En Guatemala el machismo aumenta a pasos agigantados

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Créditos: tu miedo
Tiempo de lectura: 2 minutos
Foto: publico.es

Por Patricia Cortez Bendfeldt

13 de marzo 2019

El repunte del machismo es espantoso, el miedo del hombre a tener que limpiar solo su tiradero, ayudar a criar los hijos, a no poder “descansar” el fin de semana, a no tener el derecho a despatarrarse en el sillón mientras se bebe una chela porque hay un niño que grita su hambre.

A mi abuelo, un coronel poeta, y a mi abuela, una mujer aguerrida e independiente, les costó por su parte y con sus historias diferentes, aceptar que yo no fuera “normal”.

Mi abuela, un par de semanas antes de morir me pidió que volviera a “cuidar de mi marido” porque “el pobre hombre tiene que cocinar”.

Mi abuelo se dio por vencido y decidió tratarme como a un hombrecito, cosas de la vida.

Se nos dice histéricas desde hace más de cien años, sí, es el hyster o matriz el que impide que seamos mujeres (así de contradictorio), porque la misma matriz que nos hace “débiles, sumisas, bellas y obedientes” nos vuelve violentas, agresivas, locas, cuando respondemos a su violencia.

No podemos elegir. Las que elegimos somos seguramente “machorras, lesbianas o putas”, las que no eligen son “dejadas, moscas muertas, tontas”.

Las que respondemos al acoso disfrazado de piropo con un dedo o un insulto somos “frígidas, ridículas”, o nos dicen “si yo fuera guapo hasta gracias me darías”.

Y cuando matan a alguna, piden protección para sus hijas, porque claro, diferencian a sus hijas y a sus madres de las madres e hijas del resto. Bien decían que el tabú del incesto hace que los hombres renuncien a su propia madre e hijas, pero que decidan acceder a todas las demás madres e hijas.

Y bueno, hoy amanecí cansada. No importa si es una o son 10, siempre serán “más los hombres que mueren en la guerra” o “más los hombres que mueren mientras salvan vidas”.

Sí, señores, pero a la guerra ustedes deciden ir, a operaciones de riesgo ustedes también deciden ir y no han sido pocas las bomberas o soldadas que han muerto y por las que no nos quejamos; son “casualidades” que ocurren en situaciones de riesgo.

¿Es que no han entendido?

¿Qué caso tiene permanecer como la flor debajo de un fanal de vidrio para que nos vean y nos “alimenten” con sus piropos si no podemos salir ni a pasear al perrito sin ser víctimas de su lascivia y odio?

Perdemos. Perdemos todo.

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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