Créditos: imagen guerrilla
Imagen 1: Combatientes y jefes del EGP, entre ellos Ricardo Ramírez, César
Montes, Antonio Fernández Izaguirre, Guillermo Cruz, Celso Morales y Mario
Payeras. Montañas del Quiché, Guatemala, 1974. Fundación Rolando Morán

Durante décadas para conocer la historia de los primeros años del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), las pocas referencias bibliográficas se centraban en el testimonio de Mario Payeras en su libro “Los días de la selva” y, más recientemente, en el de César Montes “Mi camino fue la guerrilla”. El trabajo de Mario Vázquez y Fabián Campos, recientemente publicado por la revista Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina (EIAL), viene a sumarse a esas fuentes.

Centrado en dos episodios concretos, este trabajo permite conocer nuevos elementos de la conformación y primeros pasos del EGP. El primero, refiere el establecimiento de una red de colaboración centroamericana, en la que el presidente y comandante de la Guardia Nacional de Panamá, Omar Torrijos, tuvo un papel destacado, para trasegar armas por toda la región con miras al reinicio de la lucha armada durante la segunda mitad de la década de 1970; y segundo, en el intento de conformación de una guerrilla del lado del Ixcán mexicano, en el estado de Chiapas.

Mario Vázquez es profesor investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Historiador dedicado al estudio de la frontera México-Guatemala. Ha publicado diversos artículos y libros al respecto. También es especialista en historia de las relaciones México-Centroamérica y desde hace algunos años trabaja sobre historia de la guerra civil en Guatemala.

Fabián Campos Hernández es profesor de la Universidad Iberoamericana, Campus Santa Fe, en la ciudad de México. Se ha especializado en tema de historia de las relaciones internacionales de América Latina e historia de las organizaciones armadas de Centroamérica. Recientemente ambos investigadores publicaron el libro colectivo “México ante el conflicto centroamericano. Testimonio de una época”, editado por la UNAM.

El presente artículo es producto de sus investigaciones sobre la guerra civil en Guatemala. Prensa Comunitaria lo publica por considerar que es de vital importancia conocer de manera adecuada la historia reciente de Guatemala para poder entender los caminos y retos que enfrenta nuestro país.

Solidaridad transnacional y conspiración revolucionaria

Cuba, México y el Ejército Guerrillero delos Pobres de Guatemala, 1967-1976

Por Mario Vázquez Olivera y Fabián Campos Hernández

22 de septiembre 2019

Resumen

En este artículo mostramos cómo el surgimiento y los primeros pasos del Ejército Guerrillero de los Pobres de Guatemala se desarrollaron en un marco transnacional característico de la Guerra Fría latinoamericana. En particular hacemos un recuento de sus relaciones con el gobierno cubano, analizando el carácter y los alcances de ésta. También examinamos su presencia y actividades en México hasta 1976. El grupo guerrillero utilizó este país como plataforma operativa y punto de enlace con el movimiento revolucionario latinoamericano. El gobierno mexicano enfrentó esta situación siguiendo los esquemas de la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por el gobierno estadounidense.

Introducción

En agosto de 1976 la policía mexicana detuvo a un viajante guatemalteco en un punto de control migratorio en las inmediaciones de Tapachula, en el estado fronterizo de Chiapas. Aunque portaba sus papeles en regla, a Carlos Zetina le hallaron una libreta con anotaciones comprometedoras acerca de “una organización revolucionaria mexicana” y un paquete de tarjetas postales en el que ocultaba negativos fotográficos. La Dirección Federal de Seguridad (DFS) asumió la investigación de este caso. En el interrogatorio, Zetina declaró ser militante del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) de Guatemala y estar a cargo de una red de militantes y colaboradores de dicha organización en México. La información que proporcionó el detenido bajo fuertes presiones condujo a la captura de algunos de sus compañeros y le permitió a la DFS conocer las actividades que desarrollaba el EGP en territorio nacional.[1] Esta no era la primera ocasión en que autoridades mexicanas desarticulaban estructuras clandestinas de la guerrilla guatemalteca. Desde el inicio del conflicto armado en el país vecino, a principios de los años sesenta, los rebeldes establecieron redes de apoyo en México. Estas se dedicaban básicamente a facilitar la movilidad de militantes que entraban o salían de Guatemala y a adquirir y trasladar pertrechos de guerra. La inteligencia mexicana se mantuvo vigilante ante dicha actividad y en distintas oportunidades logró detener a los guerrilleros “chapines.”[2] Cada uno de estos eventos le permitió a la DFS obtener valiosa información e inhibir la actividad de los rebeldes. La caída de Zetina y sus compañeros reveló ante la DFS la existencia de una extensa trama de proyectos, conexiones y actividades conspirativas que involucraba no solo al EGP y sus colaboradores mexicanos sino también a otros grupos armados de Centroamérica y México e incluso a los gobiernos de Cuba y Panamá.[3]

Al contrastar los reportes policiales acerca de este caso con relatos testimoniales, documentos internos del EGP y entrevistas a veteranos de dicha organización guatemalteca, pudimos constatar la veracidad de aquella fuente y

precisar muchos datos. Pero sobre todo este ejercicio nos permitió situar dicho episodio en un contexto más amplio de activismo transnacional y de colaboración Sur-Sur para el impulso de la revolución en América Latina. Y es en este sentido que la trayectoria del EGP resulta sumamente ilustrativa. Su propio surgimiento en 1968 estuvo relacionado estrechamente con proyectos y determinaciones del gobierno cubano, y en su trayectoria inicial fueron importantes sus relaciones con Vietnam y Corea del Norte así como sus alianzas con partidos de izquierda y grupos armados de América Latina. Al respecto, nuestras indagaciones nos permiten aportar elementos sólidos acerca del vínculo entre Cuba y este grupo guerrillero—su carácter y sus alcances—en un periodo en el que presuntamente los líderes cubanos se habían distanciado de los esfuerzos insurreccionales en beneficio de su reinserción en el sistema interamericano.[4]

En cuanto a México, su territorio, su gente y su gobierno fueron factores de relevancia fundamental en la trayectoria del EGP. Para este y otros grupos rebeldes guatemaltecos, el espacio mexicano constituyó una importante plataforma operativa y en tiempos difíciles también se convirtió en un lugar de sobrevivencia. A la vez este país ofrecía condiciones propicias para entablar relaciones de colaboración solidaria, tanto entre el exilio y el refugio guatemalteco como entre diversos sectores de la sociedad y grupos políticos nacionales. Con el paso

del tiempo sería cada vez más importante la interacción del EGP con el Estado mexicano, la cual transitó de una etapa de franca hostilidad en los años setenta a otra de tolerancia y entendimiento político desde 1982 hasta la finalización del conflicto en 1996. Con estos elementos a la vista, en este trabajo nos proponemos examinar la presencia del EGP en el espacio mexicano durante los años iniciales de su desarrollo como organización político-militar; sus preparativos militares y actividades conspirativas así como su relación de solidaridad mutua con simpatizantes y colaboradores locales que se integraron a su red.

Hay un tercer aspecto que surge del examen de la trama descubierta en 1976 por la DFS. Este se refiere a los llamativos contrastes en la actuación frente a la insurgencia guatemalteca (y centroamericana en general) de tres gobiernos del área—México, Cuba y Panamá—, que se asumían a su manera como “naciona-listas” y “revolucionarios” pero que en el esquema polarizado de la Guerra Fría se hallaban situados en posiciones encontradas.[5] Tiene razón Tanya Harmer al destacar el carácter interamericano que asumió la confrontación Este – Oeste en nuestro continente. Al igual que esta autora, consideramos fundamental incorporar en el análisis “los roles transnacionales de las potencias latinoamericanas,” toda vez que estas no solamente “se apropiaron del lenguaje, objetivos e instrumentos típicos de la Guerra Fría” sino que fueron actores protagónicos “en el marco de un complicado conflicto donde se definiría el futuro de su propio continente”.[6] Nuestra investigación se inscribe en esta perspectiva.

