Historias mínimas de solidaridad en la pandemia

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Por Leonel Barrios

Me he solidarizado con la gente que encuentro caminando cuando me movilizó en carro. Hoy por la mañana me encontré con esta señora de la tercera edad, tengo unos 10 años de verla caminar por las calles de la zona 8 de Mixco, vende periódicos por la vecindad y otras más lejanas. Cuando la encontré, volví a sentir esa ternura de siempre, por cierto mi hermana le compra el diario de vez cuando, para ella es un acto de solidaridad por la forma en que se gana la vida.

Cuento esto porque nadie lee ese tipo de diarios, los dejan ahí muchas veces sobre un sillón. Hoy que coincidimos en su salida, la alcance y le pregunté hacia dónde se dirigía y me contestó que a ciudad Peronia, una colonia que pertenece al municipio de Villa Nueva, decidí desviarme y le dije ¿la encamino?

En el camino, establecimos un diálogo rápido, me contó que en agosto cumple 69 años, durante la platica me habló sobre la necesidad del transporte público, quien conoce Peronia sabe que para poder llegar es necesario subir un gran cerro. Doña Carmen es madre de cinco hijos, tres hombres y dos mujeres. 

Me repitió tres veces, ahora que no hay bus descanso para subir cada día a mi casa. Al final del trayecto me dijo, los sábados estoy saliendo más tarde porque no hay transporte, no puedo ir por los periódicos porque quien me apoya con moto viene a la 9 de la mañana y a esa hora salgo. Agregó que “para andar en la calle, aun en toque de queda, tengo una carta de la prensa y me pongo el chaleco también, mi esposo murió a los 57 años por diabetes, no se cuidó”.

Cuando se despidió solo pude pensar que si aplicara lo del distanciamiento social en mi trabajo perdería mi humanidad y no podría ser solidario con las personas.

Autoría y edición

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