Se debe cambiar la forma de atención a partos, volverlos más humanos

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Créditos: comadronas1
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Patricia Cortés

05/01/2019

Hace años que colaboro con una escuela de parteras. En Guatemala existía, una hermosa escuela de comadronas y parteras, fue eliminada cuando se estableció la primera cohorte de especialistas en ginecoobstetricia en Guatemala, esta otra es pequeña, aun así importante. Las mujeres hemos reclamado el parto humanizado, ese que no tiene partogramas que cumplir a la hora exacta, que dice que se hace lo que la madre quiere: si quiere caminar que camine, si quiere sentarse, si quiere comer o beber, si no quiere hacer nada.

El parto ideal es en un ambiente “familiar”, nada de salas esterilizadas con gente enmascarada. Cada vez más salas de partos tienen habitaciones familiares, donde los demás hijos pueden asistir al milagro de la vida. Aunque el útero es un ambiente estéril, la vagina y la vulva no lo son, y no es poco frecuente el número de mujeres que defeca mientras pare (antes les ponían un enema para evitar eso)… Pero bueno, no se requiere en realidad un ambiente estéril más que para cortar el cordón. Cada vez más mujeres buscan un parto menos medicalizado, aunque el grueso de la población los prefiere hospitalarios y llenos de “epidurales” y salas estériles, porque eso les han dicho que debe ser el parto.

Hace algunos años que los médicos están en “guerra” contra las comadronas y las doulas, porque los partos medicalizados les dan (a los médicos), la sensación de que controlan el proceso: si la señora se “atrasa” la pueden “ayudar” con oxitócicos; si el niño no pasa, le pueden “apoyar” con una episiotomía. Afortunadamente, el uso de forceps y el resto de equipo medieval, se ha evitado, pero aún queda la mesa y la posición de litotomía, que no se apoya en la gravedad, y con las nalgas más altas que la cabeza es difícil hacer fuerzas. En el parto humanizado la mujer decide la posición que quiere asumir: de rodillas, de pie, inclinada, apoyada, sentada; nadie la obliga a poner las piernas en estribos, sólo su intuición y la vida que trae.
El parto hospitalario es frío, aséptico. Unido a eso, las palabras nada agradables que se dicen en las salas de parto, la “tocadera” de la genitalia (a veces más de tres veces por hora) y tantos etcéteras.

Pero esa es la atención estándar: una sala con muchas mujeres (más en estos hospitales sobre su capacidad) con luces intensas y gente enmascarada, sin alegría, sin cantos, sin música, con precisión quirúrgica.

Creí que el video era más “escabroso”… Lo único que me disgusta es la cantidad de gente en una sala tan pequeña, el resto no es sino la atención usual en las condiciones que permite un hospital de ese tipo, nada más.
¿Que se actuó mal? Sí, pero no por el tipo de atención. Se ve incluso a una persona que se acerca demasiado amorosa a la cabeza de la madre que apenas puede terminar de pujar y le susurra algo (si señores, así se ve la cara de una mujer pariendo, es doloroso). Lo que es antiético es publicar el video, hacerlo viral, mostrar al mundo lo que somos capaces los médicos de hacer cuando estamos alegres (sí, ya sé que es escandaloso, pero ¿acaso no hace unos meses alegaban porque algunos médicos consideramos que se puede despenalizar el aborto y ahora les molesta la felicidad y la celebración de la vida?).

Publicarlo es mostrar la intimidad del acto médico, que no es agradable y que ha sido bastante violento en el último siglo y lo es aún más en condiciones adversas, con hospitales llenos y personal poco motivado.
Tal vez es ya el momento de pedir cambios en la forma de atención de partos, pero esto requiere que entendamos que este video no es la excepción: es la regla. El verdadero problema es mayor a un grupo de alegres médicos y enfermeras: es el contexto en el que un video se publica, porque ya no tenemos límites en cuanto a qué partes de nuestras vidas pueden ser públicas y porque la violencia obstétrica ya ha sido normalizada por la mayoría.

Tal vez sí es el momento de pedir partos humanizados, pero para todas, siempre que la naturaleza lo permita.

Autoría y edición

Médica salubrista, investigadora y escritora.

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