Cuba, las FAR y los orígenes del EGP

El involucramiento de Cuba en el conflicto guatemalteco se inició de manera discreta poco tiempo después de haber triunfado la revolución, cuando a media-dos de 1959 el nuevo gobierno emprendió su primera campaña internacionalista en el Caribe y Centroamérica. Coordinada por los comandantes Ernesto “Che” Guevara y Raúl Castro, esta contempló el apoyo directo a incursiones armadas en Haití, Panamá, Nicaragua y República Dominicana.[7] Posteriormente, tras el desembarco de Playa Girón (1961) y la Crisis de Octubre (1962), el apoyo del gobierno de Cuba a la insurgencia guatemalteca se inscribió en el marco su confrontación estratégica con Estados Unidos.

Los primeros contactos entre el gobierno cubano y los grupos de oposición guatemaltecos se produjeron en 1959, cuando militantes del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT, comunista) y de otros partidos de centroizquierda acudieron a la isla para manifestar su solidaridad y en busca de apoyo para su causa. Algunos de ellos, como el ex presidente Jacobo Árbenz, derrocado en 1954, Augusto Charnaud, dirigente del Partido de Unidad Revolucionaria (PUR) y ex minis-

tro de Gobernación, así como el secretario general del PGT, Manuel Fortuny, permanecieron en Cuba varios años.[8] Por su experiencia personal de 1954, el “Che” Guevara le prestó una atención especial al caso de Guatemala. Varios de sus amigos guatemaltecos lo visitaron en Cuba, entre otros Julio Cáceres, Emilio Zea, Marco Antonio Villamar y Ricardo Ramírez. Todos ellos jugarían un papel relevante como hombres de confianza del comandante argentino en el impulso a los primeros proyectos guerrilleros en el país centroamericano. Por gestiones de Zea, en la Semana Santa de 1960 el “Che” invitó a Cuba al coronel Carlos Paz Tejada, ex ministro de Defensa de Árbenz, quien le expuso sus proyectos para iniciar la lucha armada a corto plazo. Ya para entonces el PGT había obtenido el apoyo de la dirigencia cubana para que algunos de sus miembros recibieran entrenamiento militar. Cáceres y Ramírez figuraban en ese grupo.[9]

Ese mismo año, políticos de oposición, estudiantes y elementos nacionalis-tas del ejército impulsaron un levantamiento para derrocar al general Miguel Ydígoras. A pesar de no lograr sus objetivos, los oficiales rebeldes fundaron el Movimiento Revolucionario 13 de noviembre (MR-13) y le dieron continuidad a la acción armada. Este fue el comienzo de la confrontación militar que ha-bría de extenderse por más de treinta años. Durante 1961 y 1962 estudiantes y miembros del sector juvenil del PGT recibieron entrenamiento en Cuba, entre ellos figuraban futuros cuadros y dirigentes guerrilleros como Julio César Macías (César Montes), Jorge Soto (Pablo Monsanto), Guillermo Paz, José María Ortiz Vides, Rigoberto Molina, Antonio Fernández Izaguirre.[10] Años más tarde varios de ellos participarían en la fundación del EGP.

En marzo de 1962 tuvieron lugar en la Ciudad de Guatemala fuertes protestas populares. De manera paralela el MR-13 trasladó su accionar a la capital del país y el coronel Paz Tejada, junto con otros militares y militantes del PUR y el PGT intentaron establecer dos destacamentos rebeldes en áreas rurales. Las llamadas guerrillas de Huehuetenango y Concuá fueron rápidamente desbaratadas por el ejército. En ellas participaron algunos de los primeros guatemaltecos que habían recibido entrenamiento en Cuba.[11] En agosto de ese año los líderes del MR-13, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Turcios Lima y Luis Trejo Esquivel visitaron Cuba. Allí se entrevistaron con el “Che” Guevara y el expresidente Árbenz.[12] Al parecer en este viaje se concretaron importantes acuerdos. A su regreso al país, el MR-13 se alió con el PGT y el “Movimiento 12 de abril” para constituir las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR).[13]

El gobierno cubano respaldó de forma consistente a esta organización guerri-llera, proporcionándole recursos económicos, entrenamiento militar, contactos políticos internacionales y apoyo operativo para la movilidad de sus militantes, sobre todo a través de su embajada en México.[14] Aunque Cuba no envió combatientes a Guatemala, entre 1963 y 1968 sus relaciones con las FAR fueron sumamente estrechas. Según reportes de la CIA, en ese periodo se entrenaron en Cuba más de doscientos cuarenta integrantes del grupo.[15] Muchos de ellos pasaron en la isla una larga temporada, establecieron amistad con funcionarios del Ministerio del Interior y formaron familias. Guerrilleras guatemaltecas fueron parejas sentimentales de importantes oficiales cubanos como Amado Padrón y Renán Montero. Asimismo, combatientes guatemaltecos participaron en operaciones especiales de la inteligencia cubana en distintos países. Entre la militancia de las FAR siempre se cultivó con orgullo la memoria de sus lazos con Cuba, acerca de los cuales hay numerosas referencias en diversas obras testimoniales.[16]

En el terreno político, el mejor momento de esta relación fue sin duda en 1966, cuando a principios de ese año el comandante en jefe de las FAR, Luis Turcios Lima, asistió en La Habana a la reunión de Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAL), y a instancias de Fidel Castro fue nombrado secretario adjunto de este organismo internacionalista. En ese viaje, Turcios y sus anfitriones hicieron planes para intensificar de manera sustantiva las acciones armadas en Guatemala, en sincronía con la campaña guerrillera que estaba a punto de emprender el “Che” Guevara en Sudamérica. A pesar de que el comandante de las FAR murió en octubre de ese mismo año, el jefe de la Dirección General de Inteligencia (DGI), Manuel Piñeiro –Barba-roja– siguió impulsando aquel proyecto conjunto en coordinación con RicardoRamírez.

También conocido en ese tiempo como Orlando Fernández y Rolando Morán, este es un personaje central de nuestro relato. Desde mediados de los añoscincuenta, Ramírez tenía amistad estrecha con Guevara y Raúl Castro.[17] Cuando la fundación de las FAR, era miembro de la comisión militar del PGT. Luego fue comisario político del frente guerrillero que comandaba Turcios Lima en la Sierra de las Minas hasta que en 1965 salió de Guatemala para tratarse de una afección pulmonar en Cuba. Durante los tres años siguientes que permaneció en la isla, estrechó relaciones personales y políticas con altos dirigentes cubanos, intelectuales y personalidades del movimiento revolucionario del Tercer Mundo. Aunque no ostentaba formalmente la representación de las FAR en el exterior ni ocupaba una posición en la estructura de mando de las FAR, tanto el “Che” como Piñeiro y el propio Fidel Castro lo consideraban su persona de mayor confianza en la guerrilla guatemalteca.[18]

El proyecto en que Ramírez trabajaba con Piñeiro contemplaba reforzar a las FAR con varias decenas de combatientes que se encontraban en Cuba preparándose en distintas especialidades militares. Para ello se estudió la posibilidad de transportarlos por mar hasta la costa guatemalteca, lanzarlos en paracaídas o infiltrarlos desde México. El retorno de cuadros altamente capacitados y formados políticamente en Cuba también apuntaba a consolidar la autonomía de la organización guerrillera y marcar distancia con respecto al PGT, al cual Ramírez y otros líderes rebeldes le achacaban un escaso compromiso con la lucha armada. Junto con otros compañeros que se hallaban de La Habana, Orlando Fernández elaboró una propuesta para las FAR que contemplaba romper con el Partido y replantear el rumbo estratégico de la guerrilla. Para el grueso de jefes y militantes de base del grupo guerrillero, dicho documento pasó desapercibi-do.[19] En esos momentos las FAR enfrentaban fuertes embates del gobierno, y de Cuba esperaban refuerzos militares no documentos de línea. No obstante, quien secundó los planteamientos de Ramírez fue el nuevo jefe de las FAR, comandante César Montes, que a mediados de 1967 viajó a Cuba para asistir a la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y ya no retornó a Guatemala.[20]

