La muerte de Unasur, el falso triunfo de la derecha latinoamericana

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Créditos: unasur

Por Fabián Campos Hernández

28 de abril del 2019

La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) nació en 2008 impulsada por los entonces vigorosos gobiernos de izquierda. A ella se integraron los 12 países de la región, incluidos los gobernados por la derecha. Como parte de su proyecto de integración conformó distintos organismos que abarcaban, prácticamente, todas las áreas estratégicas para el desarrollo de los estados miembros.

Su creación fue un logro sin parangón. Los anteriores acuerdos o no integraban a todos los países o eran temáticos. Su carácter bolivariano se vio reforzado por el antiimperialismo de la izquierda. Sin embargo, por conservar la unidad, sus medidas siempre fueron moderadas. Colombia logró establecer que las decisiones se tomaran por consenso. Pero, su virtud fue uno de los caminos para su agonía.

La llegada de gobiernos de derecha imposibilitó que se nombrara al sucesor de Ernesto Samper. Acusado de ser “proclive” a Venezuela, la derecha sudamericana pugnaba por un secretario general más “proactivo” en la deslegitimación del gobierno de Nicolás Maduro.

Ante la imposibilidad de lograr acuerdos de consenso al respecto, la Unasur entró en 2017 en la parálisis. La presidencia protempore de Evo Morales no consiguió reunir nunca ni a los presidentes ni a los ministros de Relaciones Exteriores. Mientras tanto, Argentina, Colombia y Chile, amenazaban con salirse.

La creación el 8 de agosto de 2017 del Grupo de Lima fue la reactivación de la estrategia de Estados Unidos contra Nicolás Maduro y Unasur. Para Donald Trump, el organismo regional era un dique que debía demoler en su camino de destruir al gobierno venezolano. Las posturas de la derecha latinoamericana y de Washington coincidían plenamente.

Sin embargo, el Grupo de Lima, además de declaraciones y respaldos a las medidas de embargo y bloqueo económico lanzadas desde Estados Unidos contra Venezuela y la parálisis en la que metió a Unasur, poco pudo hacer por la causa golpista.

Esto dio un giro en octubre de 2018. Que Jair Bolssonaro ganara las elecciones en Brasil, el cual prometió durante su campaña salirse de Unasur una vez que Bolivia le entregará la presidencia protempore del organismo, le permitieron a Donald Trump reactivar su estrategia.

El 14 de enero de este año, el presidente de Colombia, Iván Duque, dio a conocer que se crearía “un mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercado, la agenda social, con sostenibilidad y con debida aplicación”. Coincidentemente, nueve días después, Juan Guaidó, se autoproclamo “presidente” de Venezuela.

El 18 de febrero, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, afirmó que el nuevo organismo estaría “abierto a todos los países de América del Sur que cumplan con dos requisitos: vigencia plena del Estado de derecho y respeto pleno a las libertades y a los derechos humanos”. Estaba cantado de antemano, la iniciativa estaba dirigida contra Venezuela.

El 22 de marzo se llevó a cabo el Encuentro de Presidentes de América del Sur. En PROSUR se encuentran los países gobernados por la derecha latinoamericana, que son al mismo tiempo los propulsores del Grupo de Lima.

Durante las semanas siguientes los gobiernos de Argentina, Paraguay, Colombia, Chile y Ecuador se dedicaron a “denunciar” el acuerdo de Unasur . La denuncia es el mecanismo legal para abandonar un acuerdo internacional. El 16 de abril, el día que Bolivia entregó la presidencia de Unasur a Brasil, Bolssonaro cumplió su promesa. Sin presidente protempore y sin secretario general, Unasur dejó de existir.

Este acontecimiento coincidió con la gira por Sudamérica del secretario de Estado, Mike Pompeo, y con la reunión del Grupo de Lima en Santiago de Chile. Los representantes de la derecha latinoamericana en su XII reunión extendieron una declaración muy beligerante contra Venezuela. Nada fue coincidencia.

El objetivo de ambas tácticas del gobierno de Estados Unidos era deslegitimar internacionalmente al gobierno de Nicolás Maduro y, en última instancia, conseguir avales para la invasión militar destinada a “reestablecer la democracia y los derechos humanos” en Venezuela. Una práctica intervencionista de la que hay tantos ejemplos en la historia política latinoamericana.

Pero como se comentó en la contribución anterior, estos esfuerzos de la derecha latinoamericana quedaron minimizados ante el verdadero juego de la geopolítica mundial. Rusia está garantizando militarmente la sobrevivencia del gobierno de Maduro. Estados Unidos no puede invadir Venezuela sin el temor, fundado, de volver a ser derrotado como en Siria.

Ante ese escenario, la victoria de la derecha latinoamericana resultó pírrica. Lograron destruir un esfuerzo sin igual en la historia de la búsqueda por la integración latinoamericana. Pero la idea de Bolívar volverá a encontrar sus rumbos en un escenario donde Estados Unidos ya no será el hegemón y Macri, Bolssonaro, Duque, Piñera, Moreno y compañía habrán confirmado estar del lado perdedor.

Fuente: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/tlaxcala/la-muerte-de-unasur-el-pirrico-triunfo-de-la-derecha-latinoamericana/

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