La obsesión con las demandas

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Créditos: demandas médicas
Tiempo de lectura: 2 minutos
Foto: comercioyjusticia.info

Por Patricia Cortez

10 de junio del 2019

Si, las demandas aumentaron en el país al mismo ritmo que aumentan las cuotas de los hospitales privados.

Muchos pacientes ven a algunos médicos enriquecerse y asumen que todos lo hacemos.


En este país, donde los salarios en el campo en general son bajos, nosotros ganamos “muchísimo” según su imaginario, 3 o 4 veces su salario mínimo.

Por otro lado, los médicos que laboramos en el área pública no tenemos tiempo para dialogar con el paciente. Asumimos que las cosas “se deben decir”, nos enojamos porque “no cuidan su salud” y a cada poco aparece alguien pidiendo la manera de “demandar al paciente que no hace caso” (pero subimos fotos a Facebook bebiendo y comiendo “poco saludable”) le vemos “cara de demanda” a todo sin entender que nosotros mismos y nuestros colegas han creado ese medio en donde proliferan las demandas.

Cuando la madre de mi ex pareja se enfermó, del San Juan de Dios la enviaron con un “especialista” gastroenterólogo. No me gusta divulgar mi profesión, así que el tipo la examinó, le hizo una endoscopia y mientras ella se recuperaba de la sedación nos dijo directamente: “puede ser un tumor de la cabeza del páncreas y para comenzar deberían vender algo porque mínimo les va a salir en unos 190 mil la primera fase de tratamiento, pero supongo que ella al menos tiene un par de hijos en USA así que dinero han de tener, ya saben, todo lo que sea necesario, es su mamá”. Mi ex pareja estuvo a milímetros de pegarle, se calmó y entonces le dije: “soy médica y según sé, la sobrevida de un tumor de ese tipo, suponiendo que sea benigno y si es maligno no logramos nada “invirtiendo” todo ese dinero, usted acaba de decir “puede ser” o sea, no está seguro.

 El tipo cambió de cara, “tiene razón doctora, no estoy seguro, habría que hacer más exámenes y tiene razón, no les puedo garantizar que funcionen”. De ahí nos envió al Roosevelt donde averiguamos que se trataba de una cirrosis inducida por medicamentos.

Historias como esa conozco demasiadas, ofrecen tratamientos casi mágicos y diagnósticos imposibles.

En la contraparte, un médico a quien nunca han demandado lo fueron a buscar hace un año para atender a una señora, tenía un cáncer de estómago y la familia buscaba una esperanza.

El viejo galeno le dijo al esposo “según el nivel en el que está hay poco por hacer, usted puede intentar vender su casa o hipotecar su negocio, pero las posibilidades de volverla a tener al 100% son escasas, disfrútela ahora” hace unas semanas el esposo llegó, la señora murió, en paz (no vamos a vivir para siempre) y el hombre agradece la forma en la que lo atendieron.

Es difícil vivir de forma sana, tanto para nuestros pacientes como para nosotros, pero ofrecer soluciones imposibles nos ha puesto en el ojo de las demandas. Tenemos que volver a aprender a enseñar, en lugar de pretender “encarcelar” a la mujer que no puede cuidarse o no quiere hacerlo.

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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