Betania

En agosto de 1968 la jefatura de las FAR en Guatemala destituyó a César Montes debido a su larga ausencia y por tener indicios ciertos de que fraguaba conRamírez fundar una nueva organización, aprovechando su relación privilegiada con el gobierno cubano. Ambos fueron amenazados de muerte si regresaban al país. Su respuesta fue proponerle a los combatientes que estaban en Cuba rom-per con las FAR y emprender la formación de un nuevo grupo insurgente. La mayor parte de ellos aceptaron. Eran cerca de treinta; algunos llevaban varios años en la isla y otros recientemente habían dejado sus estudios en Alemania Oriental para sumarse a la guerrilla. En los meses que siguieron, mientras el grupo disidente hacía preparativos para salir de Cuba, las FAR sufrieron duros golpes. Sus destacamentos rurales fueron desbandados. En la capital guatemal-teca murieron importantes cuadros y numerosos militantes, incluido el nuevo comandante en jefe, Camilo Sánchez. Asimismo se produjeron nuevas fracturas en el grupo de dirección.[21]

Por su parte, Montes y Ramírez creían contar con suficientes elementos para impulsar el nuevo proyecto revolucionario. Ciertamente, tenían el visto bueno y el apoyo de la dirigencia cubana. Inclusive, según algunos testimonios, Fidel Castro había autorizado que oficiales de la DGI reforzaran el contingente guatemalteco. Montes confiaba además en otro recurso. Previo a su salida del país había estado en contacto con misioneros norteamericanos que hacían labor pastoral en el departamento de Huehuetenango, quienes a su vez habían formado un colectivo de apoyo, el grupo Cráter, integrado por jóvenes cristianos de clase media alta radicalizados. Los religiosos se proponían impulsar un levantamiento indígena con respaldo armado de la guerrilla. Para apoyar la sublevación, desde tiempos de Turcios existía la promesa de Vietnam del Norte de aportar un importante lote de armas y municiones. El ofrecimiento era real, pero introducir en Guatemala esos pertrechos, así como trasladar el contingente guerrillero directamente desde la isla, requería de un enorme y complicado operativo de traslado. Para valorar la viabilidad de estos planes, durante 1967 la inteligencia cubana llevó a cabo exploraciones en las costas de Belice y Guatemala, así como en territorio mexicano. Por su parte Juan Lojo, el cuadro que fungía de enlace entre los misioneros norteamericanos, el grupo Cráter y César Montes, se instaló en una cooperativa del Petén con la misión de acondicionar una pista de aterrizaje y ubicar lugares favorables para un lanzamiento en paracaídas.[22]

Sin embargo, hacia finales del año se presentaron fuertes contratiempos. Un colega sacerdote denunció el plan sedicioso de los misioneros Maryknoll. Las autoridades tomaron cartas en el asunto y pronto identificaron plenamente a los implicados, que por tratarse de ciudadanos estadounidenses y jóvenes de familias acomodadas no fueron detenidos ni asesinados sino que les dieron un plazo perentorio para abandonar Guatemala. Por esta razón en los últimos días de 1967 los religiosos Marian Peters, Blase Bonpane, Arthur y Robert Melville, así como Lojo y los jóvenes del grupo Cráter, partieron a toda prisa rumbo a México.[23]

Por otra parte, dos meses antes había muerto en Bolivia el “Che” Guevara y esto motivó que el plan de desembarco quedara en suspenso. Al parecer todavía durante 1968 la DGI siguió estudiando posibles rutas para el traslado de los guatemaltecos, pero antes de terminar el año el proyecto se descartó de manera definitiva.[24] Era un operativo costoso y de alto riesgo. En las condiciones del momento, no le convenía a Cuba verse involucrada en otro incidente fallido como el de 1967 en Machurucuto, Venezuela.[25] El propio Fidel Castro les sugirió a sus amigos guatemaltecos que pospusieran el regreso a su país de forma indefinida. Sin embargo los fundadores de la nueva organización estaban convencidos de reincorporarse a la lucha. Decidieron moverse a México para reunirse con los jóvenes del grupo Cráter y organizar conjuntamente la infiltración a Guatemala. El contingente comenzó su retirada de la isla a principios de 1969.[26]

Este plan alternativo también implicaba grandes riesgos y desafíos. En México había que preparar la recepción del contingente. Era necesario conseguir aloja-miento, recursos económicos, documentos de identidad, pertrechos y armamento, y explorar posibles puntos de acceso a Guatemala a través de la frontera. Todo esto en medio de circunstancias hostiles e incluso peligrosas. Aún estaban frescos los acontecimientos de 1968. El ejército, los cuerpos policíacos y en particular la DFS estaban alertas ante cualquier indicio de actividad revolucionaria. Para hacer más efectiva la respuesta contrainsurgente, desde algún tiempo atrás el gobierno se había preocupado por mejorar la coordinación entre las distintas corporaciones. Desde luego la inteligencia política centraba su atención en los
círculos de izquierda y los movimientos sociales. Pero también tenía un ojo puesto en los exiliados guatemaltecos y los grupos armados del vecino país. Al respecto existían acuerdos con el gobierno estadounidense. Pero además, bajo la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) habían mejorado mucho las relaciones oficiales entre México y Guatemala. En correspondencia con ello también se habían desarrollado mecanismos de colaboración entre ambos países para darle seguimiento a las actividades de las FAR, el PGT y el MR-13. Como resultado de este acercamiento, durante la segunda mitad de los sesentas las autoridades mexicanas le asestaron varios golpes a sus estructuras clandestinas y redes de apoyo.[27] Así las cosas, el grupo guatemalteco debía llevar a cabo sus proyectos en México con sumo cuidado.

Una advertencia en tal sentido había sido la detención del padre Arthur Melville en abril de 1968 cuando buscaba hacer contacto con el obispo de Chiapas, Samuel Ruiz.[28] Su captura y expulsión del país motivó que los otros religiosos que habían llegado con él de Guatemala partieran de inmediato hacia Estados Unidos. Luego de ello se fracturó el grupo Cráter. Algunos de sus miembros se mantuvieron firmes en el propósito de integrase a un proyecto guerrillero, lo cual concretaron a partir de agosto tras reencontrarse con su compañero Gustavo Porras quien, después de haber pasado casi un año en Cuba recibiendo entrenamiento militar, había vuelto a México trayendo instrucciones para ellos. Cuando César Montes, Ricardo Ramírez y otros dos integrantes del núcleo de conducción llegaron al país en 1969, Porras y los sobrevivientes de Cráter ya habían avanzado en los preparativos para recibir al contingente que venía de la isla: organizaron una red de colaboradores, consiguieron algunas armas e ini-ciaron las exploraciones de la frontera con Guatemala. En ese momento crítico también fue muy importante la labor que desempeñó Aura Marina Arriola, esposa de Ramírez, que obtuvo algunos fondos y apoyo solidario en México y Europa para la naciente agrupación.[29] Cabe mencionar que esta no tuvo un nombre definitivo sino hasta 1974. Estando en México sus fundadores comenzaron a llamarla Nueva Organización Revolucionaria de Combate (NORC).[30]

El traslado desde Cuba fue un proceso gradual que se extendió por dos años. Había problemas prácticos con relación a los documentos de viaje y al trayecto mismo, el cual implicaba dar un rodeo por Europa. Además los cubanos mostraron poco interés en agilizar la salida de los guatemaltecos. Finalmente para 1971 la mayor parte del contingente estaba en México y se pudo echar a andar el plan de retorno a Guatemala. Este contemplaba la penetración de un destacamento guerrillero a través de la frontera con miras a asentarse en alguna región montañosa que prestara condiciones favorables para la implantación clandestina. De manera paralela otro grupo debía establecerse en la capital del país con la misión de armar redes de apoyo, reclutar militantes y extender el trabajo organizativo
a regiones aledañas. Asimismo se planeaba dejar en México algunos militantes para mantener una estructura de retaguardia.

