Día 18: La presencia de las hermanas Theissen puso nerviosos a los militares.

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Créditos: dia18

Texto y fotografías: Juan Calles

Es mayo, en la ciudad de Guatemala amanece con una luz gris y pesada, como una bruma de acero, hoy se celebra el Día de la Madre y las personas corren con regalos en las manos, con rosas rojas, con tarjetas melosas, hoy las madres guatemaltecas sonríen contentas, pero aquí en la sala de audiencias, en el piso trece de la  Torre de Tribunales, en una incómoda silla negra, la señora Emma Theissen Álvarez lucha con todas sus fuerzas por obtener justicia; ella no celebra, ella se pregunta en dónde está su hijo, en dónde está Marco Antonio.

Temprano en la mañana, los militares acusados y su equipo técnico legal se notaron nerviosos e impresionados por la presencia en la sala de audiencias de Emma Guadalupe Molina Theissen, incluso solicitaron al juez Pablo Xitumul retirar de la sala a Emma Guadalupe pues ya se encontraba representada, a lo que el juez se negó, así que ella tuvo la oportunidad de escuchar la declaración de Hugo Ramiro Zaldaña y Manuel Antonio Callejas y Callejas.

Zaldaña es reconocido por la señora Emma Theissen como la persona que se llevó a Marco Antonio cuando tenía catorce años. Zaldaña fue oficial S2 de la inteligencia militar, la G2, que cada uno de los guatemaltecos y guatemaltecas en edad adulta conoce alguna historia de lo temible que era esta unidad militar.

Mientras que Callejas y Callejas, líder indiscutible de la oscura G2, es el creador de estructuras militares paralelas al Estado, “La Cofradía” por ejemplo, a Callejas se le conoce como “El Cofrade mayor”, estructuras que durante el conflicto armado cometían actos aberrantes como la tortura y desaparición forzada y que después de la firma de la paz se sumaron a redes criminales de narcotráfico, secuestro y robo.

Zaldaña, El primero en declarar, parecía débil y confundido, con tono de abuelo triste comenzó a hablar sobre sus orígenes y pensamientos, recuerdos y añoranzas de la segunda guerra mundial. El juez Pablo Xitumul debió llamarle la atención para que se concentrara en hablar únicamente de los hechos por los cuales se le acusan. Tras repetir en diferentes ocasiones las mismas llamadas de atención, Zaldaña logró finalizar su declaración.

No recordaba nada de los manuales de guerra, sobre prácticas inhumanas en los interrogatorios, lo dijo en muchas ocasiones antes las preguntas de los querellantes, parecía que a Zaldaña se le estaban acabando las memorias. Sin embargo, al llegar el turno de los abogados defensores de preguntar, recordaba todas y cada una de las condecoraciones obtenidas con mucho detalle y efusividad. Parece que las memorias de Zaldaña son muy selectivas.

Durante las declaraciones de Callejas y Callejas, que se limitaron a los documentos encontrados y secuestrados de su casa de habitación, aseguró que son documentos que el utilizó para escribir la saga de tres libros llamada “Guatemala bajo asedio” y que son documentos que encontraron en campamentos guerrilleros abandonados y en casas de seguridad que la Policía Nacional allanaba para la inteligencia militar.

Ninguno de los abogados quiso interrogar a Callejas y Callejas, únicamente Antonio Anaya, su abogado defensor, el representante del Ministerio Público (MP) y un abogado querellante lanzaron algunas cuantas preguntas que obtuvieron respuestas intrascendentes.

Así finalizó este día de audiencia, en la sala se percibía una tensión agradable, porque era una tensión que identificaba los sentimientos de las personas, algunas muy tensas, conteniendo su enojo, su ira, otros más bien angustiados por las implicaciones legales e históricas de este juicio, otros asqueados por la evidente falsa senilidad, otros más compartiendo dulces a escondidas, la presencia de las mujeres de la familia Theissen impuso esa tensión agradable que marcó la audiencia el día de hoy.

Como colofón, los familiares de los acusados mientras esperaban el elevador que los llevaría al sótano de la Torre de Tribunales, cantaban una canción militar, una especie de himno para los soldados que se deben dar ánimos porque la moral ha estado baja, mientras los acusados cabizbajos y un tanto avergonzados, miraban hacia el número electrónico del elevador que ya se demoraba mucho en llegar a rescatarlos del bochorno.

Autoría y edición

Periodista

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