Créditos: dominio
Ilustración: Granma

Por Kajkoj Máximo Ba Tiul

22 de febrero 2019

Guatemala, sigue siendo el territorio ambicionado por Estados Unidos para desarrollar toda una estrategia para obstaculizar los cambios políticos, económicos y sociales que requiere el continente. Si durante la guerra fría, su objetivo era limitar el desarrollo del socialismo y comunismo en el continente, por eso, fue la contrarrevolución contra Árbenz, la construcción bases militares en Honduras, el Plan Cóndor, el golpe de Estado contra Allende, el genocidio guatemalteco (Ydígoras Fuentes, Arana Osorio, Lucas García, Ríos Montt, Mejía Víctores), controlar la propuesta de integración centroamericana, como el MERCOMUN, promover programas de manejo forestal y agroecológico, programas arqueológicos o trayendo el modelo reservas forestales (Sierra de las Minas, Laguna de Lachuá, Laguna del Tigre, Cerro San Gil, etc).

En su momento impulsaron el FYDEP, la Franja Transversal del Norte y otros, con el que enriquecieron a militares y empresarios, que luego se aliaron al crimen organizado. Desde hace muchos años, crearon sus propias ONG y fundaciones, los programas de reconciliación y reconstrucción nacional, incluso algunas ONG de derechos humanos, están siendo financiadas con fondos del gobierno y del departamento de Estado de Estados Unidos, para controlar y dominar a las comunidades, con su modelo de “empoderamiento”, ahora “emprendimiento”, para limitar el espíritu rebelde y revolucionario de los pueblos.

Por eso el control ha sido no solo por medio de bases militares, Comando Sur, sino también con supuestos programas sociales e incluso financiando a organizaciones sociales opuestas a la corrupción y a la impunidad. Este control entonces ha sido psicológico, social y político. Tratando de inculcar en el guatemalteco, el principio de que el comunismo y el socialismo quieren adueñarse de nuestro territorio y así como antes el peligro era Cuba, ahora es Venezuela y Bolivia. Precisamente por eso, han estado financiando a un supuesto grupo denominado “empresarios mayas” o la famosa “Cámara empresarial maya” y otros consorcios que antes se oponían al modelo de desarrollo capitalista y ahora motivando a las comunidades para que no obstaculicen la construcción de hidroeléctricas y la instalación de mineras, como sucede en San Mateo Ixtatán, Monte Olivo, Xalalá, Sierras de las Minas, etc.

Este miedo que genera en nuestro espíritu el interés gringo, se desarrolla intensamente en los medios de comunicación, sobre todo ahora, cuando empresarios corruptos, aprovechando la crisis actual, se presentan como lobos vestidos de ovejas, haciéndonos creer que ellos son los ostentadores de la verdadera democracia. Me refiero al papel que ahora está jugando uno de los empresarios más millonarios de Guatemala, Dionisio Gutiérrez, que aprovechando bien el escenario actual, primero convoca a crear un frente contra la corrupción y la impunidad, posteriormente intenta reunir a líderes de todos los colores en el Salvador y ahora con su programa “Razón de Estado”, que es un reciclado de su antiguo programa “Libre Encuentro”. Gutiérrez, miembro y dueño de la Fundación Libertad y Desarrollo, con su instituto de gobierno, que tiene como profesores a la mayoría de dizque analistas de Guatevisión y de otros medios de comunicación, intenta crear en la mente del guatemalteco que tiene acceso a televisión por cable, de que el problema es Venezuela, Bolivia, Cuba y del socialismo siglo XXI y no del capitalismo.

Como dicen muchos intelectuales y pensadores en el mundo (Borón, Zibechi, Petras, Amin y otros), así como movimientos sociales, que el futuro de América se está librando en Venezuela o América del Sur. El problema que existe entre el Norte y el Sur, es por sus recursos. Como en su momento lo decían los movimiento indígenas “nuestra riqueza es la causa de nuestra pobreza” y no como nos lo hacen creer intelectuales del imperio o por lo menos “soba levas” del imperio, como Gutiérrez, Vargas Llosa, Montaner, sí como expresidentes de derecha y de extrema derecha y ahora el “cartel de Lima”, que nos dicen que la “pobreza es por el subdesarrollo político” de nuestros país. Cuando se ha comprobado que la pobreza y la miseria en la que nos encontramos es por la desigualdad y la acumulación en unos pocos, que promueve el modelo neoliberal. Además, del despojo de las tierras y territorios de los pueblos, desarrollo con el apadrinamiento de la corrupción y la impunidad. Solo basta analizar en qué condiciones le concedieron a multi inversiones, licencia para instalar cuatro hidroeléctricas sobre el Río Cahabón, en Alta Verapaz.

Ahora que estamos transitando en medio de un escenario electoral, en donde la gran mayoría de candidatos (izquierda o derecha) son acusados no solo de financiamiento ilícito, sino de corrupción y otros delitos, producto de la falta de valores y principios políticos más coherentes, no caigamos en la tentación de creer lo que nos dicen los dizque intelectuales que deambula en cantidad por todos los medios de comunicación, diciendo lo que no es cierto sobre la “justicia social” o sobre el socialismo, marxismo y comunismo. Lo que debemos de reflexionar, de que estos que ahora nos están mal “educando” con sus análisis, son parte de este sistema corrupto y rapaz. No debemos de repetir y reproducir sus análisis sin profundizar y sin conocer profundamente nuestra historia, sobre todo la historia de colonización en la que hemos estado hasta hoy.

Debemos reparar sobre lo que dice Marcos Roitman Rosenmann, en su libro: Pensar América Latina; “La realidad latinoamericana está maldita porque formó parte del capitalismo colonial. Nostalgia de no ser países imperialistas. Negamos la historia de los pueblos y comunidades indígenas y los devolvemos a la vida para corroborar las tesis racistas que recalcan su incapacidad para apoyar las fuerzas del progreso. En el mejor de los casos, los presentamos como subculturas o imperios que explotaban y sojuzgaban a sus iguales. Pueblos guerreros y despóticos. Con este mito, la sociedad blanca mestiza ladina colonial y los estados-nación del siglo XIX realizan su proyecto de dominación y explotación. Su legitimidad deviene de imponer un orden fundado en la civilización occidental cuyos valores son las libertades individuales y el progreso científico-técnico. Así, explicamos el capitalismo colonial como un mal menor que fue capaz de poner la primera piedad para la construcción de un edificio donde asentar los valores de la civilización católica, apostólica y romana. De esa manera, se deja intacto el proceso de destrucción y expoliación al que fueron sometidos los pueblos indios por el poder regio y el posterior orden republicano” (2008:15).

Por último, así como nuestros abuelos sufrieron el dominio del poder colonial español, que les impuso un modelo de gobierno y los despojó de sus tierras y territorios, nosotros al ser condescendientes del modelo actual y al asumir una postura pasiva sobre lo que está pasando en el mundo, estaremos aceptando la actitud depredadora del imperio norteamericano, que al final no le interesa Maduro, Ortega, Morales, Lula, como en su momento tampoco le interesaba Gadafi, Hussein, Arafat. Así como tampoco le importa si es Otto Pérez Molina, Jimmy Morales o quien gane las elecciones en nuestro país este año. Lo que le interesa a Estados Unidos es que donde haya recursos naturales, sean controlados por ellos y sus empresas.

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