Óscar Ordoñez, un chico privado de una adolescencia digna y feliz

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Créditos: Óscar

Por Andina Ayala

02 de septiembre 2019

Tengo la sensación de que al menos el 80% del gobierno de Jimmy Morales transcurrió en un limbo de discusiones que no llegaron a ningún lado, especialmente de beneficio para la mayoría de quienes pagamos impuestos y esperamos que la administración pública haga su trabajo. El otro 20% de este patético gobierno fue marcado por el alcoholismo y por las tonterías que decía el actor protagónico de FCN. 

En ese mar de dimes y diretes recuerdo bien los “baños morales” que se dieron muchos políticos, cuando se discutió en el Congreso la iniciativa 5376 relacionada a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Tengo presente el momento en que el organizaciones sociales entregaron su propuesta de ley, para abordar la violencia sexual, los derechos de la diversidad sexual y el derecho al aborto. ¡Ahí sí!, muchos salieron a defender el derecho a la vida. ¿Dónde están esos míticos políticos, casi perfectos, que consideraron que el aborto era mala palabra? ¿En dónde están cuándo un niño se muere de hambre y se ve obligado a tomar un USB para poder comprar comida? ¿Estarán acaso, hablando de las niñas torturadas en aquel “hogar seguro”? ¿O se están movilizando para darle mejores condiciones a los cientos de niños que como Óscar Ordóñez, viven en condiciones graves de desnutrición? 

Óscar Ordóñez me recuerda las grandes facturas de carne y camarones que consumía y el presidente y su equipo de seguridad, que reveló el periodista Ángel Sas el año pasado. El mismo año que a Óscar le dieron una golpiza por tomar una manzana en un mercado de Huehuetenango. Si esto se hizo por una manzana, qué se merecían los funcionarios públicos que aparentemente gastaban Q20 mil diarios en alimentos. 

Óscar también me recuerda que cuando eres hijo de un político puedes burlarte de la ley.  Él, en cambio, está retenido en un hogar privado, porque el mes pasado se le acusó de haber tomado un artículo usado e intentar venderlo para comprar algo de comer.

Tenemos terribles experiencias con los centros de albergue para la niñez. Hemos descubierto que no siempre son un refugio para los niños. Tampoco es posible que los niños se vean forzados a tomar objetos,  esto es un reflejo de la descomposición social de la que todos somos directa o indirectamente responsables, especialmente cuando elegimos autoridades como las actuales, a las que hay que machacarles que se muevan, a las que hay que forzarlas a que cumplan, a las que hay que pedirles que no se roben el erario. 

A las autoridades responsables de lo que suceda con Óscar y los cientos de niños como él, a la Secretaría de Bienestar Social, la Procuraduría General de la Nación, a la Procuraduría de los Derechos Humanos, a la Coordinadora Institucional de Promoción Por los Derechos de la Niñez (CIPRODENI), les pedimos que busquen una alternativa, que no sea la institucionalización de este chico. Que se reevalué la situación de los chicos que viven en esas instituciones.

 A ustedes que tienen la dicha de desayunar, almorzar y cenar, por favor no se queden callados. Si conocen algún caso como el de Óscar Ordóñez, exijamos desde nuestras localidades, hagamos real ese derecho a la vida, pero que sea el de una vida plena y no solo el derecho de nacer.

Autoría y edición

Antropóloga y corresponsal de Prensa Comunitaria, forma parte del equipo de investigación del proyecto Green Blood.

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