Créditos: migras
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Foto: David Toro

Por David Toro

21 de enero 2019

El parque del municipio de Ayutla se ha convertido en el punto de reunión de los migrantes centroamericanos que buscan cruzar a México en la frontera de Tecún Umán. Este lugar combina el llanto de niños agotados por el sol, hambrientos, y pequeños que juegan con el agua de la fuente en el centro del parque sin entender  lo que está sucediendo en esta travesía de la que son parte.

Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Migración de México (INAMI), hasta la noche del viernes, indican que son 415 niños centroamericanos los que han llegado a la frontera para realizar el trámite legal para obtener la tarjeta humanitaria que les dará un año de libre estadía en México.

Aunque esta caravana es distinta a la primera, sobre todo por la reacción del Estado mexicano ante la llegada de las personas que huyen de sus países, la emergencia de atender a los menores de edad sigue siendo la misma. El jueves por la noche en la concha acústica del parque de Ayutla, pudimos identificar a dos niños menores de 14 años que viajan solos desde San Pedro Sula. Uno de ellos se negaba a acercarse a las autoridades migratorias por miedo a que lo deportaran, el otro había sido “adoptado” en el camino por una familia que le ha ayudado a no quedarse sin comida y agua durante el trayecto. No se descarta que hayan muchos más niños que viajan sin acompañante en esta caravana.

Foto: David Toro

Los sacrificios de  una pareja de padres para llegar hasta Estados Unidos

La noche del miércoles conocimos a una pareja de hondureños con dos hijos. Llegaron a la Ciudad de Guatemala a las 5:30 pm para quedarse en la Casa del Migrante. La señora, aún molesta y preocupada, comentó que en la frontera Honduras-Guatemala en Esquipulas, autoridades de Guatemala —no supo explicar qué entidad— intentaron quitarle a sus dos pequeños de 1 y 4 años, por no tener los documentos.

Foto: David Toro

Su pequeña hija de 1 año sonreía a nuestra cámara todo el tiempo. Todo el trayecto ha viajado sobre el pecho de su madre, mientras que el niño viaja tomado de la mano de su papá o en su carruaje azul. Desde la madrugada del viernes lograron llegar en bus a Tecún Umán, porque una persona les obsequió dinero para el pasaje. Sus niños no entienden por qué ya no están en casa. El pequeño de 4 aún no ha asistido a una escuela y se enferma con frecuencia. La llegada a la frontera mexicana tranquiliza un poco a los padres, pues esperan que aquí los puedan atender médicamente si algo llegara a pasar con sus pequeños.

En el puente de la frontera de Tecún Umán, el instinto paterno sale a relucir en plena crisis migratoria. Al padre de los dos niños que mencionamos le regalaron un Gatorade, y lo primero que hizo fue llenar la pacha de su hijo de 4 años para mantenerlo hidratado. Los padres intentan recolectar comida para sus hijos, algunos niños hacen amigos y juegan con tranquilidad, mientras su futuro en este momento está en las manos del Estado mexicano, que se ha comprometido a ayudarlos, integrándolos a las dinámicas sociales de este país, por lo menos durante un año.

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

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