Premio de Poesía Editorial Praxis 2019 para Carlos Gerardo González Orellana

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Créditos: cg2

Por Leyvi Guzmán

El pasado 25 de septiembre el escritor guatemalteco Carlos Gerardo González Orellana fue declarado ganador del Premio de Poesía Editorial Praxis 2019. El premio que fue creado con el propósito de incentivar el trabajo literario de los escritores y poetas.

La editorial Praxis, una reconocida editora mexicana, propiedad del poeta guatemalteco Carlos López, que por décadas ha publicado y editado variedad de libros de diferentes autores no solo mexicanos sino también autores de habla hispana; realiza un concurso desde el 2008, año en que fue creado este galardón.

Del evento han resultado ganadores varios poetas. Este año el premio fue otorgado nada más y nada menos que a uno de los nuestros, al escritor guatemalteco, Carlos Gerardo González Orellana, por su poemario, “Intemperie. poemas y ruidos”. El reconocimiento le fue designado por que el jurado calificador consideró que a través de un lenguaje sencillo y cotidiano ilumina situaciones llenas de ruido de la sociedad actual. Orellana es ingeniero químico que ama la literatura y la filosofía.

González inició en el mundo de la literatura en la adolescencia, cuando se muda del Jícaro, departamento de El Progreso al departamento de Guatemala. En la ciudad la literatura era un lugar seguro y de dignidad al que podía llegar para asimilar los cambios y rechazos.

“Intemperie. Poemas y ruidos”, el trabajo con el que el guatemalteco participó busca mostrar el mundo que está en la calle. Está compuesto por poemas y fragmentos del habla cotidiana, transcripciones de diálogos que el vio y escribió. Trató de fotografiar las conversaciones de las personas y las cosas chocantes o que hacían ruido en ese momento, como las ofertas de empleos, anuncios de la sociedad de consumo. En el poemario quería transmitir no solamente su voz, si no la de varias personas.

“Me tomó por sorpresa el enterarme del premio porque lo saque de mi radar. Fue una sorpresa muy grata porque la editorial y el premio tiene mucho prestigio. No me gusta el juego de los premios porque se trata de someter tu trabajo al criterio de alguien más. Por lo único que me gustan es por la posibilidad de publicar. ”, compartió el poeta.

recuerdo frío

era noviembre

seguramente el sol teñía de malva el cielo de aquella tarde
mientras la gente esperaba cualquier bus que fuera al centro
cualquiera que bajara por la calzada Roosevelt
y que llegara al Trébol
después de que hubiera anochecido

un atardecer más / pensó
perdido entre el metal y el humo y la multitud amedrentada

lo que más recuerda de aquella tarde
es al muchacho nervioso
que estaba sentado junto a él

en aquel momento
no sabía que ese muchacho
se convertiría en un recuerdo
labrado en su memoria con la fuerza de la pólvora

tendría unos catorce
si mucho quince años
y sudaba tanto
que él llegó a pensar que estaba enfermo

llevaba un sudadero viejo
y metía sus manos en la bolsa delantera
como si tuviera frío

también recuerda al viejo que pasó vendiendo fruta
en una carreta
y a quien nadie le compró nada
y el viejo siguió caminando a pie
jalando junto con su vida la carreta pesada

entonces llegó un microbús blanco
y el muchacho
se levantó de prisa
lo vio
y se sentó de nuevo a su lado a su lado

es posible que ese microbús
no lo llevara al lugar donde él desea ir / pensó
aunque lo cierto era
que el chico no quería ir a ningún sitio

el siguiente microbús que paró
iba al mismo destino que el anterior

pero esta vez
el muchacho estaba seguro

sacó de su sudadero
una pistola negra
como la noche que se avecinaba
una máquina para matar a otras personas
de una oscuridad metálica hermosísima
que dejaba ver su peso
su gravedad fúnebre
su permanente silencio que como la muerte acechaba

recuerda la violencia con la que apuntó
contra el piloto del microbús
y sus ojos bestiales
completamente transformados
por un miedo rencoroso
mientras el arma estallaba en furia
entre el alboroto de las personas
y el vuelo escandaloso de los pájaros

cuatro veces disparó

las primeras tres fueron muy rápidas
el último disparo lo precedió un silencio breve
la sombra de una duda en un instante
o el atisbo de la misericordia

recuerda también el rostro del piloto
atizado de inmediato en el pánico
que luego se convirtió en dolor
que luego se convirtió en muerte

aún sonaban los disparos en sus oídos
cuando paró una motocicleta
que también era negra

su piloto tendría también catorce
tal vez quince años
pero el casco ocultaba su rostro acelerado

el muchacho volvió a meter el arma
en la bolsa del sudadero
se subió en la parte trasera de la moto
y los dos desaparecieron
sobre la calzada Roosevelt
mientras el sol teñía de rojo el horizonte
mientras la sangre del piloto
teñía de rojo
el polvo que aún se levantaba
del camino de tierra.

6 de octubre 2019

Autoría y edición

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