César Montes y Rigoberto Molina encabezaron los preparativos para la in-filtración del destacamento rural. Se instalaron en Chiapas y compraron tierras en la zona fronteriza. En sus ranchos del Ixcán y el Patará se concentraron poco a poco los combatientes llegados de Cuba. También introdujeron un buen lote de carabinas M-1, municiones y otros pertrechos que habían adquirido en el mercado negro.[31] En cuanto al trabajo de penetración en la Ciudad de Guate-mala, miembros de Cráter realizaron las primeras misiones exploratorias. Cabe señalar que el origen de los recursos que permitieron a la NORC sufragar sus actividades en México nunca ha sido revelado. Según César Montes, entre 1969 y 1972 el grupo no recibió de Cuba “ni un centavo, ni un tiro, ni un arma, ni una sola comunicación”.[32] Si le damos crédito a dicha afirmación, significa que los guerrilleros guatemaltecos solventaron los gastos en México de otra manera, probablemente realizando operaciones de “recuperación económica”, pues los donativos de amigos y colaboradores no hubieran sido suficientes para comprar armas de guerra, vehículos, terrenos y además sufragar los gastos cotidianos del grupo.

En el tiempo que duraron los preparativos de retorno, los militantes de la NORC no enfrentaron problemas serios de seguridad. Los traslados de armas, pertrechos y personal desde el centro de México a la frontera chiapaneca, y sus demás actividades, transcurrieron sin contratiempos. En general se trataba de un grupo fuertemente cohesionado, la mayoría de sus miembros tenían experiencia de vida clandestina y habían pasado por rigurosos entrenamientos en Cuba, Vietnam y Corea del Norte. Tal vez gracias a ello lograron evadir a la policía mexicana. En ese tiempo otros revolucionarios guatemaltecos no corrieron con la misma fortuna. En marzo de 1971 fue arrestado en la Ciudad de México Percy Jacobs Fernández, que hasta hacía poco tiempo comandaba el frente urbano de las FAR y sobre el cual pesaba la acusación de haber participado en el asesinato del embajador de Estados Unidos en Guatemala. Tras interrogarlo duramente, la DFS lo entregó a las autoridades guatemaltecas junto con otros tres de sus compañeros. Poco después aparecieron sus cadáveres en las orillas del río Suchiate. Dos meses más tarde el comandante Marco Antonio Yon Sosa y otros dos combatientes del MR-13, fueron asesinados por militares mexicanos en un punto de la frontera, luego de haberse entregado sin ofrecer resistencia. Y en agosto del siguiente año fue desmantelada una estructura logística de las FAR. Entre los capturados estaba la esposa de Rodrigo Asturias, líder del Regional de Occidente, la cual escapó por poco de ser entregada a la policía guatemalteca.[33]

Imagen 2: Documentos de identidad de guerrilleros guatemaltecos en México. 1976. Fuente: AGN.

Estos hechos no dejaron de impactar a la gente de la NORC. En todos los casos se trataba de amigos suyos y compañeros entrañables. Cuando a principios de 1972 César Montes y su gente descubrieron a sujetos sospechosos merodeando por el rancho que ocupaban entraron en alerta y decidieron anticiparse a una sorpresa del ejército mexicano. El 19 de enero ocuparon por la fuerza instalaciones de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, destruyeron los equipos de radio, prendieron fuego a un par de avionetas y capturaron a dos presuntos informantes de la policía. Luego tomaron una lancha y remontando el río Xalbal se internaron en territorio de Guatemala. Eran quince combatientes. A decir de César Montes esta acción hostil para con el gobierno mexicano constituyó una represalia por el asesinato del comandante Yon Sosa. La prensa nacional divulgó la noticia de manera alarmista, reportando combates imaginarios en los que habrían perecido varios soldados mexicanos. Ciertamente tropas de México y de Guatemala realizaron operativos de rastrillaje de manera coordinada, pero no lograron dar con los rebeldes. La NORC, sin embargo, sufrió una baja muy sensible en aquella coyuntura. Rigoberto Molina, miembro de la dirección, fue capturado en Comitán pocos días después y no volvió a saberse de él.[34]

El ingreso prematuro del destacamento comandado por César Montes alteró por completo los planes de la NORC. Se suponía que la entrada a Guatemala debía haber sido sigilosa pero en cambio con esa acción el grupo rebelde había puesto en alerta a las autoridades de ambos países. No obstante la organización corrió con suerte. El foco guerrillero logró sobrevivir y consolidarse en la selva mientras que en México, salvo el caso de Molina, no hubo mayores problemas en lo inmediato. Durante los siguientes meses algunos combatientes que se habían quedado en el país, así como otros más que fueron llegando de Cuba, viajaron a Guatemala para sumarse a la lucha. En los años que siguieron la NORC mantuvo en México una presencia muy discreta. Ricardo Ramírez y unos cuantos militantes permanecieron en el Distrito Federal coordinando el traslado de personal y las comunicaciones con sus compañeros.[35] Aun así, México nunca dejó de ser un espacio fundamental para las actividades de dicha organización. Puede ser sólo una anécdota, pero hay algo que resume la importancia que tuvo este país en el nacimiento del grupo insurgente. En la correspondencia clandestina de la NORC se le asignaron nombres clave a todos los lugares que eran mencionados. La capital guatemalteca fue llamada Lindavista; la selva del Ixcán, Altagracia; Cuba, Heredia.[36] De manera significativa alguien decidió que la clave para México fuera Betania, el pueblo en Tierra Santa donde Jesús hizo el milagro de resucitar a Lázaro.

Bajo la estrella del “Che”

El curso inesperado de los acontecimientos parece haber afectado fuertemente a Ricardo Ramírez en lo personal y lo político. Durante 1973 permaneció algunos meses en París colaborando con Régis Debray en su libro sobre la experiencia guerrillera latinoamericana.[37] También estuvo en La Habana para limar asperezas y valorar con Piñeiro las perspectivas de la NORC. En esa ocasión se esbozaron proyectos de un apoyo sustantivo a mediano plazo cuya realización dependía en gran medida de que el grupo lograra fortalecerse en Guatemala, pero también de otros factores relativos a la coyuntura latinoamericana y a las propias definiciones del gobierno cubano que en ese momento estaba empeñado en normalizar sus relaciones con los países del continente. Entre tanto el apoyo a la NORC seguiría limitado a la entrega ocasional de algunos miles de dólares a través de la embajada en México.[38]

A mediados del año Ramírez se encontraba de vuelta en México. Unos meses después se trasladó a Guatemala por convocatoria de sus compañeros.

Para entonces el destacamento rural había crecido con la incorporación de algunos campesinos, los combatientes llegados de México y nuevos reclutas de procedencia urbana. Además de consolidar su pequeña base de operaciones en la selva fronteriza, los guerrilleros habían ampliado su presencia a las montañas del Quiché, logrando el apoyo de comunidades indígenas. Habían llevado a cabo este desarrollo en relativo secreto. Luego del incidente del 19 de enero procuraron evitar enfrentamientos con fuerzas enemigas. En la capital guatemalteca tampoco se realizaron acciones armadas ni había habido choques con los cuerpos de seguridad. Al considerar que el proceso de inicial de implantación se había completado con éxito, la NORC decidió pasar a una nueva fase. En abril de 1974 hubo una reunión plenaria de la dirección nacional donde se solventaron algunas diferencias internas y se trazó el nuevo rumbo a seguir. También se dispuso acelerar los preparativos para dar a conocer públicamente la existencia de la nueva organización revolucionaria. Al respecto la dirigencia guerrillera decidió darle a la NORC su nombre definitivo: Ejército Guerrillero de los Pobres.

Este recordaba al del Ejército Guerrillero del Pueblo, de Argentina, formado en 1964 por el “Che.” En el mismo tenor, la organización guatemalteca adoptó como emblema la efigie del “guerrillero heroico” e hizo suyo el lema “Hasta la victoria siempre.” Tal apropiación simbólica afirmaba expresamente la filiación guevariana del EGP. También era una referencia a sus orígenes en el marco de los esfuerzos cubanos por impulsar la revolución en América Latina en los años sesenta, de los cuales la figura del revolucionario argentino era un referente icónico. Este no es un exceso interpretativo de parte nuestra. Como veremos en seguida, en ese momento particular, reivindicar al paladín del internacionalismo latinoamericano tenía un sentido muy directo para el EGP. De hecho en la reunión de abril la Dirección Nacional aprobó echar a andar dos proyectos que tenían fuertes resonancias guevarianas. Uno consistía en desarrollar conjuntamente con la inteligencia cubana un mecanismo de abastecimiento logístico para Guatemala y Centroamérica. El otro era impulsar la formación de un nuevo grupo guerrillero mexicano que debía operar en Chiapas y otros estados del sureste.

