¿Qué está pasando en Haití y por qué nadie está hablando sobre ello?

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Manifestantes haitianos protestan contra la corrupción y la inflación en el país en Puerto Príncipe el 7 de febrero de 2019. Jeanty Junior Augustin / Reuters

Por Andrea Hernández Guerra / Auxiliar de Investigación en el Instituto de Investigaciones Políticas y Sociales, ECP-USAC

Haití es uno de los dos estados soberanos, junto a República Dominicana, que cohabita el antiguo territorio denominado “Isla la Española”, la primera isla de América conquistada por España, y posteriormente dominada por Francia. 

Es el país más pobre de América y una de las islas más desdichadas del mundo. Desde su origen, los desastres naturales, el régimen de trabajos forzados, la segregación racial, las crisis económicas y políticas, acompañadas de altas tasas de pobreza, desnutrición, morbilidad, y, en consecuencia, la migración, han sido su constante.

Haití es uno de los países con la mayor tasa de migración en el mundo, con flujos migratorios que van desde su país hasta República Dominicana, Estados Unidos, Chile, y muchos otros países, en donde han tenido que luchar contra duras políticas migratorias, y luchar contra el estigma de que son “portadores de enfermedades como el VIH”, y en general contra los prejuicios antimigrantes.

Desde el 7 de febrero, miles de personas han salido a las calles del país para exigirle la renuncia al presidente Jovenel Moïse, un empresario agrícola, electo en unos sufragios muy criticados en 2016 —pues contó con apenas la participación del 21% del electorado, es decir con la participación de 1 de cada 5 haitianos—, avalados por observadores internacionales, pero altamente cuestionadas por observadores locales.

Las razones para solicitar su renuncia a través de manifestaciones violentas, son múltiples y ligadas a la corrupción y a la fragilidad económica del país.

Desde que inició su mandato, el presidente Moïse no ha logrado solventar la situación económica del país, como lo había prometido en su campaña. Por el contrario, se ha producido una devaluación de su moneda –el gourde– frente al dólar, un incremento en los precios del combustible (anteriormente obtenido a bajo costo por la alianza que tenía el país con Petrocaribe), fallos en el sistema de electricidad, y un aumento del precio de la canasta básica –una inflación de casi el 15%.

Al revisar el Índice de Desarrollo Humano haitiano –de los más bajos a nivel mundial— en el puesto 168, y al considerar que actualmente al menos unos 5.5 millones de habitantes viven con menos de dos dólares al día, esta situación de aumento de precios parece alarmante.

Las manifestaciones se han producido también por un tema de corrupción destapado en agosto del 2018. El gobierno actual no ha hecho nada para enjuiciar a 15 exministros y altos funcionarios responsables de malversar dinero del programa venezolano Petrocaribe, que vendía petróleo a Haití a bajo precio.

Se especula que Jovenel administró una empresa que se benefició de fondos públicos para la construcción de una carretera, meses antes de convertirse en presidente.

Las manifestaciones van en escalada y ya se cumplirán dos semanas desde que iniciaron. Se han producido enfrentamientos violentos entre las autoridades del país y los manifestantes, lo cual ha dejado por lo menos 9 muertos, y cientos de heridos. También robos y daños a la infraestructura pública. Por ello, las escuelas, los negocios, y las dependencias públicas permanecen cerradas; y el sistema de ambulancias ya ha detenido su funcionamiento por falta de gasolina.  

Familiares del presidente y representantes de misiones diplomáticas están abandonando ya el país pues no hay seguridad sobre sus garantías. El 14 de febrero, el presidente rompió el silencio y se dirigió a la nación con un mensaje emitido en la televisión estatal, asegurando que va a “luchar para restablecer la paz y la estabilidad, y que no dejará el país en manos de pandillas armadas y traficantes de drogas”. Lo cual, por supuesto, acrecentó el malestar de los manifestantes.

Posteriormente, en un nuevo intento de calmar la crisis, el 17 de febrero se dirige con un mensaje el primer ministro Jean-Henry Cean, anunciando medidas para reestablecer la situación, que incluyen recortes en el presupuesto administrativo, lucha contra el contrabando y la corrupción. Afirmando que finalmente “se retirarán los privilegios innecesarios a los funcionarios del Estado, como gastos de combustible, de teléfono, viajes inútiles al extranjero, y asesores”.

Sin embargo, los miles de manifestantes parecen no ceder en sus demandas y continúan pidiendo el retiro del presidente y del gobierno actual.

A pesar de todo esto, ¿por qué los medios de comunicación escrita y televisiva, locales e internacionales no están hablando sobre esta crisis? –Salvo unos cuantos.

En primer lugar, pareciera ser que la “crisis y restablecimiento democrático” en Venezuela es el único tema internacional que importa ahora, o por lo menos el tema que más vende, después de la crisis política de Nicaragua.

En segundo lugar, si bien la situación política y económica de Haití ha derivado recientemente en conflictividad, la situación de crisis en realidad no es algo nuevo para la isla. Como ya se mencionó, es un país con constante inestabilidad y con múltiples carencias, a las cuales la Comunidad Internacional pocas veces le presta atención, a no ser que se trate de un desastre natural.   

Mientras la crisis política de Haití amenaza con convertirse en una nueva crisis humanitaria para este país, toneladas de ayuda (alimentos y fármacos) provenientes de Estados Unidos, Colombia, Brasil y otros países aguardan en la frontera de Venezuela, esperando autorización para ingresar.

La pregunta que surge entonces, es ¿cuánto más crítica debe ser la situación de Haití para que este tipo de ayuda llegue para sus pobladores? ¿Cuántos más muertos, más heridos, más migrantes y más pobladores en situación de extrema escasez deben de surgir para que la Comunidad Internacional, los medios de comunicación y las organizaciones sociales le presten un poco de atención y le brinden su apoyo?

Autoría y edición

Director de Investigación en | Web

Historiador y foto periodista, fundador de Prensa Comunitaria y miembro del equipo de investigación Green Blood y Colibrí Zurdo. Columnista en desInformémonos México #Periodismo #PrensaComunitaria #Investigación

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