Nahomy Lara: una muerte misteriosa y tantos sueños frustrados

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Créditos: nahomi
Tiempo de lectura: 5 minutos
Foto: cortesía

Por David Toro

10 de abril del 2019

Así era Nahomy Lara Orellana, la joven estudiante de Biología que a sus 20 años falleció misteriosamente en las instalaciones de la Compañía Guatemalteca Níquel, en El Estor, Izabal, durante una actividad académica de la Universidad del Valle, en el 2012. Siete años después, la madre de Nahomy sigue recordando los objetivos que su hija ya no podrá cumplir y esperando poder alcanzar justicia por su intempestiva y enigmática muerte.

El 26 de marzo de 1992 en un sanatorio de la zona 1, de la Ciudad de Guatemala, Brenda Orellana, una joven artista de 22 años da a luz a su primera hija, a quien nombraría Nahomy. La pequeña pasó sus primeros años en un pequeño apartamento de la zona 7 junto a su madre, y su padre.

Cuando Nahomy tenía tres años sus padres se separan. A pesar de la distancia, sus padres dieron lo mejor de sí durante su infancia y se organizaban para que la pequeña pudiera compartir con ambos. Nahomy fue una niña amiguera, le fascinaba bailar y cantar. Heredó esto de sus padres: su mamá es cantante, y su papá, pianista.

Nahomy Lara a los cinco años. Foto: cortesía

La madre de Nahomy luchó para darle la mejor educación posible y sin pensarlo también le estaba inculcando un gran ejemplo de responsabilidad con sus acciones. Nahomy estudió en colegios de renombre gracias al esfuerzo de su mamá y desde muy pequeña aprendió inglés, idioma que le abriría puertas. En sus tiempos libres pasaba escuchando rock, pop y bailando en los pasillos de su casa. Brenda pensaba que su hija quizá al crecer tomaría la decisión de dedicarse a la música, como ella.

Nahomy tenía otra pasión desde muy pequeña: la naturaleza. Tuvo varios perros como mascotas, incluso un alacrán que guardaba dentro de una pecera; soñaba con tener una serpiente pero nunca logró convencer a su mamá. Si algo estaba claro era que los reptiles eran las especies favoritas de Nahomy. En ocasiones, cuando  viajaba con su mamá, hacía que parara el vehículo para acariciar perros de la calle y comprarles aunque sea Q1.00 de pan para alimentarlos.

Nahomy crecía como una niña estudiosa, responsable. Uno de los momentos más felices de su vida fue la celebración de sus 15 años. Su mamá hizo el esfuerzo de alquilar un salón en Casa Ariana, en la zona 9. Su abuelita —que vive en Estados Unidos— le envió el vestido. Quizá lo único malo de ese día fue la inasistencia de su padre.

Los 15 años de Nahomy. Foto: cortesía

La lucha de Nahomy para estudiar Biología en una “gran” universidad

Con apenas 17 años, Nahomy se gradúa de nivel medio en el Colegio Los Andes. Para ese entonces Nahomy tenía claro que quería estudiar Biología, siguiendo su pasión por los animales y la naturaleza. La Universidad del Valle era  la única institución privada que ofrecía esa licenciatura, Nahomy quería estudiar ahí y obtuvo una beca del 25 por ciento. Durante el primer año de estudios su papá pudo pagarle la colegiatura, lamentablemente en el 2do año, él se queda sin trabajo; su mamá también pasaba por momentos económicos complicados. Nahomy, con 18 años, pasaba un momento de depresión pensando que tendría que abandonar la carrera, pero su mamá la motivó a buscar empleo para seguir estudiando.

Gracias al inglés que aprendió desde pequeña, Nahomy consiguió empleo en un call center. Su puntualidad y compromiso la hizo tener el puesto de “jefa de piso”. Ese trabajo le permitía pagar los Q2,200.00 de mensualidad que pagaba en la UVG, sin contar las cuotas de laboratorios, libros, seguro de vida y demás gastos universitarios. Nahomy estudiaba desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y trabajaba de 5  a 10 de la noche. Realizaba un gran sacrificio para poder estudiar; el cansancio de las extenuantes jornadas hizo que incluso se quedara dormida en clase varias veces. El dinero que no usaba para pagar la universidad, lo ahorraba; no gastaba en lujos, su ropa la conseguía en las Megapacas. En los últimos meses del 2011 prácticamente pagaba las cuotas de la casa de su padre, donde vivía entonces, cuando él estaba desempleado.

Nahomy y compañeros de la UVG en El Estor un día antes de su muerte. Foto: cortesía

El viaje a El Estor del que nunca volvió

Hace 7 años, en la semana santa del 2012, una semana después de cumplir los 20, viajó junto a 16 compañeros de la carrera de Biología del tercer año para cumplir con una jornada de campo en las instalaciones de la Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN) en El Estor, Izabal. Esta actividad fue programada por el profesor Arnoldo Font. La tarde del 30 de marzo fue la última vez que Brenda escuchó la voz de Nahomy al teléfono; “ahí tenés cuidado, mija”, fue lo último que le dijo, sin imaginar que a la medianoche del 31 de marzo, recibiría la noticia de que su hija había fallecido a 300 kilómetros de su hogar.

Nahomy junto a sus compañeros, Juan Carlos Velásquez y Ángel De León, fallecieron cuando estaban realizando un monitoreo de cocodrilos en el canal acuático de la CGN. En 7 años nadie ha podido dar razón de cómo sucedió este hecho que se llevó a tres jóvenes llenos de sueños; el de Nahomy, por ejemplo, especializarse en Biología Marina en Estados Unidos.

Desenlace irónico. La actitud de la Universidad del Valle, respecto al accidente, decepcionó a los padres de los fallecidos. Desde un primer momento, las autoridades de la universidad intentaron minimizar lo sucedido y desligarse de toda responsabilidad que pudiera existir.

La madre de Nahomy lucha por la justicia.

Doña Brenda se unió a los padres de los otros dos estudiantes fallecidos para enfrentar en un proceso penal al biólogo Lemuel Valle, última persona en ver con vida a Nahomy. Durante 7 años Brenda ha tenido que asistir a las audiencias en Puerto Barrios, cada viaje representa gastos de transporte, alimentación, abogados y hospedaje. Ha tenido que hacer préstamos y pedir permiso constantemente en el colegio donde labora para atender el proceso penal.

Este año por fin inició el debate oral y público. Desde hace 2 meses Brenda Orellana viaja cada 15 días al Juzgado de Puerto Barrios en una incansable búsqueda para esclarecer la verdad y hacer justicia.

El juez Felicito Mazariegos es quien está a cargo del debate penal que se está discutiendo y podría existir una sentencia en pocas semanas, lee aquí la nota de la última audiencia:

https://prensacomunitaria.org/caso-estudiantes-uvg-otro-nuevo-testimonio-que-desvirtua-la-version-de-la-cgn/

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

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