía y la imposibilidad de movilizarse para trabajar se combinan con el hecho de que la ayuda en especie para las familias no ha sido igual, de parte del gobierno central el único programa que llegó fue el de una bolsa de 10 libras con víveres que el Ministerio de Educación (Mineduc) proporcionó a cada niño de primaria durante la primera quincena de abril.

La gran mayoría de personas de Tizamarté no tienen servicio de energía eléctrica, por lo cual automáticamente han quedado fuera del bono familia que entrega el Gobierno del presidente Alejandro Giammattei a las casas que consumen menos de 200 kilovatio hora en su factura de electricidad.

Los contagios de coronavirus en Chiquimula son pocos. Según los datos oficiales hasta el 12 de junio se registraron 39 casos en el departamento, 19 en la cabecera departamental, Camotán y Esquipulas reportan 6 casos confirmados cada uno y según la información de las redes comunitarias de Nuevo Día hasta la fecha no se reportan casos en las comunidades Ch’orti alejadas de los centros urbanos municipales.

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

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