Acerca de estos casos no existen referencias precisas en la bibliografía especializada ni en obras de carácter testimonial. Los hemos reconstruido con base en los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad pero sobre todo a partir de correspondencia interna del EGP y la colaboración de algunos testigos.[39] La información que contienen estos documentos es sumamente fragmentaria y bue-na parte de ella está codificada. Solo después de una labor minuciosa logramos establecer con claridad los datos fundamentales. Para mayor claridad decidimos exponerlos de una manera sintética y directa.

La ruta de Panamá

En 1969 el gobierno cubano inició un acercamiento con el líder panameño Omar Torrijos a través de la Dirección General de Inteligencia. Esto apuntaba a ir preparando condiciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Pero sobre todo tenía el propósito de estrechar la amistad y establecer “una alianza política y revolucionaria” entre Cuba y Panamá.[40] En el marco de esta alianza los cubanos se propusieron involucrar a Torrijos en el apoyo a los movimientos revolucionarios de Centroamérica. Como principal encargado de esta labor fue designado Norberto Hernández Curbelo, el mismo oficial que anteriormente había estado a cargo de coordinar el apoyo a la guerrilla guatemalteca y que era amigo cercano de los dirigentes de la NORC. Junto con él fue enviado a Panamá el periodista y poeta guatemalteco Arqueles Morales como corresponsal de la agencia noticiosa cubana Prensa Latina. Morales era un antiguo militante del sector juvenil del PGT que había estudiado cine en Alemania Oriental. Luego en Cuba se había ligado al núcleo fundador de la NORC entre quienes tenía buenos amigos. Sin embargo fue reclutado por el comandante Piñeiro para colaborar con la DGI. Morales jugó un papel destacado en el acercamiento con Torrijos e hizo pareja con una funcionaria panameña muy allegada al general.[41] En 1973, cuando Ricardo Ramírez estuvo en La Habana, Piñeiro lo puso al tanto de estos avances, y le planteó la posibilidad de que más adelante Torrijos le diera algún apoyo a la guerrilla guatemalteca.[42]

El momento propicio se presentó a principios de 1974 cuando, a petición expresa de Morales, Torrijos le ofreció ayuda económica al EGP, aunque no armas, pues en caso de llegar a manos del gobierno estadounidense se podría rastrear su procedencia. Para concretar el trato viajó varias veces a Panamá Antonio Fernández Izaguirre, miembro de la Dirección Nacional del EGP que había residido en Cuba desde principios de los sesentas y conocía bien a Arqueles Morales y al propio Hernández Curbelo. En vista de la renuencia de Torrijos con relación a las armas, el agente cubano propuso un mecanismo alternativo, que Panamá permitiera el paso de armamento cubano a través de su territorio, cosa que el general aceptó de buen grado.[43]

Esta noticia la recibió la dirección del EGP cuando se hallaba celebrando la reunión plenaria de 1974. La posibilidad de contar con armas y recursos económicos de Cuba y Panamá fue sin duda un factor que gravitó en su decisión de salir a la luz pública. En mayo Fernández Izaguirre acudió a entrevistarse con Torrijos para sellar el acuerdo. Después viajó a la isla para informarle a Piñeiro la situación de Guatemala, solicitarle cien mil dólares y comunicarle la resolución de iniciar acciones militares en cuanto llegara a sus manos el armamento prometido. Durante los siguientes meses el EGP se abocó a preparar el operativo logístico. En México fue adquirida una casa rodante que se acondicionó para el efecto. Por su parte los cubanos descargaron las armas en Panamá y de allí las trasladaron a Costa Rica. Para ello contaron con la colaboración del Mo-vimiento Revolucionario del Pueblo, una organización radical que en los años setenta participó en operaciones clandestinas de solidaridad con organizaciones guerrilleras de Guatemala, El Salvador y Nicaragua. En los primeros meses de 1975 militantes del EGP realizaron al menos dos viajes desde México a Costa Rica para recoger los envíos cubanos.[44] Recibir este armamento fue de gran importancia para el inicio de sus actividades militares. El 7 de junio el grupo revolucionario anunció su aparición reivindicando públicamente su primera acción armada, el ajusticiamiento del famoso finquero de extrema derecha José Luis Arenas, el “Tigre del Ixcán.”

Durante los siguientes años el EGP continuó utilizando esta ruta logística, viajando periódicamente a Costa Rica y Panamá para abastecerse de armas y municiones. Este mecanismo que se implementó por vez primera en función de respaldar el surgimiento del EGP, algunos años más tarde se convirtió en un recurso fundamental para el impulso de la guerra revolucionaria en Nicaragua y el Salvador.[45] En esa medida fue también un factor determinante en el posicionamiento de Cuba y Panamá como actores protagónicos de la Guerra Fría latinoamericana, que tuvo en Centroamérica uno de sus principales escenarios.

La guerrilla de Claudio

Desde principios de la década de 1960, los grupos guerrilleros guatemaltecos tuvieron presencia en México y contaron con la solidaridad de numerosas personas, tanto en el ámbito del exilio guatemalteco como entre distintos sectores de la población mexicana. Tal fue el caso de la NORC. Desde su llegada al país en 1968 los integrantes del grupo Cráter contactaron con amigos y familiares y comenzaron a construir una primera red de colaboración. En esto jugó un papel muy importante la familia guatemalteca Solórzano Foppa. Varios de sus miembros fueron de los primeros reclutas de la organización guerrillera en México. Con la llegada del contingente proveniente de Cuba la red se amplió a partir de contactos y amistades que algunos militantes tenían en el país desde tiempo atrás.[46] Durante los años que duraron los preparativos para el retorno a Guatemala, los lazos entre la NORC y sus colaboradores locales se fueron estrechando. Varios de ellos se incorporaron formalmente como militantes del grupo armado. Incluso algunos llegaron a tener una larga trayectoria en las filas del movimiento revolucionario guatemalteco. Tanto la colaboración solidaria como la participación directa de nacionales mexicanos en la NORC fueron asumidas por ambas partes como una

expresión concreta y consecuente del internacionalismo proclamado por el “Che.” Pero de manera significativa, los dirigentes de la organización entendieron esto como un proceso de doble vía. Así como habían recibido el respaldo de Vietnam, Corea del Norte y Cuba, ellos a su vez asumían el compromiso de apoyar, en la medida de sus posibilidades, a otros grupos y movimientos revolucionarios. En este sentido, su principal alianza en Centroamérica fue desde un principio con las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) de El Salvador, organización con la cual establecieron relaciones muy estrechas en el aspecto militar, e inclusive le compartieron algunos de los recursos financieros proporcionados por Cuba.[47]

En cuanto al movimiento armado mexicano, los fundadores de la NORC mantuvieron una distancia crítica. Si bien manifestaban respeto por la guerrilla guerrerense y sus principales dirigentes, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, su opinión acerca de la Liga Comunista 23 de Septiembre era francamente negativa, por lo tanto se rehusaron a entablar contacto con este grupo.[48] No obstante, tras la implantación del destacamento de la NORC en la selva del Ixcán, Ricardo Ramírez gestó el plan de promover la formación de una guerrilla hermana en México con la idea de que operara de manera inicial en la zona fronteriza del estado Chiapas. No se trataba de crear una estructura de retaguardia para el grupo guatemalteco. Esta iniciativa tenía como trasfondo la previsión de que, a mediano o largo plazo, la intensificación de la guerra revolucionaria en Centroamérica podría dar lugar a un escenario de regionalización en el cual el movimiento de las fuerzas militares de uno y otro bando tenderían a desbordar las fronteras nacionales.[49] La cuestión fue discutida por la dirección nacional en su reunión plenaria de 1974. Entre los acuerdos que se tomaron en esa ocasión quedó estipulado que una de las funciones prioritarias que debía atender la sección del EGP en Betania era el desarrollo de “relaciones políticas de solida-ridad, coordinación, actividad conjunta y unidad de acción internacionalista” con organizaciones revolucionarias mexicanas bajo “normas muy estrictas de seguridad y compartimentación.”[50] De este modo se formalizó internamente la iniciativa de Ramírez con respecto a México.

