Ante la inocultable crisis de los hospitales -II-

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Créditos: Prensa Libre

Con el primer artículo sobre la crisis hospitalaria y la necesidad de habilitar otros espacios en momentos de una pandemia que afecta al país entero, he recibido opiniones diversas. Unas con un marcado sentimiento anti- sea antimilitar o antirreligioso o antigubernamental, pero sin abordar el centro del planteamiento original: los hospitales están a tope y no se dan a basto para atender a los pacientes de Covid-19. Y aún no llegamos al pico de la crisis.

El punto es que hay instalaciones que no se utilizan para este propósito de atender a los enfermos de COVID-19. Una de ellas, con razón se plantea, es el hospital militar. Es una vergüenza que al día de hoy no se encuentre a disposición del ministerio de salud para el uso que mejor se acomode a la crisis. Sea como centro de emergencia ante contagios, de cuidados intermedios o de enfermos graves que demanden atención en cuidados intensivos.

Pero el tema principal está dirigido hacia instalaciones modernas, que es coincidencia, están en poder de iglesias cristianas de diferente denominación. Lo de moderno, tiene que ver con el hecho que la iglesia católica tiene de manera general, templos antiguos, con infraestructura propia de la época en que fueron construidas, aunque cuentan con alguna instalación que también podría ser utilizada. Es el caso de las instalaciones de la conferencia Episcopal.

El centro de la propuesta es que se podría habilitar uno o varios de los espacios –ahora cerrados por la crisis- de manera transitoria mientras dura el periodo más crítico de la pandemia. Y puse el ejemplo de lugares como la Megafrater, que tiene todas las condiciones para poder convertirse en un hospital de emergencia. Tiene agua, instalaciones eléctricas, baños, salones, cocina, etc. Es cuestión de arroparla con camas, contratar personal médico y paramédico. Para eso hay recursos. Equipos más especializados, una vez pasada la crisis,  pueden dejarse en el sistema hospitalario estable.  Hay que advertir, que existe la necesidad de mejorar el sistema hospitalario nacional.

No comparto la idea de hoteles pues esto implica un gasto enorme que a mi juicio  apoya a los hoteleros, pero no atiende el fondo de la crisis. Adicionalmente ello nos llevaría a ver como los fondos destinados a la crisis, se irían sin retorno hacia los hoteleros. No es pensar en contra de estos pero si es considerar el ahorro de recursos como una norma que debe mantenerse y estimularse. De momento los hoteles pueden ser de alguna utilidad, pero a mi juicio es limitada.

Las construcciones de estas iglesias, lo mismo que clubes sociales, por ahora cerrados, pueden ser de enorme utilidad para la atención de enfermos de COVID-19. Es posible que haya voces que digan que eso es intervención, o que se trata de una forma de  expropiación velada. Nada que  ver. Se trata de espacios que ante la crisis, y las medidas que impiden la concentración de gente se mantienen, son espacios que incluso se pueden deteriorar por falta de uso.

La forma de más adecuada sería el de hacerlos hospitales transitorios, de emergencia. Es la mínima solidaridad que se puede pedir a las iglesias de las diferentes denominaciones. Que de algo sirva el diezmo y las limosnas, las ofrendas y todas esas formas de donaciones que reciben, que permiten construir templos que en momentos de necesidad no se encuentran del lado de la gente. Creo, finalmente, que esas instalaciones deberían ser ofrecidas de manera voluntaria y solidaria por los curas o pastores, sin necesidad de recibir presiones sociales o mediáticas.

https://prensacomunitaria.org/ante-la-crisis-inocultable-de-hospitales-i/

Autoría y edición

Escritor, activista social, catedrático, consultor y politólogo guatemalteco.

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