Créditos: morales
Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Ramiro Mac Donald

4 de septiembre 2019

En un análisis semiótico “…se trabaja sobre estados, que sólo son pequeños pedazos del tejido de la semiosis, que la fragmentación efectuada transforma en productos. La posibilidad de todo análisis del sentido descansa sobre la hipótesis según la cual el sistema productivo deja huellas en los productos y que el primero puede ser (fragmen­tariamente) reconstruido a partir de una manipulación de los segundos. Dicho de otro modo: analizando productos, apuntamos a procesos…”

Elíseo Verón, en Semiósis Social

La fotografía que hoy presento para analizar fue tomada de un video captado el 27 de agosto de 2017, hace dos años. En ese video, el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, declaró “non grato” a Iván Velásquez, jefe Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Esa instantánea (según Verón) es un estado y a la vez un pequeñito trozo de esa semiosis profunda de la lucha contra la corrupción, iniciada en 2015 por amplios sectores de la sociedad. Esa fotografía es también un parteaguas. Hay un antes y un después, porque desde esa triste jornada todo cambió para los ciudadanos conscientes que añoramos un país diferente, con funcionarios probos y dignos.

Desde lo perceptible (el signo material) esta imagen denota un ambiente lóbrego, pues tiene un aspecto opaco. Pero no solo es una fotografía oscura. Su pésima iluminación es señal de que no fue preparado dicho escenario sino que fue un montaje apresurado, improvisado, muy burdo. Tres conceptos que implican un pésimo manejo de la imagen presidencial, pues la presidencia de Morales se proyectó de manera tenebrosa. En política, la forma es el fondo y una imagen como esta (su parte conceptual) envió un mensaje de gobierno confuso, en lugar de proyectar capacidades para comunicar con claridad. Su falta de experiencia política, además, salta a la vista.

Esta fotografía de Jimmy Morales (según Verón) deja huellas profundas como un producto de pésima calidad. Por lo que la reconstrucción que un semiólogo puede realizar, basado en este pedacito del oscuro mensaje lanzado aquel día, es sencillamente de total ignorancia del manejo inteligente de la imagen, ya no sólo presidencial, sino del gobierno en pleno. El proceso de comunicación se termina concretando en este pésimo producto final, que reproduce las acciones tenebrosas que Jimmy Morales había decido llevar a cabo en contra de Iván Velásquez y la CICIG.

Se recuerda que esta imagen circuló profusamente en la WEB desde muy temprano aquel domingo 27 de agosto 2017, hace dos años. La estrategia fue lanzar a las redes sociales (en un horario inusual) ese nefasto video. Para la lucha contra la corrupción, el video marcó la fecha fatal para forzar a la CICIG a abandonar el país, este 3 de septiembre 2019 por decisión unilateral del presidente Morales. Esta foto revela, connotativamente, su apego a fórmulas oscuras de comunicar. 

La imagen que se analiza es representativa de la realidad de un mandatario que, a partir de ese día, se desenmascaró y se colocó del lado de los sectores tenebrosos del país. Esta foto es un pequeñito tejido seleccionado, apenas, pero demuestra la realidad que hoy padecemos los guatemaltecos: CICIG debe irse porque incomodó al poder político corrupto, a las élites empresariales que utilizan el Estado y a esos políticos que son sus fieles mandaderos; pero también a los narcos chapines, mexicanos y colombianos, quienes usan influencias y poderes impunemente en todo el país y tienen el respaldo de algunos miembros del ejército que les dan protección y vigilancia. Y por ser fieles escuderos, se satisfacen con las migajas del negocio de transportar millonarios cargamentos hacia al norte.

La imagen seleccionada de Jimmy Morales esconde el espesor de una cobardía (percibida en su atropellado discurso) pero también la búsqueda de utilizar un disimulado y penumbroso rincón desde donde, agazapado, pudiera lanzar palabras verosímiles y que tuvieran apariencia de verdad, para no sonar tan falsas. En esa foto nebulosa se respira miedo por parte de un emisor que se cree muy audaz, declarando ingrato a un hombre que hizo más por la justicia, que muchos guatemaltecos.  Pero es, a la vez, una imagen premonitoria de tenebrosas intenciones, como signos que revelan sus foscas mañas y caprichos.

Pero Morales se atrevió a dar paso más allá, luego de ese domingo.  Es imposible olvidar aquel jueves  31 de agosto cuando Jimmy Morales hizo que Guatemala involucionara varias décadas. El mandatario se presentó en el Salón de Banquetes de Palacio Nacional, un lugar de recurrente fascinación presidencial para hacer sus “re-presentaciones” teatralizadas, con lecturas bien impostadas.  Ese día parecía estar anunciando un Golpe de Estado, al salir respaldado por sus militares y ministros preferidos. Y parecían que todos sus acompañantes con caras largas, caras de asustados, posaban para una foto de guerra, cual declaratoria de lucha sin cuartel contra el mundo civilizado. ¡Contra la Organización de Naciones Unidas! Nada menos…

Aquel día, la máscara democrática se le cayó. El aprendiz de dictadorzuelo había surgido con total plenitud, sin sutilezas. Lástima, pero para mi sería demasiado doloroso analizar semióticamente dicha imagen del 31 de agosto. Mejor presento la tétrica foto que encabeza este análisis semiótico,  pues bien enmarca la profunda oscuridad de sus gestos, palabras e intensiones. Allí, Jimmy Morales estaba en plena construcción de su identidad, sin la elegancia ni elocuencia de los discursos preparados, ni editados después en estudio. Burdamente lo habían puesto delante de una triste y descolorida bandera, le dieron el texto y le dijeron:

-Lea. Lea de corrido.

Sin iluminación, Jimmy no pudo siquiera ensayar. Estuvo solo con su experiencia histriónica y lo hizo, sin medir ni pensar en las gravísimas consecuencias de este acto lúgubre, traicionero. Tal vez, en ese momento, solo pensó en salvar a su hijo y en su hermano, que habían resultados  embarrados por un negocito de poca monta, pero que el pueblo de Guatemala no olvidará jamás.

Y… leyó de corrido. Y, sí, Jimmy Morales (esa madrugada del 27 de agosto de 2017)  no se equivocó en el acto de leer. Por algo había sido elegido por sus patrocinadores, porque sabían de su capacidad de interpretar cualquier papel que le exigieran.  Y aquel payasito medio cursi de la televisión, a partir de esa fecha, encontró la metamorfosis perfecta para su desmedido ego, su nivel intelectual y académico. Ahora interpretaría, en esta tragedia nacional, el caprichoso papel de un fabricado héroe que lucharía denodadamente por la no intervención extranjera y podría erigirse en el paladín que abogaría por la soberanía nacional.

Parecería curioso que, a partir de una simple imagen, logren flotar tantas posibilidades semióticas para intentar, por lo menos intentar desocultar la realidad.

Autoría y edición

COMPARTE