A finales de 1974, Antonio Fernández Izaguirre se hizo cargo de la sección mexicana del EGP. Además de mantener la relación con la embajada cubana, su principal encargo fue atender políticamente a los colaboradores mexicanos con los que se tenía contemplado formar el grupo armado. Cabe mencionar que esta iniciativa no contaba con la aprobación ni el respaldo de Cuba. Incluso en cierta ocasión que Fernández se reunió con Piñeiro en la capital mexicana para cuadrar el asunto de Panamá, salió a relucir el tema y los cubanos le advirtieron “que si me estaba relacionando con los residentes, acabarían partiéndome el trasero.” [51] No obstante el EGP continuó con su empeño.

Quien encabezó este esfuerzo fue Isaías Rojas Delgado (Claudio), escritor, compositor y maestro de música que en los años sesenta había formado parte del Movimiento Revolucionario del Pueblo. Esta organización, dirigida por el periodista Víctor Rico Galán, había sido desmantelada por la DFS en 1966, cuando se hallaba apenas en proceso de conformación. Por su involucramiento con el MRP, Claudio estuvo encarcelado cerca de seis años. Al salir de prisión una amiga cercana lo puso en contacto con la NORC y de inmediato se sumó a sus redes de apoyo.[52] Durante la segunda mitad de 1974 Claudio estuvo en Gua-temala, donde además de recibir entrenamiento guerrillero de manera intensiva pudo compartir experiencias con los combatientes rebeldes y compenetrarse con la línea estratégica del EGP. En marzo de 1975 regresó a Betania con miras a iniciar la formación del grupo mexicano, entusiasmado, como le dijo a César Montes, por la posibilidad concretar “los ‘dos, tres Vietnams…’ de que hablóel inmortal comandante Guevara.”[53]

En el proyecto se involucraron otros colaboradores del EGP, entre ellos Fernando, un padre carmelita relacionado con el obispo de Cuernavaca, SergioMéndez Arceo, y su pareja, una ex militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre que recién había salido de dicha organización. También se incorporaron al núcleo inicial amistades de Claudio, como la cantante de protesta Judith Reyes y otros ex militantes del MRP. Por medio de estos últimos la red se extendió a sindicalistas de Coatzacoalcos y Ciudad Sahagún, y a maestros y estudiantes de la normal rural de Mactumatzá, en Tuxtla Gutiérrez. Por su parte Fernando proporcionó otros contactos en Chiapas, a partir de su relación con la diócesis de San Cristóbal. El trabajo organizativo avanzaba poco a poco. Cuando Carlos Zetina se hizo cargo de la sección de Betania a mediados de 1976, ya se estaba contemplando la instalación de dos pequeños grupos en los poblados chiapa-necos de Altamirano y Tziscao, para comenzar a explorar la Selva Lacandona.[54]

La caída de Zetina Baldizón en el mes de agosto dio lugar al desmantela-miento de la estructura del EGP y también vino a dar al traste con el trabajo desarrollado hasta entonces por el grupo de Claudio. La DFS capturó por lo menos a una decena de personas entre militantes de la guerrilla guatemalteca e integrantes de la incipiente organización mexicana. De los primeros, además del propio Zetina, que era el jefe de la sección de Betania, fueron detenidas dos antiguas militantes de las FAR y fundadoras del EGP, Estela y Aura Marina Arriola. También cayeron presos Claudio, Fernando, su esposa y otros de sus compañeros. Su captura dio lugar a reclamos y muestras de solidaridad dentro y fuera de México.[55] La mayor parte de ellos permaneció alrededor de dos se-manas en un centro de detención de la DFS, otros pasaron allí alrededor de un mes. Luego de ello, fueron liberados y expulsados del país, rumbo a Europa y Canadá, inclusive los mexicanos.[56]

La documentación requisada permitió a las autoridades comprobar el involucramiento cubano en las actividades del EGP e identificar a diversos agentes de Piñeiro que operaban en México y Panamá bajo cobertura diplomática. Sin embargo no hallaron nada en esos papeles que ligara a los cubanos con aquel fallido intento de formar una guerrilla en el sureste mexicano. Para el EGP este fue un golpe considerable, no solo por las capturas sino también por el costo político que ello representó en su relación con Cuba. Aun así, la organización guatemalteca no tardó en retornar a México y reconstruir su estructura de colaboradores mexicanos. Aunque al parecer la idea de auspiciar la formación de una guerrilla hermana en este país quedó descartada por completo.

Coda

Durante la segunda mitad de los años setenta el EGP experimentó un crecimiento extraordinario. A principios de los ochenta llegó a ser la organización revolucionaria más importante de Guatemala. Conocer su trayectoria resulta fundamental para comprender el desarrollo del conflicto armado en ese país centroamericano. Y en esa historia tienen un papel central sus vínculos transnacionales. Cuando el ejército guatemalteco emprendió sus grandes ofensivas de 1982-1983, los combatientes del EGP y una buena parte de sus bases de apoyo encontraron refugio seguro en territorio mexicano. Esa vez, al contrario de lo que había sucedido en los años setenta, su entendimiento con el gobierno de México fue un factor determinante para poder continuar la lucha. En cuanto a su relación con Cuba, esta nunca dejó de ser para este grupo insurgente un factor fundamental, a pesar de que a lo largo de los años tuvo sus altas y sus bajas. Cuando en 1996 se firmó la paz en Guatemala y los combatientes permanecieron acuartelados en puntos de concentración previamente al desarme, en los campamentos del EGP ondeaban juntas las banderas de Cuba y Guatemala.

En cuanto al papel del gobierno cubano en la gestación y desarrollo del EGP, lo que mostramos en este trabajo puede aportar elementos para poner en perspectiva ciertas afirmaciones genéricas sobre la disminución de su apoyo a las guerrillas latinoamericanas tras la muerte del “Che” Guevara. Como afirma Tanya Harmer, siguiendo a Michael Erisman, el esfuerzo que emprendió Fidel Castro desde finales de los sesenta por sacar a Cuba de su aislamiento no significó reemplazar el “mesianismo revolucionario” por el pragmatismo diplomático, pues una y otra tendencia siguieron orientando la política exterior cubana.[57] Como muestra el acuerdo con Torrijos para dotar de armamento a la guerrilla guatemalteca, en este caso el acercamiento diplomático y la búsqueda de alianzas en función de su reinserción al sistema interamericano por parte de

Imagen 3: Combatiente del EGP en un campamento de desmovilización de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Ixcán, Guatemala,1996. Fundación Rolando Morán

Cuba no estuvo exento de segundas intenciones de carácter conspirativo.[58] Y, al parecer, aun cuando en el apoyo a la insurgencia centroamericana hubiera cierto “mesianismo,” se trataba realmente de una decisión pragmática. Tanto Cuba como Panamá encontraron en ello un recurso importante para posicionarse como actores autónomos –y protagónicos– en el contexto del conflicto regional y de su compleja relación con las potencias globales.

