Un acercamiento al pueblo arhuaco y su resistencia en la Sierra Nevada desde la voz de Norey Maku Quigua, uno de sus líderes

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Créditos: david toro
Tiempo de lectura: 5 minutos
Fotografía: David Toro

Por David Toro

Norey Maku Quigua Izquierdo es uno de lo líderes de la nación Arhuaca de Colombia, durante su reciente visita a Guatemala, nos contó cómo su pueblo mantiene viva su cultura y su visión espiritual ante las distintas imposiciones del gobierno y la importancia de luchar por los derechos colectivos sobre los territorios.

Norey Maku, siempre porta su traje blanco con bordados de color café y el particular sombrero blanco, esta es la indumentaria que caracteriza al pueblo Arhuaco, una nación indígena de unos 50 mil habitantes que vive en la Sierra Nevada de Santa Marta en el norte de Colombia. El día a día, Norey se ocupa en visibilizar la resistencia de su pueblo fuera de sus fronteras en espacios políticos, inclusive su nombre es símbolo de resistencia. Su madre decidió nombrarlo así a pesar de que durante más de 6 décadas la iglesia inducía a los arhuacos a utilizar nombres católicos y abandonar sus creencias, sin embargo la iglesia fue expulsada del territorio a finales del siglo pasado.

Es un sábado nublado, Norey tiene pocas horas de haber llegado a Guatemala por primera vez, mientras saca unas cuantas hojas de coca de su morral para masticar, nos cuenta que su madre es un gran ejemplo de rectitud en su vida.

En 1983, ella fue la primera mujer en lograr un grado académico al graduarse como enfermera. Era la encargada de los procesos de salud del pueblo hasta que un grupo paramilitar que se asentó estratégicamente en su territorio  la amenazó para que entregara los fondos que tenían, ella se negó y como consecuencia fueron desplazados y se mudaron a Bogotá, Norey tenía 13 años sufrió alejarse del territorio pero esa salida obligada le permitió estudiar y aprender nuevas cosas y logró regresar durante el gobierno de Álvaro Uribe.

“Mantener el territorio tal cual fue creado”

Norey nos explicó que el fundamento de la resistencia de su pueblo radica en mantener el territorio inédito, sin modificarlo, una convivencia pura con la naturaleza que los rodea en las tierras altas del norte de Colombia. Sierra Nevada es considerado un territorio único en el planeta debido a su diversidad, para los mamos arhuacos (líderes espirituales) este lugar es el corazón de la tierra y de él extraen la sabiduría, por eso su misión es mantener puro y sano el territorio.

Norey estuvo en Guatemala para la Muestra de Cine Internacional “Memoria, Verdad y Justicia”, donde se presentó la película “Pensando como una montaña” que narra la resistencia del Arhuaca.

Viviendo en medio del conflicto

Los Arhuacos quedaron en medio de la guerra civil colombiana, que inició des 1960, aunque ellos nunca fueron actores activos, sufrieron por la llegada de las guerrillas a su territorio, entre los años 80 y 90, los indígenas no pudieron proteger la sierra con su propia dinámica pues los grupos armados los limitaron. “Nosotros no usamos la violencia, pero quedamos en medio de los conflictos y en 1991 tres de nuestros líderes espirituales fueron asesinados por paramilitares” dice Norey.

El Estado colombiano reconoce la existencia de 87 pueblos indígenas, Norey indica que hay más de 100 naciones originarias; a pesar que el conflicto se desarrolló mayoritariamente en territorios indígenas los pueblos no eran miembros de ninguna de las partes.

Esto tuvo su efecto en la negociación de los Acuerdos de Paz del año 2012 donde la participación de los pueblos indígenas fue limitado y las pocas demandas que se pudo incluir fue por medio de otros espacios. Norey cuenta que respaldaron el proceso, incluyeron un capítulo étnico y hasta la fecha realizan presión al gobierno para que estos acuerdos verdaderamente se cumplan y no se queden únicamente en el papel. “El conflicto en Colombia es originado por el tema del uso y derecho sobre la tierra, nos preocupa que se están renegociando los acuerdos en la actualidad, hay una parte de estos que es muy importante que es la reforma rural integral que es la respuesta a la causa de la guerra, pero no se está cumpliendo. Además ya hemos visto personas armadas en la sierra rearmandose”.

La amenaza de los proyectos extractivos

Norey está consciente que la minería es una amenaza para el territorio, pero además pone en riesgo a su pueblo “la minería puede ser un exterminio físico y cultural para nosotros”.

El estado colombiano ha aprobado más de 100 licencias mineras en la franja de la Sierra Nevada de Santa Marta que divide el territorio ancestral del pueblo arhuaco, todas estas sin consultas previas a los pueblos originarios.

Norey: “Detrás de la minería, hay grupos armados y finalmente los campesinos terminan engrosando los cinturones de pobreza o son desplazados, entonces hoy esa es la amenaza más grande de nuestro territorio”.

Norey comenta respecto a ciertas contradicciones al son sujetos por parte del Estado. “En este tema es que el gobierno colombiano reconoce que los territorios son propiedad de los pueblo originarios, sin embargo en la ley el estado aparece como dueño del subsuelo, esto les garantiza poder autorizar proyectos extractivos en todo el territorio nacional”.

Poniendo el dedo en la llaga de los gobiernos

El pueblo Arhuaco tiene claro que hablar de derechos territoriales es un tema que incomoda a los gobiernos y donde menos se ha avanzado, Norey es el encargado de poner estas temáticas incómodas pero necesarias en las diversas mesas políticas y culturales a las que asiste.

Antes de su llegada a Guatemala, estuvo en Chile participando en la tercera reunión del Foro Continental de Desarrollo Sostenible, donde se abordó con los gobiernos de la región que no se puede hablar de desarrollo si no se garantiza el derecho al territorio a los pueblos indígenas y campesinos.

“Es importante que los pueblos indígenas salgan de lo doméstico y que internacionalmente en estos foros donde los mandatarios dicen que todo está bien se  hablen de los temas que a los gobiernos más les duele” comenta.

Fotografía: ZonaCero

La educación una resistencia cultural

En la Sierra Nevada el gobierno colombiano había entregado la educación a la iglesia católica desde 1916 hasta 1983, teniendo como resultado una parte de la población de los arhuacos que han perdido su vestimenta e idioma, este problema les tomará al menos tres generaciones para revertirlo, indica Norey, quien está convencido que la educación impulsada por el gobierno tiene fines políticos para guiar a los pueblos a sus proyectos de desarrollo.

Desde que la educación fue retomada por las autoridades arhuacas fue orientada en la vía contraria de la educación occidental, ahora se trata de interiorizar, y la columna vertebral es el fortalecimiento cultural, Norey dice que gran parte de lo que se enseñan en sus escuelas es el tejido de sus vestidos, de sus mochilas y la relación espiritual, pues para ellos es vital que la educación no esté aislada de las dinámicas comunitarias. La finalidad del pueblo es lograr que su sistema educativo sea reconocido por las autoridades de educación del gobierno.

“Sigamos resistiendo”

Norey insta a los defensores de derechos humanos y los líderes indígenas y campesinos a seguir resistiendo, está consciente que los problemas de las naciones originarias del continente son similares y que se deben fortalecerse en su espiritualidad y organizarse para estar en espacios políticos para debatir sobre sus problemáticas. “Es el momento de resistir con dignidad, identidad, cultura y espiritualidad”.

Autoría y edición

Periodista de Alta Verapaz

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