Créditos: oligarquía
Foto: Nelton Rivera

Por  Carlos Fernández*

18 de junio del 2019

La primera vuelta electoral ha concluido, y con ella, los resultados han dejado claro tres cosas. La primera: la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) es un dinosaurio que no está en vías de extinción.  Al menos 50 curules serán ocupadas por sus diputados y eso gracias al casi 1 millón 220 mil votos que lograron acarrear y convocar a las urnas, para apoyar a sus candidatos. 

Segundo, un segmento importante de los votantes de la ciudad capital es fundamentalmente conservador y de tendencia a la derecha en sus diversas expresiones. Se pudo observar que en la primera vuelta votó de manera dispersa y aspiracional.  

Tercero, presenciamos el surgimiento de un nuevo actor en el escenario político nacional que ha preocupado a las oligarquías y a sus tanques de pensamiento.  El Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) es un competidor emergente al que no podrán ignorar de ahora en adelante.  

Pese a que Alejandro Giammatei presidenciable del partido Vamos y Sandra Torres de la UNE, competirán en la segunda vuelta, Thelma Cabrera del MLP ganó de manera simbólica y coloca sobre el tablero electoral a un actor que el sistema no podrá seguir ignorando: las masas empobrecidas. Los excluidos, buscan por primera vez el poder, siguiendo las reglas del régimen expoliador, vía el sistema de partidos políticos. 

En las primeras etapas del proceso electoral el MLP pasó desapercibido. Las encuestas de intención de voto presentaban a la candidata Cabrera en el grupo de los rezagados. Solo durante las últimas dos semanas previas a las elecciones generales del 16 de junio, las cosas cambiaron abruptamente. Hubo un crecimiento que ni las mismas encuestas pudieron ignorar y ese voto se hizo visible en las estadísticas que presentaban dichos estudios de opinión, colocándola por debajo del candidato Roberto Arzú de la coalición de partidos PAN-Podemos, que ocupó el quinto lugar de preferencia del electorado.

El crecimiento de Cabrera no es casual. Es el reflejo de un sistema electoral y de partidos políticos caduco, al servicio de las oligarquías acostumbradas al expolio y de un segmento del electorado cada vez más consciente. El 10.34 por ciento de votos obtenidos en la primera vuelta, no le alcanzaron al MLP para pasar al balotaje. Pero le es suficiente para sacudir al sistema y activar las alarmas de la clase oligárquica, que ve en el horizonte los nubarrones de un cambio de rumbo abrupto a su acostumbrada forma de cogobernar el país. 

Al final del día, Guatemala es su finca y un partido con el MLP, pone en riesgo al status quo.  Para el sector empresarial, que está habituado a aceitar con sus ilimitados recursos a las maquinarias electoreras a su servicio, que un partido como el MLP logre un cuarto lugar les despierta miedos profundos. ¿Cómo es posible que un partido marginal y sin financiamiento millonario llegue tan lejos? Aun más preocupante ¿En qué momento los departamentos de Totonicapán, Sololá y Chimaltenango se salieron del cerco impuesto por sus maquinarias políticas electoreras? Esos entre otros tantos, serán los cuestionamientos que les ocupen en las próximas semanas y que les haga trazar el plan de ataque en contra de la embestida simbólica que recibieron el 16 de junio.

Mientras el Tribunal Supremo Electoral (TSE) continúa contabilizando votos, quedó claro que independientemente del resultado, la derecha ha sido incapaz de resolver los problemas sociales, económicos y políticos del país.  Su actuar mercantilista, clientelar y corrupto es insostenible. El resultado de su torpeza e irresponsabilidad, ya no solo despierta críticas en las redes sociales o columnas de opinión, sino que logra activar la participación política de los pueblos originarios. 

Thelma Cabrera y el MLP podrán tener el cuarto puesto de intención de voto en esta contienda electoral, pero en términos concretos han ganado la elección, porque han puesto a la Guatemala excluida, empobrecida y expoliada en la competencia política por hacerse del poder real y generar los tan ansiados cambios para las mayorías del país.  Es un cuarto lugar que tiene un sabor de boca a primer lugar y la oligarquía lo sabe. Por eso tienen miedo.

Twitter: @carlosfercid

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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