En términos generales esto aplica también para el caso de México. A diferencia de Cuba, cuyo apoyo a la guerrilla guatemalteca fue una acción deliberada en el marco de su política continental—y de su enfrentamiento con Estados Unidos—, para el gobierno de México interactuar con la insurgencia guatemalteca fue resultado de circunstancias imprevistas. Aunque en un principio el gobierno de este país se alineó con la política de Seguridad Nacional impulsada por Washington, sus reacciones a la presencia y actividades clandestinas de los revolucionarios guatemaltecos en su territorio nunca respondieron por completo a los intereses y posturas de Estados Unidos ni satisficieron las demandas del gobierno de Guatemala. Un ejemplo claro lo presenta el tratamiento dado por la DFS a Zetina Baldizón y a sus compañeros, pues a pesar de las golpizas y malos tratos que les dieron, no los entregó a la policía guatemalteca ni los encarceló como en otras ocasiones, sino que optó por expulsarlos a terceros países. Conforme se fue profundizando el conflicto en Centroamérica, el gobierno mexicano llegó a la misma conclusión que el de Panamá: mantener relaciones políticas con las guerrillas de la región y brindarles cierto apoyo podría reportarle fuertes dividendos tanto en materia de política interior como en su proyección internacional. Esta enseñanza fue fundamental para definir el posicionamiento del presidente José López Portillo (1976-1982) ante la crisis centroamericana y en el replanteamiento de la interacción con Estados Unidos. El importante rol jugado por México ante dicha coyuntura fue resultado de entender en toda su complejidad las dinámicas cambiantes de la Guerra Fría Latinoamericana.[59]


[1] DFS, “Ejército Guerrillero de los Pobres de la República de Guatemala”, 1º de octubre, 1976. Archivo General de la Nación (AGN), Galería 1, exp. 12-20-76, L-3.

[2] Fabián Campos Hernández, “La Dirección Federal de Seguridad y los revolucionarios guatemaltecos, 1947 – 1985”, en Mario Vázquez Olivera y Fabián Campos Hernández,México ante el conflicto centroamericano. Testimonio de una época (México: CIALC/UNAM – Bonilla Artigas Editores, 2016), pp. 145 – 167.

[3] “Involucramiento cubano con el EGP tanto en México como en otros países”, 1977, AGN, Galería, exp. 12-20-77, L-6.

[4] Tanya Harmer, “Two, Three, Many Revolutions? Cuba and the Prospects for Revolutionary Change in Latin America, 1967-1975”, Journal of Latin American Studies, 45 (2013),61-89; Dirk Kruijt, “Cuba and the Latin American Left: 1959 – present”, Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, 28:2 (2017), pp. 30 – 53.

[5] Renata Keller, Mexico’s Cold War. Cuba, the United States and the Legacy of the Mexican Revolution (New York: Cambridge Univesity Press, 2017), pp. 5-6.

[6] Tanya Harmer, “Chile y la Guerra Fría interamericana” en Tanya Harmer y Alfredo Riquelme Segovia, (eds.), Chile y la guerra fría global (Santiago: RIL Editores, 2014),221 y 223.

[7] Jonathan Brown, Cuba’s Revolutionary World (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2017), pp. 59-68.

[8] Roberto García Ferreira, “La CIA y el exilio de Jacobo Árbenz”, en Perfiles latinoa-mericanos, 28 (julio-diciembre 2006), pp. 59-82. Marco Antonio Flores, Fortuny: un comunista guatemalteco (Guatemala: Editorial Oscar de León, 1994), p. 177. DFS, “In-forme del Coronel DEM, Manuel Rangel Escamilla, Director de la DFS”, 10 de mayo, 1962, Galería 1, exp. 11-43, L 3.

[9] Carlos Figueroa Ibarra, Paz Tejada, militar y revolucionario (Guatemala: USAC, 2001),312, 365. Entrevistas a los comandantes César Montes, Guatemala, 2015, y Pablo Monsanto, Guatemala, 2016.

[10] Guillermo Paz Cárcamo, Insurrectos (Guatemala: s/e, 2017), p. 146. Chiqui Ramírez, Laguerra de los 36 años vista con ojos de mujer de izquierda, 3ª. ed. (Guatemala: Ingrafic, 2012), p. 97.Entrevistas con los comandantes César Montes, Guatemala, 2015, y Pablo Monsanto, Guatemala, 2016. Los nombres que aparecen en cursivas son pseudónimos nombres de guerra.

[11] Carlos Figueroa Ibarra, Paz Tejada, pp. 396-397.

[12] Carlos Figueroa, Guillermo Paz y Arturo Taracena, “El primer ciclo de la insurgencia revolucionaria en Guatemala (1954-1972)”, en Virgilio Álvarez et al. (eds.), Guatemala: historia reciente (1954-1976). Tomo II. La dimensión revolucionaria (Flacso: Guatemala,2013), p. 54.

[13] El “Movimiento 12 de abril” era un frente de masas formado por el PUR, el sector juvenil del PGT y otros partidos de oposición, el cual encabezó las protestas contra el fraude electoral cometido en las elecciones legislativas de 1961.

[14] Según reportes de inteligencia estadounidenses, en 1963 Cuba destinó 200 mil dólares para apoyar a las FAR y 50 mil dólares para el PGT. Agencia Central de Inteligencia, “Cuban Subversion In Latin America”, 23 de abril de 1965. Disponible en https://www. cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP79-00927A004800110002-8.pdf

[15] CIA, “Intelligence Handbook Special Operations Guatemala”, junio de 1967. Disponible en https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP80-01444R000100090001-9. pdf

[16] Miguel Ángel Sandoval, La Habana era una fiesta (Guatemala: Editorial Cultura, 2014); Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla. La apasionante autobiografía del legendario combatiente centroamericano César Montes (México: Planeta, 1998); AuraMarina Arriola, Este obstinado sobrevivir. Autoetnografía de una mujer guatemalteca (Guatemala: El Pensativo, 2000); Guillermo Paz Cárcamo, Insurrectos. Chiqui Ramírez, La guerra de los 36 años.

[17] Lamentablemente no se ha escrito una biografía de este importante dirigente revolucionario latinoamericano. Ricardo Ramírez de León fue dirigente estudiantil y miembro del sector juvenil del PGT. Entre 1954 y 1962 participó en la dirección de la Federación Mundial de la Juventud Democrática. En este ámbito entabló relaciones con dirigentes comunistas y militantes de izquierda de numerosos países, entre otros los cubanos Raúl Castro y Jorge Risquet, con quienes mantuvo una estrecha amistad. Con Ernesto Guevara entabló relación en 1954, cuando ambos se hallaban refugiados en la embajada de México, tras el derrocamiento de Árbenz. En Cuba, él y su esposa Aura Marina Arriola fueron muy allegados al guerrillero argentino. El “Che” fue padrino de su hijo mayor, Ricardo Ernesto. Jorge Ramírez Anderson, “Rolando Morán: la vida es lucha y se lucha siempre”, en Construyendo caminos. Tres documentos históricos de la guerrilla guatemalteca (Guatemala: Centro Rolando Morán, 2008), pp. 13-14. Aura Marina Arriola, Ese obstinado sobrevivir, p. 55.

[18] Esta confianza se hizo evidente al incluirlo en el grupo organizador del encuentro de la OSAPAAL celebrado en La Habana en 1966. En esta labor y en el encuentro mismo Ramírez jugó un papel destacado. Roger Faligot, Tricontinental. Quand Ché Guevara, Ben Barka, Cabral, Castro et Hô Chi MInh préparaient la révolution mondiale (1964-1968) (Paris: La Découverte, 2013). Agradecemos al Dr. Arturo Taracena habernos compartido algunos datos sobre la trayectoria de Ramírez y esta referencia en particular.

[19] Guillermo Paz Cárcamo, Insurrectos, p. 342.

[20] Orlando Fernández, “Situación y perspectivas del movimiento revolucionario guatemalteco”, Pensamiento Crítico, 15 abril de 1968, pp. 3-44.

[21] Carlos Figueroa, Guillermo Paz y Arturo Taracena, “El primer ciclo de la insurgencia”, p. 90. Entrevista a César Montes, Guatemala, 2015.

[22] CIA, “Plans of the Melville brothers’ group for revolutionary action against the Guatemalan government, as related by an adherent of the group”, 5 de febrero de 1968, disponible en https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/DOC_0000653028.pdf. Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla, pp. 159-195. Chiqui Ramírez, La guerra de los 36 años, p. 205.Entrevistas a César Montes, Guatemala, 2015, y Juan Lojo, México, 2017.

[23] Carlos Santos, El silencio del gallo. Un misionero español en la guerra más cruenta de América (Madrid: Debate, 2006). Entrevistas a Gustavo Meoño, comandante Manolo,Guatemala, 2015, y Juan Lojo, México, 2017.

[24] Entrevistas a Gustavo Meoño, Guatemala, 2015, y Otoniel Recinos, comandante Sergio, Guatemala, 2015.

[25] En mayo de 1967 en un fallido desembarco de guerrilleros venezolanos en las costas de Venezuela murió un oficial cubano y otros dos fueron capturados. A raíz de este incidente, Venezuela rompió relaciones diplomáticas con Cuba. Pedro Pablo Linárez (comp.), El apoyo cubano a la lucha armada en Venezuela (Barquisimeto: Universidad Bolivarianade Venezuela, 2007).

[26] Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla, p. 199.

[27] Fabián Campos, “La Dirección Federal de Seguridad”.

[28] “Expulsión del norteamericano Arthur Gerard Melville”, 9 de abril, 1968, AGN, Galería 1, Exp. 12-20-68, L. 3. “Asunto: estado de Chiapas”, 23 de mayo, 1968, AGN, Galería 1, Exp. 1143-68, L-4.

[29] Entrevistas a Arturo Taracena, México, 2015, y Gustavo Meoño, Guatemala, 2015. La inteligencia cubana no dejó de ver con desconfianza que, en su búsqueda de solidari-dad, Arriola hubiera entablado relaciones con intelectuales y grupos de izquierda que eran críticos de Castro. Pero en este y otros casos significativos la NORC mantuvo su independencia de criterio. Aura Marina Arriola, Ese obstinado sobrevivir, pp. 78-83 y pp. 168-187.

[30] En algunos de sus documentos de esta época, el grupo a veces asumía como nombre Guerrilla Edgar Ibarra, en referencia al frente de las FAR que había comandado Turcios Lima, al cual habían pertenecido varios miembros de la NORC.

[31] Sobre las actividades de la NORC en México entre 1969 y 1972 se han publicado dos interesantes y pintorescos testimonios. Gustavo Porras, Las huellas de Guatemala (Guatemala: FyG, 2006), y Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla.

[32] Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla, p. 199.

[33] Desde 1968 la CIA había identificado a Percy Jacobs como uno de los ejecutores de Gor-don Mein. También se sospechaba que había participado en el asesinato del embajador alemán en Guatemala en abril de 1970, pero la DFS únicamente lo interrogó sobre el caso del diplomático norteamericano. CIA, “Possible identification of members of the Rebel Armed Forces who partipated in the assassination of Ambassador John Gordon Mein”, 10 de septiembre de 1968, disponible en https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/ DOC_0000653017.pdf. Fabián Campos Hernández, “La Dirección Federal de Seguridad”, pp. 156-157. En el caso de Rosario Valenzuela, la salvó la oportuna intercesión de su suegro, el escritor Miguel Ángel Asturias, ante el presidente Luis Echeverría. Sandino Asturias, comunicación personal, Guatemala (2015).

[34] Julio César Macías, Mi camino, la guerrilla, pp. 222-223. Entrevista a Celso Morales, comandante Tomás, Guatemala, 2015. “Combaten tropas mexicanas y guerrilleros guatemaltecos”, El Universal, 23 de enero de 1972.

[35] Entrevista a Arturo Taracena, México, 2015. Algunos de estos militantes que se quedaron en México entraron en conflicto con la dirección y decidieron presentar su renuncia a finales del año. En su opinión, con la entrada prematura del destacamento comandado por César Montes la NORC se encaminaba a reproducir los esquemas erróneos de la década anterior. Aura Marina Arriola, Ese obstinado sobrevivir, p. 90.

[36] DFS, “Ejército Guerrillero de los Pobres de la República de Guatemala”, 1º de octubre, 1976. Archivo General de la Nación (AGN), Galería 1, exp. 12-20-76, L-3.

[37] Regis Debray, La critique des armes. 2, Les épreuves du feu (Paris: Seuil, 1974). Ante-riormente Ramírez había colaborado con Debray en la elaboración de su famoso ensayo Revolución en la revolución.

[38] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976, fondos de la Fundación Rolando Morán, Ciudad de Guatemala.

[39] Para descifrar ciertos códigos e identificar situaciones, personas y lugares recibimos la ayuda de varios fundadores y veteranos del EGP. Queremos agradecer en particular la colaboración de Aída Frías, Julia Trujillo, Alejandra Anderson, César Montes y Paty Macías (+).

[40] Norberto Hernández Curbelo, “La búsqueda de la unidad entre los revolucionarios la-tinoamericanos: una constante de la política internacionalista de la revolución cubana” y Ulises Estrada, “Cuba nunca dejó de brindar su apoyo solidario a todos los que lo solicitaron”, ambos en Luis Suárez y Dirk Kruijt (comps.), La Revolución Cubana en Nuestra América: el internacionalismo anónimo (Panamá: Ruth Casa Editorial, 2015),p. 137 y pp. 56-58.

[41] Comunicación personal de César Montes, mayo de 2019.

[42] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976.

[43] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976. Comunicación personal de Alejandra Anderson, mayo de 2019.

[44] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976. Comunicación personal de Alejandra Anderson, mayo de 2019.

[45] Comunicación personal de Julia Trujillo, mayo de 2019. Julio César Macías, Mi camino: la guerrilla, p. 236. Rico Mira, Carlos Eduardo, En silencio tenía que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000) (San Salvador: Universidad FranciscoGavidia, 2004).

[46] Entrevistas a Arturo Taracena, México, 2015, y Gustavo Meoño, Guatemala, 2015.

[47] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976.

[48] Ibid.

[49] Esta visión la compartía Ramírez con el fundador de las FPL, Cayetano Carpio, coman-dante Marcial, quien también a principios de los setenta propuso un diseño estratégico para la guerrillas centroamericanas que contemplaba dicho escenario. FPL, “La lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño es parte de la lucha revolucionaria de los pueblos centroamericanos”, Materiales básicos (El Salvador: s/e, 1979), pp. 16-22.

[50] EGP, “Estructura del EGP y atribuciones de sus organismos”, s/l, abril de 1974.

[51] EGP, “Estructura del EGP y atribuciones de sus organismos”, s/l, abril de 1974.

[52] Laura Castellanos, México armado, 1943-1981 (México: ERA, 2008), p. 85. Comunicación personal de Alejandra Anderson, mayo de 2019.

[53] Correspondencia de la Dirección Nacional del EGP, 1973-1976.

[54] Ibid.

[55] DFS, “Ejército Guerrillero de los Pobres de la República de Guatemala”, 1º de octubre, 1976. AGN, Galería 1, exp. 12-20-76, L-3. DFS, “Cartas y telegramas a Miguel Nassar Haro solicitando la libertad de Isaías Rojas Delgado”, 18 de noviembre, 1976, AGN, Galería 1, exp. 12-20-76, L-6. Aura Marina Arriola, Este obstinado sobrevivir, p. 97.

[56] Comunicación personal de Aída Frías, mayo de 2019. La decisión de expulsar hacía terceros países a los integrantes del EGP y del grupo de Claudio en lugar de encarcelar-los o desaparecerlos es probable que haya tenido relación con el alejamiento que Luis Echeverría había tenido respecto de las posturas de los Estados Unidos en relación al tratamiento que los gobiernos latinoamericanos debían de dar a los grupos insurgentes. Esto se puede ver claramente en el discurso tercermundista del presidente mexicano, el cual era contrastante con los planteamientos de la Operación Cóndor que se estaba implementando en ese mismo tiempo en el Cono Sur. Por otro lado, la expulsión en vez del encarcelamiento pudo obedecer a la presión social de personalidades y organizaciones nacionales e internacionales solicitando su liberación. Durante los últimos años del gobierno de Echeverría la combinación de ambos elementos resultaron en la liberación de otros casos, aunque no se puede señalar como una regla general.

[57] Tanya Harmer, “Two, Three, Many Revolutions?” p. 63.

[58] Acerca de esto el citado testimonio de Norberto Hernández Curbelo es una referencia fundamental.

[59] La elaboración de este artículo contó con el apoyo del proyecto A1-S-39611, del Fondo Sectorial de Investigación para la Educación.

Fuente: http://eial.tau.ac.il/index.php/eial/article/view/1598/1718

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